La crisis demográfica en Chile y en América Latina: Urgente llamado a la reacción

Estimados radioyentes,

El pasado 11 de julio, en el marco del Día Mundial de la Población, la Red de Institutos Universitarios Latinoamericanos de Familia (REDIFAM) publicó la investigación titulada: “Chile ante un desafío sin precedentes: envejecimiento poblacional, caída de nacimientos y aumento de divorcios”. La publicación estuvo a cargo del Centro de la Familia de la Universidad Católica.

En ella se exponen datos alarmantes sobre el acelerado envejecimiento de la población en Chile, que hoy presenta la natalidad más baja de América Latina.

Según el informe presentado la región pasó de ser una sociedad joven a una adulta joven en 2021 y se proyecta que para 2050 se convertirá en una sociedad envejecida.

Chile y Argentina son los dos países donde se registran hoy las tasas de natalidad más bajas de América Latina, con menos de 10 nacimientos por cada mil habitantes, lejos del promedio regional de 14,5.

Esta alarmante disminución de nacimientos no es un mero dato estadístico: revela un drama profundo que afecta el corazón de nuestras sociedades. Desde la doctrina católica tradicional, este fenómeno debe ser interpretado no solo como una crisis demográfica, sino como una manifestación visible del debilitamiento del espíritu familiar, del desprecio por la vida naciente y de la pérdida del sentido cristiano del matrimonio y la procreación.

Al respecto recordamos la opinión por Philip Jenkins, profesor de Historia y codirector del Programa de Estudios Históricos de la Religión en la Universidad de Baylor, de los Estados Unidos, a las cuales consagramos un comentario en el mes de marzo pasado.

De acuerdo con el referido Profesor Jenkins, “Existe una relación constatada entre el hundimiento demográfico y el hundimiento de la religiosidad, especialmente llamativo en los países cristianos, y más en particular aún en las naciones católicas,”

El profesor Philip Jenkins, escribió una exhaustiva investigación sobre el tema, Fertility and Faith [Fertilidad y fe] donde establece una dramática correspondencia entre “cunas vacías e iglesias vacías”: La tesis del Profesor Jenkins es que el descenso de la natalidad y la secularización van siempre de la mano.

“Existe una estrecha relación entre los índices de natalidad de una comunidad y el grado de fervor religioso. Las sociedades con una natalidad elevada, como la mayor parte del África contemporánea, son sociedades fervientes, devotas y religiosamente entusiastas. Viceversa, menor es el índice de natalidad, menor es la dimensión de la familia; y mayor es la tendencia a separarse de la religión. Europa es el ejemplo más claro al respecto, puesto que su descenso de la natalidad está relacionado con una rápida secularización”.

Hasta aquí su opinión

Ella se ve certificada por la reciente información de que menos del 55% de los chilenos se reconoce católico, de acuerdo con la agencia Zenit/InfoCatólica. “Los resultados del censo nacional realizado en Chile en 2024 han revelado un cambio profundo en el panorama religioso del país: menos del 55 % de los ciudadanos mayores de 15 años se identifican como católicos. En apenas veinte años, esta cifra ha descendido 16 puntos porcentuales, lo que representa un giro significativo en un país que tradicionalmente se había considerado de mayoría católica.”

La doctrina católica enseña que la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es el santuario de la vida. Por ello, la relación entre natalidad y mortalidad cercana al equilibrio no es un éxito, sino una señal de alarma: nuestras sociedades están dejando de transmitir la vida porque han perdido la Fe.

En un mundo que relativiza el valor de la maternidad, que desprecia la paternidad responsable y que banaliza el matrimonio mediante el divorcio fácil y las uniones irregulares, no puede sorprender que la estructura poblacional se deteriore.

El mismo informe poblacional da a conocer que Chile lidera la tasa de divorcio de la región con 59 divorcios cada 100 matrimonios.

Los cambios en la familia también son reveladores. El crecimiento de hogares unipersonales y la reducción del tamaño familiar —con promedios que llegan a 2,9 personas por hogar en Argentina— reflejan una cultura del aislamiento, del hedonismo y del rechazo al sacrificio.

La información arroja otro dato importante, el número de los hijos no disminuye por motivos económicos, al contrario, “mientras en los quintiles más pobres hay más miembros por hogar, en los sectores de mayores ingresos la familia se reduce, a menudo voluntariamente, a una estructura mínima e inestable.”

Frente a esta crisis, las políticas demográficas no deben limitarse a medidas técnicas o económicas gestionadas por la sociedad civil.

Es urgente también que el mundo católico, en especial las familias, asuman una verdadera cruzada de restauración moral y espiritual: es necesario volver a valorar la vocación al matrimonio como camino de santidad, el don de los hijos como bendición y la maternidad y paternidad como misiones nobles.

La solución a la crisis demográfica no vendrá solo de reformas legislativas, sino principalmente de un retorno al orden natural y cristiano en nuestras costumbres.

Otro dato preocupante es que, entre las familias que sí tienen hijos, casi la mitad de ellas se limita a uno solo. Las familias numerosas —aquellas con tres o más hijos— representan apenas el 12,6 % del total. El caso de Chile, como vimos, está en el mismo nivel de los países europeos con menos nacimientos.

La combinación de envejecimiento poblacional, escasez de nacimientos y la reducción de la población activa amenaza con poner en jaque los sistemas de pensiones y salud, además de comprometer el crecimiento económico futuro. Los esfuerzos por aplicar políticas de fomento de la natalidad han sido limitados, y las causas subyacentes de esa crisis poblacional van más allá de lo económico.

La pérdida de la virtud de la fidelidad y la perseverancia, así como la fragmentación de la estructura familiar y un modelo educativo que desincentiva el compromiso a largo plazo, son factores que contribuyen al creciente vacío de virtudes en las nuevas generaciones.

Es propiamente lo que se llama un círculo vicioso. La falta de Fe socava las bases de la familia, y la familia sin raíces aumenta la crisis de Fe.

Por ello, la única solución es salir de este círculo vicioso pidiendo la ayuda sobrenatural, en especial a la Madre de Dios, que, con SU FIAT a la anunciación del ángel San Gabriel abrió las puertas de la venida del Hijo de Dios y, de ese modo, la salvación para el género humano.

Que Ella restaure la lozanía de la Fe y la alegría de las familias, es lo que deseamos para todos nuestros auditores.

 

 

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