Una Patria sin identidad

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A nuestro entender, ella no fue una “tríada maldita”, sino verdaderamente “bendita”, pues son esos valores sobre los cuales que se debe construir una Nación.

A lo anterior, podríamos añadir que posteriormente se sumó a estos tres elementos: campo, Iglesia y Patria, un cuarto componente: el orgullo por el Ejército y las demás ramas de las Fuerzas Armadas y de Orden.

De ahí nació la tradición que, al celebrar la Patria, se cantara un Tedeum religioso en la Catedral de Santiago y se festejara las “Glorias del Ejército” con  la Parada Militar, a la que concurría el Jefe de Estado “de a caballo”,  acompañado de su Gabinete.

En este 18 de septiembre de 2018 quedó de manifiesto que la “identidad” de esos componentes de la Patria está profundamente carcomido.

Veamos.

Hace ya más de medio siglo que la “vida de Hacienda” fue subvertida por el proceso de Reforma Agraria introducido por Frei Montalva en 1967.

Curiosamente aquellos que la destruyeron lo hicieron en el supuesto de que los campesinos eran unos infelices esclavos de sus patrones. Sin embargo, aún hoy, es precisamente la vida de campo la que hace vibrar lo poco que queda de sentimiento patriótico.  Clara señal de que ellos no eran ni esclavos, ni infelices.

La Iglesia.

En los mismos años que se destruyó la “vida de Hacienda”, comenzó un proceso de “autodemolición” de la Iglesia Católica. Los Pastores decidieron “abrir las ventanas” para dejar entrar el aire “puro” del mundo.

Pasado exactamente medio siglo de que el Papa Paulo VI advirtiera ese proceso, que llamó de “autodemolición” y de  “del humo de satanás” dentro de los muros sacrosantos de la Iglesia, ella hoy parece estar afectada por la crisis moral más grave de su historia dos veces milenaria.

Parece un sarcasmo, sin embargo es el propio “mundo”, al cual ellos quisieron abrirse, que hoy está persiguiendo los escándalos de las conductas de sus Pastores. Y su máximo representante, el Cardenal Ezatti, debió ausentarse de la Catedral en el Tedeum por presión de la autoridad política.

¿Y del Ejército y las Fuerzas Armadas y Orden?

Lo que los chilenos aplaudían en la Parada Militar era precisamente la manifestación de marcialidad, convicción y fuerza que ellas desplegaban al son de los himnos militares que acompañaban el desfile.

Poco a poco, la marcialidad y la fuerza fueron siendo erosionadas por el aumento de los cuadros femeninos y sentimentales, que obviamente no son los propios de la virilidad de un soldado.

Este año, como colmo de pérdida de la “identidad” marcial, lo que se “robó la Parada” fueron unos perritos de carabineros, maternalmente sostenidos por personal femenino.

¿Puede haber algo más contrario a la “identidad militar” que este desfile de perritos sostenidos por mujeres?

Quizá algún lector se escandalice con estas consideraciones afirmando que son “machistas” y no están de acuerdo con los tiempos que vivimos.

Le respondemos que nos somos “machistas” pues valoramos el papel insustituible de la mujer, como esposa y  madre de familia. Pero eso no nos impide de considerar que sus atributos están mucho más vinculados a esa noble misión que a las funciones de guerra.

Sobre los “tiempos que vivimos”.

Si por ellos se entiende que los hombres pueden ser mujeres; las mujeres hombres o en tránsito entre uno y otro; los eclesiásticos pueden abandonar su moral y transformarse en homosexuales o encubridores de tales; los soldados en soldades y así por delante, no sólo no estamos de acuerdo, sino que nos oponemos con todas nuestras fuerzas.

Porque, vivir en un País y en un mundo en que todo vale, en que nada es de acuerdo a la naturaleza con que Dios lo creó, en que se pierden las instituciones matrices de una Nación, entonces ¿vale la pena vivir?

En realidad, sí vale la pena vivir y la principal razón para eso es impedir que ella pierda su razón de ser.

Credo; pasado, presente y futuro de Chile

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