Sínodo de la juventud: ¿Pastores y lobos?

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Poco o nada se ha publicado en Chile respecto al Sínodo que se está realizando del 3 al 28 de octubre en el Vaticano, con el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.” A pesar del silencio de los medios chilenos, el debate que se está produciendo al interior del Sínodo merece ser conocido por su importancia.

En efecto, las conclusiones a que llegue el referido Sínodo significarán las líneas de formación de los jóvenes de hoy dentro de la Iglesia Católica. Se puede decir entonces que de ahí saldrá el futuro para todos los católicos. Más aún, como la Iglesia es acompañada con atención por incontables personas que, sin ser católicas, reconocen en Ella una enseñanza forjadora de civilización y cultura, las conclusiones de este Sínodo tendrán consecuencias verdaderamente mundiales.

Comencemos por decir que se han escuchado voces claramente divergentes respecto a cuál debe ser la enseñanza que salga para todos los jóvenes. Esta semana se conoció la declaración formulada, a nombre de los jóvenes católicos chilenos, por Silvia Retamales Morales, delegada chilena en el Sínodo Juvenil, durante una conferencia de prensa, el 15 de octubre pasado.

Confieso que nunca oí hablar de esta señorita, pero debe ser muy activa dentro de los grupos pastorales para haber sido designada para representar a todos los jóvenes chilenos. ¿Qué dijo ella?

Retamales pidió a la Iglesia que esté “abierta a todos“, “a no juzgar“, a no “discriminar a las minorías” o a las personas con diferentes orientaciones sexuales. “La iglesia tiene que ser más incluyente“. Los homosexuales activos presuntamente “viven su fe dentro de la Iglesia también” y “deben sentirse como hijos de Dios y no como problemas“. En pocas palabras: Vale todo. Abertura para todo tipo de costumbres y toda clase de “familias”, sin discriminación entre ellas según su conformación.

La página de la Iglesia de Chile destacó las declaraciones de la enviada nacional, lo que muestra la concordancia de sus declaraciones con buena parte de los Sres. Obispos. En la misma línea se pronunció el Obispo chileno y presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil Monseñor Moises Atisha.

El Obispo (renunciado) de Arica declaró que “se debe potenciar que cada joven tenga una fe adulta (sic). Para lograr esto, debemos disponernos para estar con ellos de forma incondicional, con actitud de gratuidad, sin prejuicio”, afirmó. Además afirmó que es “indispensable que la Iglesia esté presente en aquellos espacios en los que normalmente está la juventud –o sea, toda clase de ambientes– y planteó la necesidad de realizar una revisión de nuestras estructuras, para no llegar tarde, para no llegar a destiempo”.

Como se ve, no hay en las declaraciones del Obispo ni de la joven ninguna referencia a virtudes, enseñanzas morales, preceptos divinos, Mandamientos de la Ley de Dios. Al contrario, pareciera que, para ellos, todo eso no pasa de ser “prejuicios” que alejan a los jóvenes de la Iglesia. ¿Qué quiere decir Mons. Atisha, por ejemplo, con que hay que “revisar nuestras estructuras, para no llegar tarde”?

En sentido enteramente opuesto a las anteriores declaraciones se pronunció el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Robert Sarah. El Purpurado señaló que “aguar” la doctrina moral católica, también en el campo de la sexualidad, no logrará atraer a los jóvenes. El Prefecto recordó la historia del joven rico del Evangelio a quien el Señor le pide vender todo, dárselo a los pobres y seguirlo. “Jesús no aligeró ninguno de sus requerimientos en su llamado” y tampoco debería hacerlo la Iglesia”, explicó el Cardenal.

Por su parte, el Arzobispo de Filadelfia (Estados Unidos), Mons. Charles Chaput, advirtió en el mismo sentido que “la palabra castidad casi no aparece” en el documento de trabajo del Sínodo de los Jóvenes que se realiza en el Vaticano, de modo que cabe temer que esa virtud, por callada, sea olvidada, si es que no es directamente combatida.

En realidad, si son graves todos los comportamientos homosexuales por parte de miembros del clero, mucho más grave aún es que las enseñanzas morales, recibidas por Moisés de Dios Padre, que mandan: “no cometerás acciones impuras”, sean puestas de lado a nombre de una Iglesia “sin prejuicios e inclusiva”, lo cual llevará la trágica crisis en curso a un auge humanamente irremediable.

La misión de la Santa Iglesia es la de salvar a las almas, y las almas sólo alcanzaran su salvación eterna en la medida que conozcan, amen y sirvan a Dios. ¿Pero cómo lo conocerán si sus leyes son silenciadas? ¿Cómo lo amarán si no lo conocen ni aceptan sus preceptos?

Como se ve, las conclusiones del Sínodo serán extremadamente importantes. Recemos desde ya al Espíritu Santo para que dé luces a los verdaderos Pastores, así como fe y fuerza para denunciar a los lobos.

Credo

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