Triunfo de Trump: Luces y sombras.

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De tal modo las consecuencias de las elecciones norteamericanas pueden significar un gran vuelco en la situación de todo el mundo, que dar un “vistazo a la semana” sin referirse al triunfo de Trump, sería completamente sin sentido.

Abordamos entonces la cuestión desde el punto de vista estrictamente a-político y de los intereses de la civilización cristiana, que son las perspectivas de Credo Chile.

Lo que triunfó en los Estados Unidos fue claramente una reacción conservadora, disgustada con los rumbos que últimamente han norteado la política norteamericana. Lo sustancial de esta reacción se confirma por el amplio respaldo que los candidatos republicanos obtuvieron en ambas Cámaras.

Todo lo cual indica un rechazo de la opinión norteamericana a aquella corriente de pensamiento, predominante entre los demócratas, que se conoce como “políticamente correcta”, es decir el “establishment”.

Esta reacción anti “establishment” es profundamente saludable; y sin embargo, al mismo tiempo no deja de proyectar algunas sombras inquietantes.

Veamos someramente ambas perspectivas que se abren con  la nueva presidencia Trump.

Lo saludable es tan evidente que salta a la vista. Si había una candidata “políticamente correcta”, era Hillary Clinton. Ella representaba todas las “conquistas sociales”, la libertad completa en materia de costumbres morales, aborto, uniones homosexuales, identidad de género, etc. De ahí, su profunda hostilidad a la religión, en especial la católica y a todo lo que fuera conservador.

La pérdida electoral de este paradigma no puede dejar de ser vista con enorme alivio. Y, en ese sentido, el triunfo del candidato opositor lo vemos con simpatía y esperanza.

Sin embargo, con el triunfo de los conservadores, representado por Trump, surge una preocupación que hasta ahora no había tomado una importancia internacional tan destacada. Es que junto con los aspectos “conservadores” de quienes sostienen posiciones  “políticamente incorrectas”, como son la defensa de las identidades nacionales, de la familia, de la religión, etc. –  se proyectan algunas dudas;  y éstas consisten en saber hasta dónde llegará lo “incorrecto”, o más precisamente, qué guiará la “incorrección” de esas políticas.

Un ejemplo nos permitirá aquilatar esta preocupación. El actual presidente de Rusia.

Como se sabe, la propaganda rusa presenta un Putin que estaría liderando desde hace varios años una política interior en el buen sentido de lo “incorrecto”. La semana pasada, por ejemplo, inauguró una enorme estatua de san Wladimir, (su propio nombre…),  de 25 mts. de altura fundador de la Rusia cristiana.

Sin embargo, al mismo tiempo, casi como siendo otro brazo del mismo cuerpo, está promoviendo la expansión de sus fronteras a costa de los países liberados del yugo de la ex URSS, y amenaza con aumentar aún más dicha expansión.

Hace parte de su posición no excluir ni condenar el período de Lenin ni Stalin, y menos aún la influencia ideológica y territorial de la ex URSS sobre el mundo entero. Esos tentáculos rusos-ex soviéticos celebraron, estas últimas semanas, acuerdos con la Venezuela de Maduro y con la dictadura de  Ortega en Nicaragua, sin perjuicio, o precisamente por eso, de que ambos no esconden su filiación marxista.

Es decir, las simpatías que despierta Putin por la propaganda que lo presenta como favorable a la familia y contra el aborto (a pesar de no haber hecho nada de sustancial en ese sentido), se diluyen cuando visto desde el prisma de su ánimo expansionista y pro época soviética.

En el caso del electo Presidente Trump, inquietan sus declaraciones destempladas como candidato; sus promesas aislacionistas; las amenazas de pasar la cuenta a la OTAN y a Corea del Sur por su defensa; los apoyos internacionales suscitados en una vasta red de partidos “populistas” que crecen en Europa; la falta de referentes morales y religiosos de esos populismos;  los vínculos con la Rusia de Putin;  las diferentes posiciones asumidas a lo largo de su carrera; etc. Todo ese conjunto de factores no puede dejar de proyectar una pesada sombra al porvenir.

Resumamos el dilema.

Cuando lo “políticamente incorrecto” constituye la oposición y la parte débil del panorama, sus posiciones son en general buenas, pues ellas se definen contrarias a todo lo malo de lo “políticamente correcto”. Pero ¿cómo se comportará esa política “incorrecta” cuando ella pasa a ser gobierno y representa la parte fuerte? Si ella se deja llevar sólo por los caprichos del “populismo”, el futuro no será tan promisor, pues de los temores populistas, pudo salir el nazismo, el socialismo, el peronismo y muchos otros “ismos” de nefastas consecuencias para la civilización cristiana.

Aún es temprano para poder decir si esas sombras darán origen a lluvias benéficas o a temporales devastadores, pero sería ingenuo abstenerse de levantar el problema y sólo festejar, cerrando los ojos a los aspectos sombríos del panorama.

No podemos concluir estas líneas sin manifestar nuestras esperanzas de que los sectores pro familia y anti aborto, que se manifestaron con tanta claridad en estas elecciones, consigan dirigir a esa poderosa  nación por los rumbos que la hicieron autentica, cristiana y fuerte.

©Credo Chile

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