“Un animal tan malo, que se defiende cuando lo atacan”

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Es sabido que una ley de todos los seres vivos es que, cuando son atacados, ellos se defienden, y cuando no lo hacen, se dice que se encuentran en estado de agonía y que ya no reaccionan.

Naturalmente, esta ley también se aplica a los seres humanos. Toda persona injustamente atacada en su seguridad, en su propiedad o en su integridad física tiende instintivamente a defenderse.

Es lo que justifica el principio que reconoce como bueno el empleo de la legítima defensa, cuando ella es proporcionada y tiene como objetivo la defensa propia o de alguna otra persona pacífica.

La sociedad en su conjunto ejerce normalmente este principio de la legítima defensa a través de los organismos policiales, carabineros de Chile y la PDI para, prevenir y reprimir el crimen organizado y llevar a los culpables a los Tribunales de Justicia.

Ahora bien, el problema se plantea cuando los organismos propios para la defensa de la sociedad no consiguen prevenir o reprimir debidamente el crimen organizado, sea porque éste cuente con fuerzas superiores, sea porque la autoridad política no le entrega las herramientas necesarias para cumplir su misión.

¿Qué hacen entonces los potenciales víctimas?

Ésta fue la pregunta que le hizo el Gerente General de un mall afectado por un robo con consecuencia de una muerte, al Subsecretario del Interior Sr. Mahmud Aleuy.

El agente de seguridad, Sr. Francisco Manríquez, resultó muerto, pues se enfrentó desarmado contra los asaltantes, ¿Es justo tener guardias desarmados frente a asaltantes cada vez más violentos y asesinos?

Si los bancos tienen vigilantes armados, al igual que la guardia de transporte de valores, ¿no pueden tenerlo los malls que están siendo blancos de permanentes asaltos? ¿No sería mejor esto a que cada local comercial disponga sólo de escopetas o pistolas para defenderse de un ataque?

La respuesta del Subsecretario del Interior al planeamiento del Gerente del mall  fue, “que se estudiará si los guardias también podrán utilizarlas”.

El problema que sufren los malls, lo están padeciendo desde hace más tiempo y con más víctimas fatales todos los propietarios rurales de la Araucanía, al punto de que un Obispo de la zona, Monseñor Stegmeir declaró que en la zona ya no existe Estado de Derecho.

El último de los atacados en la zona de Ercilla, el agricultor Álvaro Bernedo, así comenta a los medios el asalto que le tocó sufrir: “Abrí la puerta y vi que una de las personas se da vuelta hacia mí. La cerré, me cubrí hacia un lado, y me disparó dos veces. Una de las balas atravesó la puerta. La abrí de nuevo y comencé a disparar. Y ahí comenzó la balacera. Yo disparaba a través del mismo orificio que había dejado la primera bala de ellos en la puerta de mi dormitorio”.

Y a modo de prevenir a sus vecinos, el atacado afirma: “…su objetivo no era ir en contra mía en particular. El objetivo era quemar cualquier casa, para que los vecinos y todos en La Araucanía sigamos sintiendo temor, que todos los agricultores percibamos que a cualquiera de nosotros nos puede ocurrir un ataque como éste”. O sea, es la ley del crimen para toda una región.

Ante este y tantos otros testimonios de las víctimas que consiguieron sobrevivir, la pregunta que se pone es: ¿por qué los agricultores de la zona sur no pueden también tener su propio servicio de seguridad que cuente con los medios necesarios para neutralizar, inhibir y ahuyentar a los atacantes?

Quizá algún DC podría objetar que de este modo lo que estamos proponiendo es una verdadera guerra civil en Chile, entre los promotores de la violencia armada y los defensores de los agricultores.

A este hipotético objetante le respondemos que la guerra civil es producida por quien predica y practica la violencia generalizada, y no por quien obsta a que la misma invasión se trasforme en un hecho consumado e impune en toda la zona sur del País.

©Credo Chile

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