Una victoria electoral que promete nuevas batallas

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Confieso que escribo estas líneas con una sensación de profundo alivio. Más del 9% de diferencia entre el candidato electo y su contendor, justifican tal sensación. Debemos ser varios millones de chilenos que, al concluir el domingo 17 de diciembre, nos fuimos a dormir más tranquilos a como despertamos.

Las razones del alivio son por demás evidentes para tener que enumerarlas. Sin embargo, no está demás poder sintetizarlas en una idea. Chile viene siendo conducido, por los sucesivos gobiernos de la Concertación y Nueva Mayoría, por un laberinto de iniciativas socializantes cada vez más radicales. Un triunfo de Guillier en estas elecciones habría significado el “golpe de gracia” para lo que queda de libre iniciativa, de derechos de la familia natural, de respeto al derecho de propiedad privada; en una palabra, a lo que aún queda de auténticamente cristiano en nuestra sociedad.

Pareciera que muchos millones de chilenos lo sintieron así. El hecho de que Piñera haya pasado de un 36% en la primera vuelta al 54% en la segunda, indica claramente que hubo una movilización de quienes antes no se habían querido preocupar con la perspectiva de una “venezolanización” de Chile.  Habrá tiempo para los análisis más detallados de esta importante movilización de votantes a favor del ex Presidente nuevamente victorioso. En especial, para saber si ellos vinieron de los antiguos electores de la DC, que pasaron a engrosar los resultados de la Alianza, o si, ellos provinieron de nuevos votantes, que en primera vuelta prefirieron no concurrir a las urnas.

En todo caso, hay una lección para sacar de esta segunda vuelta. Cuando los despreocupados se comienzan a preocupar, las situaciones preocupantes retroceden un poco en su capacidad destructiva, lo que es muy bueno. Pero cuando disminuye la “preocupabilidad” del peligro, entonces los acomodaticios vuelven a despreocuparse.

Es como si un organismo tuviera la particularidad de crear anticuerpos sólo en las situaciones más extremas y, apenas pasado el peligro, tendiera nuevamente a generar el mismo cuadro que lo llevó a esa situación.

Ese es el riesgo de esta victoria electoral. Debemos celebrar, sin pensar que ella nos autoriza a volver a la despreocupación previa. Al contrario, si estuvimos a un paso de recibir el “golpe de gracia”, es porque las instituciones, que garantizan el estado cristiano de nuestra sociedad, están débiles y continúan así, a pesar del resultado electoral.

De ahí que, lejos de “despreocuparnos”, debemos aprovechar estas circunstancias para encontrar los medios propicios a fortalecerlas. Por ejemplo, desde ya ir pensando en cómo revertir la ley de aborto recién aprobada.

Los representantes parlamentarios del Frente Amplio, por su parte, ya anunciaron una oposición de “perro cancerberos” contra el próximo Gobierno. El panorama nacional no será el de entendimientos para el bien del País, sino el de obstaculización permanente a la “derecha”.

La tentación de despreocupación puede comenzar por pensar que, cediendo a los “perros cancerberos”,  se podrá llegar a acuerdos con estos mastines.

En resumen: estas elecciones constituyen una batalla ganada, y bien ganada; que justifica un alivio, pero nunca una despreocupación. Ella nos debe encontrar preparados para trabar otras batallas, en pro de un Chile verdaderamente cristiano.

 

Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

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