La Novena de la Fiesta de la Virgen del Carmen

Estimado radioyente:

Esta semana comenzamos la novena de la Fiesta de Nuestra Señora del Carmen, que se celebrará el próximo día 16 de este mes.

La palabra novena viene precisamente de indicar los nueve días anteriores a la Fiesta, y ella nos sirve para colocar nuestras almas, nuestras familias y nuestras necesidades más apremiantes,  a los pies de esta Augusta Madre.

Para medir bien lo que significa esta Fiesta para los chilenos, imagínese nuestro oyente que es hijo de la madre más rica del país, que además es la madre más misericordia y que está deseando atender todas las necesidades de sus hijos, en especial la de aquellos más necesitados de sus auxilios.

¿Dudaría Ud. un minuto siquiera para escribirle todas sus necesidades?

Obviamente que no. Quizá ni perdería tiempo en escribirlas, ya las iría formulando a medida que se vaya acordando de sus carencias de todo tipo. ¿Quién puede decir que no es carente? ¿Quién podrá creer que lo posee todo y que no necesita de la intercesión de nadie?

Quien así pensara ya estaría dando muestra de una profunda carencia, la de estar ciego a las evidencias de los sufrimientos de este “valle de lágrimas”, o la de estar sordo a las solicitudes maternales de la Virgen.

Puede ser que algún auditor nos objete que él se entiende directamente con Dios.

A este objetante le respondemos que es verdad de que es Dios Nuestro Señor nuestro principal intercesor. Sin embargo,  Él quiso disponer de su Santísima Madre para hacerla Tesorera de todas sus gracias y favores infinitos. Por eso la liturgia católica la llama “Omnipotencia suplicante”. Es decir, a la Madre de Dios le basta formular un pedido a su Hijo para que Él se lo otorgue de inmediato. De ahí que Ella se “omi potente”, es decir, todo lo puede a través de su súplica al Divino Hijo.

Es loque nos muestran las Sagradas Escrituras al narrar el primer milagro que hizo Nuestro Señor en su vida pública. La transformación del agua en precioso vino atendiendo a los ruegos de su Madre.

Quizá, una de las cosas más tristes de las consecuencias del terremoto en Venezuela sea el hecho de que más de medio millar de niños han perdido a sus madres y erran por los escombros de lo que un día fue su hogar.

¿Cuántos son los huérfanos voluntarios en Chile y en el mundo entero que se cierran a la idea de tener una madre que desde el cielo nos protege?

Peor todavía, como decía el gran santo Mariano, Luis Grignion de Montfort, “quien no tiene a María por madre, no tiene a Dios por Padre”, son por lo tanto huérfanos de Padre y Madre.

No era así cuando la imagen del Carmen fue coronada hace cien años atrás.

Si volvemos nuestras vistas a lo que fue esa coronación veremos que ella fue uno de los acontecimientos religiosos más importantes de la historia de Chile durante el siglo XX. No fue simplemente una ceremonia litúrgica, sino una gran manifestación nacional de fe que reafirmó el vínculo histórico entre Chile y su Patrona.

Se congregaron decenas de miles de personas provenientes de todo el país. Las crónicas de la época describen una de las mayores concentraciones religiosas vistas hasta entonces en Chile.

Muchos peregrinos viajaron durante días en tren, carreta o a caballo para participar en la celebración.

Aunque Chile ya vivía bajo la separación entre la Iglesia y el Estado a ella, asistieron altas autoridades civiles y militares, lo que reflejaba la profunda identificación nacional con la Virgen del Carmen.

Durante la ceremonia de Coronación, realizada por el representante personal del Papa Pio XI, el Cardenal Benedetto Aloisi Masella, entonces Nuncio Apostólico en Chile, se renovó la consagración de la nación a la Virgen del Carmen, recordando el voto realizado por Bernardo O’Higgins durante la Independencia y su proclamación como Patrona de Chile.

Posteriormente la imagen fue llevada en solemne procesión por las calles de Santiago entre manifestaciones de fervor popular, con altares, flores, bandas militares y repiques de campanas.

La corona que lució la imagen del Carmen en ese acto fue confeccionada gracias a numerosas donaciones de fieles. Muchas personas entregaron joyas familiares, alianzas matrimoniales y objetos de valor para su elaboración, como expresión de gratitud y devoción.

Entre los muchos actos de piedad multitudinaria, se vieron confesiones masivas; comuniones generales; novenas preparatorias; peregrinaciones hasta el Santuario de la Virgen; actos de reparación y consagración de las familias.

En pocas palabras, la coronación de la imagen de la Virgen del Carmen fue un gran acontecimiento de renovación religiosa para el país.

Recordamos estos hechos, no por una mera nostalgia. Es por la certeza de que nuestros antepasados hicieron todo eso porque fueron hombres y mujeres de Fe. Lo que nos corresponde a nosotros, sus continuadores, es ser también hijos devotos de tan buena Madre.

Una muy buena noticia para terminar este comentario:

La Santa Sede concedió indulgencia plenaria por ocasión del Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen, Reina y Patrona de Chile en este año de 2026. Ella consiste en la remisión total de la pena temporal debida por los pecados ya perdonados en la confesión. Ella borra completamente la pena temporal que permanece después del perdón sacramental.

Una ocasión para no desperdiciar. Se la deseamos a Ud. y a todas aquellas familias que  nos acompañan en estos comentarios a través de esta su emisora. Y recuerde que nos puede seguir a través de nuestra página web Crecochile.cl

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