¡Viva la improductividad de los “pueblos originales”!

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Quienes tienen un poco más de 50 años, o conocen un poco de la historia nacional contemporánea, recordarán los argumentos que fueron esgrimidos por la DC y por toda la izquierda de esa época, en favor de la Reforma Agraria.

Ellos eran básicamente los siguientes: La tierra estaba en manos de pocos latifundistas, que no la trabajaban bien y que, todavía peor, la habían heredado de sus ancestros. Mientras una gran mayoría del País sufría de falta de alimentos como consecuencia de esa situación.

Solución simple, expropiarla para pasarla a otras manos que la hicieran más productiva y sirviera para alimentar a todos los chilenos. El eslogan era “la tierra para quien la trabaja”.

No vamos a hacer un recuento de las consecuencias desastrosas que ese proceso produjo. Sólo lo recordamos para ver cuánto cambiaron las motivaciones de la izquierda.

Esta semana, con la detención del “eco terrorista”, se ventilaron las motivaciones que mueven a los nietos o bisnietos ideológicos de los Chonchol y de los Morenos de los 60’.

¿Qué motivó a Camilo Gajardo Escalona, hombre de 28 años que este jueves fue detenido por Carabineros en su domicilio en Puente Alto y quien, de acuerdo a la indagatoria de dos años de la Fiscalía, sería el responsable de al menos seis atentados violentos?

Precisamente lo contrario de lo que sostenían los agro reformistas de los 60’. La tierra no debe ser explotada de modo productivo, ella debe quedar en manos de los pueblos ancestrales (mapuches) y mientras más grandes sean los latifundios en esas condiciones, mejor será para el futuro de la humanidad.

Y no se piense que son sólo los “eco terroristas” quienes piensan así.

Esta semana se dieron a conocer los resultados de la llamada Ley Lafkenche, promulgada en 2008. La norma creó los Espacios Costeros Marinos de los Pueblos Originarios (ECMPOs). A más de diez años de dicha publicación, diversos actores del borde costero continúan manifestando su preocupación por los alcances de este cuerpo legal. Sólo los pueblos originarios pueden solicitar al Estado el reconocimiento de dichos espacios en base al uso consuetudinario que ellos han ejercido allí ancestralmente, los que pueden incluir manifestaciones religiosas, recreativas y medicinales, así como actividades pesqueras.

En palabras más simples, fin de las concesiones acuícolas o Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (Amerbs) ya otorgadas.

Es decir el Parlamento nacional se sumó a la misma mentalidad favorable a la existencia de enormes latifundios improductivos en manos de los nuevos “privilegiados”. Los descendientes de mapuches, o que se afirman como tales, pues en el caso concreto de la zona costera no existían esos pueblos.

La misma situación se repite al interior de importantes sectores del llamado “progresismo católico”. Nadie ignora que fueron ellos, con el Cardenal Silva Henríquez a la cabeza, quienes organizaron, promovieron y “santificaron” la Reforma Agraria. Su motivación era la misma que los sectores DC y de la izquierda en general. La injusticia en que pocos tuvieran mucha tierra y muchos no tuvieran nada, y que esos pocos no la trabajasen en favor de todos.

Sus continuadores, adecuándose a los nuevos dictámenes de la izquierda mundial, proponen como ideal de organización social y económica a las tribus indígenas amazónicas, que poseen enorme cantidad de tierras, con una superficie de 5,5 millones de kilómetros cuadrados. De acuerdo a información oficial, Brasil destinó grandes áreas de bosque —alrededor del 12.5 por ciento del área total de Brasil y del 26.4 por ciento de la cuenca del Amazonas—para una población indígena, que está conformada por alrededor de 450,000 personas.

Si Ud. divide la cantidad de personas por el número de hectáreas, podrá calcular el tamaño de los latifundios improductivos.

Esas regalías concedidas por los gobiernos de izquierda del Brasil, anteriores al de Bolsonaro, pusieron una sola condición a los beneficiados. Ellos no pueden trabajar la tierra ni comerciar los productos que produzcan. Deben mantenerse pobres, viviendo de la caza y de la pesca.

La nueva corriente progresista de la Iglesia presentó el Instrumentum laboris del nuevo Sínodo de la Amazonía que tendrá lugar en Roma el próximo mes de Octubre, donde se “canoniza” la miseria en que viven esos pobres indígenas y se condena a los agricultores que quieren producir en esas tierras.

Por último, el Gobierno de Chile prepara la próxima COP25, (Conferencia de las Partes (COP) es el órgano de decisión supremo de la respuesta internacional al cambio climático) que tendrá lugar en los primeros días de diciembre. Para el evento, ya se dieron cita los grupos alternativos, ecuménicos, católicos, etc. para exigir el cuidado de la “Pachamama” y condena de las acciones productivas y lucrativas. Y por lo tanto para promover el decrecimiento general de la productividad y de la población nacional y mundial.

Como el lector podrá comprobar, el “eco terrorista” que puso las bombas, no está sólo en su causa en pro de la pobreza como un ideal para todos. Él representa la punta de un iceberg enorme que se mueve sigilosamente para hundir al “Titanic” de la civilización y del progreso.

En una palabra, la tierra es para quien no la trabaja: ¡Viva la improductividad de los “pueblos originales”!

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