Estimado Radioyente:
Este viernes la Iglesia Católica conmemora el Viernes Santo, o viernes de la Crucifixión. Día en que Nuestro Señor siendo Dios se dejó clavar en una Cruz, para comprar con el precio de su sangre divina, nuestra propia salvación.
Día tan augusto, que hace algunos años las radios e incluso las TVs daban un programa dedicado exclusivamente a la meditación de los altos misterios que rodean la generosidad de un Dios y la bajeza del pecador que es capaz de crucificarlo.
Se irradiaba sólo música religiosa y en las TVs se pasaban películas dedicadas también a esos mismos temas.
Le proponemos entonces la meditación de una de las estaciones del Vía Crucis, compuesta por el Profesor Plinio Correa de Oliveira el 18 de Abril de 1943, hace exactamente 71 años atrás.
Quizás pocos de los que están oyendo este comentario hubiesen nacido en esa época. Sin embargo, como Ud. verá, la meditación podría haber sido hecha ayer.
***
IV Estación: MARÍA SANTÍSIMA VIENE AL ENCUENTRO DE JESÚS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.
CARGAR LA CRUZ significa, muchas y muchas veces, renunciar. Renunciar antes que nada a lo ilícito, a lo pecaminoso. Pero renunciar también, y muchas veces, a lo que siendo lícito y hasta admirable en sí, se torna malo o menos perfecto en consecuencia de determinadas circunstancias.
En el camino de vuestra Pasión, Señor, disteis un ejemplo terrible, un luminoso y admirable ejemplo de renuncia a lo que es lícito. ¿Qué hay de más lícito, Señor, que las caricias, que el desvelo de vuestra Madre Santísima? Todo cuanto de Ella sabemos es que, por más que sepamos algo, jamás sabremos todo, tal es el océano inconmensurable de perfecciones y de gracias que contiene. Vuestra Madre, Señor, está en vuestro camino. Ella quiere consolaros. Ella quiere consolarse con Vos. Vedla. Cómo es legítimo que os detengáis a lo largo de la vía dolorosa, consolándoos y consolándola. Sin embargo, el momento de la separación después de este rápido coloquio llegó.
¡Oh dilaceración!, es preciso que os separéis el uno del otro. Ni Ella ni Vos, Señor, contemporizáis. El sacrificio sigue su curso. Y Ella queda a la vera del camino… Es mejor no decir cómo, viendo que os distanciáis lentamente vertiendo sangre, con paso incierto y vacilante, en demanda del último y supremo sacrificio. María tiene pena de Vos. Ella os sigue con la mirada, viéndoos solo, en manos de verdugos y de enemigos. ¿Quién os ha de consolar?
¡Oh! voluntad irresistible, arrebatadora, inmensa, de seguir vuestros pasos, de deciros palabras de dulzura que sólo Ella sabe deciros, de amparar vuestro Cuerpo divino, de interponerse entre los verdugos y Vos, y, postrada como quien implora una limosna inestimable, suplicar para Sí un poco de los golpes que os dan, con tal que con esto os hieran un poco menos, no os golpeen tanto la carne inocente. ¡Oh Corazón de Madre, cuánto sufristeis en este lance!
Madres de sacerdotes, madres de misioneros, madres de religiosas, cuando sintáis el pesar de tanta separación cruel, pensad en María Santísima que dejó a su Divino Hijo seguir solo, el camino que le trazara la voluntad de Dios. Y pedid que Ella consuele vuestro dichoso dolor.
Pero hay, mil y mil veces infelices, otras madres abandonadas. Madres de impíos, madres de libertinos, madres de pecadores, también vosotras a veces quedáis solas en el camino del dolor, mientras vuestros hijos corren por las vías de la perdición.
Pedid a Nuestra Señora que os consuele, que os dé aliento y perseverancia, y que ofrezca parte del dolor que en este paso sufrió, para que vuestros hijos puedan volver algún día a vosotras. Pensad en Santa María, y jamás desesperaréis. Para vuestros hijos desviados Nuestra Señora será la Estrella del Mar, que tarde o temprano los reconduzca al puerto.
Padre Nuestro (rezado entero recordar “perdona nuestra ofensas así como perdonamos a nuestros ofensores”). Ave María.( ídem) Gloria.(ídem)
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.