Seria controversia entre Cardenales y Obispos sobre divorcio y sacramentos

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Nadie pone en duda que la institución que elevó el matrimonio a un carácter sacramental, y por lo tanto religioso, fue la Iglesia Católica.

Fiel al mandato de su Divino Fundador, “lo que Dios unió, no lo separe el hombre”, la Iglesia ha sido la institución que por excelencia dio sustento moral, doctrinario e incluso cultural a la indisolubilidad conyugal.

En 1997, por ocasión de la aprobación de la ley de divorcio en Chile, Monseñor Cristián Caro lamentó la actitud de dejación de los católicos y del Episcopado: “los católicos nos hemos dejado estar (…) fue un poco sorpresivo para todos, (no apenas para los obispos) creo que somos culpables todos de esa dejación o de esa imprevisión, no sólo el Episcopado”.

Se comprende este lamento, pues Monseñor reconoce que si fallan los fieles católicos y las autoridades eclesiales en la salvaguarda del carácter indisoluble del matrimonio, no hay mal que no sobrevenga para la familia.

Por esta razón, llama la atención que la prensa nacional está dando tan poco espacio (para no decir ninguno) a una importante controversia que está ocurriendo en estos días en el seno de la Iglesia Católica a propósito precisamente de la indisolubilidad conyugal.

Como el lector puede recordar, el año 2014 y 2015 vieron la celebración de dos Sínodos sobre la familia. En ellos se debatieron –con inusual antagonismo- dos visiones contrarias al respecto de la indisolubilidad, de las segundas uniones por parte de divorciados, e incluso, de las uniones del mismo sexo.

Una corriente de Cardenales y Obispos, capitaneados por el Cardenal Kasper y una parte  importante de los Obispos de lengua alemana, sostuvieron posiciones “aperturistas”, tendientes a relativizar el muro de contención, hasta ahora intocable, de la indisolubilidad del matrimonio y de las condiciones para acceder a la recepción de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.

Frente a ellos se perfiló una posición de otros Cardenales y Obispos, entre los cuales destacó el Cardenal Sarah y varios Obispos de África, que sostuvieron la completa imposibilidad moral de aceptar las posiciones “liberales” antes mencionadas.

Argumentaban, con razón, estos Padres Sinodales,  que aceptar esas tesis significaría  renunciar a la fidelidad al mandato divino: “lo que Dios unió no lo separe el hombre”, y a la doctrina igualmente dogmática de que nadie puede acceder al sacramento de la Eucaristía si no está en estado de gracia.

Como se sabe, la opinión de los Sínodos no es magisterial, sólo la voz del Papa constituye magisterio.  Por este motivo la Exhortación Apostólica “Amoris Letitiae”, publicada el 8 de abril de este año, fue esperada  con especial deseo de  ella constituyera  una respuesta clara y definitiva a la discusión ocurrida entre estas posiciones opuestas en los Sínodos anteriores.

Sin embargo, a poco de ser publicado el documento pontificio, comenzaron a oírse “interpretaciones” completamente antagónicas entre Cardenales y Obispos.

Así, mientras unos han manifestado que la Exhortación Pontificia no cambia la imposibilidad moral de acercarse a recibir los sacramentos por parte de quienes se encuentren en situación matrimonial irregular;  otros, a veces de la diócesis vecina, consideran, al contrario,  que siendo un tema  primordialmente  “pastoral”, se puede, después de un debido “acompañamiento”, dar  la comunión a quienes se encuentren en una segunda convivencia marital.

Algunos Obispos han ido más lejos aún, sosteniendo que no sólo las uniones entre personas de distinto sexo, sino también las uniones homosexuales, deben gozar de similar “acompañamiento” e incorporación total en el seno de sus diócesis.

Esta situación no puede dejar de producir un grave daño para la unidad de la Iglesia, para la salvación de las almas y para la mantención de la familia, indisoluble y heterosexual.

Para esclarecer esta delicada situación, cuatro cardenales, Sus Eminencias Walter Brandmüller,  Joachim Meisner, Carlo Cafarra y Raymond Burke, dirigieron el 19 de septiembre pasado, una consulta al Santo Padre, denominada “Dubia”(Dudas), fórmula empleada normalmente en casos de dudas para que el Papa responda de modo afirmativo o negativo.

En su presentación, los referidos cardenales manifestaron que no los movía ninguna otra intención sino la de “colaborar con el Santo Padre” y evitar las manifiestas contradicciones en la interpretación de la Exhortación.

Transcurridos dos meses de la presentación  del referido documento, y dado que el Papa Francisco aún no les respondió, los Cardenales consideraron oportuno, dar a conocer públicamente su consulta.

Frente a dicha publicación, se están manifestando otros Obispos y Cardenales,  a favor o en contra de la iniciativa.

Unos, los favorables a la apertura liberal del Cardenal Kasper, han denostado personalmente la iniciativa cardenalicia como siendo un ataque al “Espíritu Santo” representado infaliblemente en ambos Sínodos y en la Exhortación.

Otros, con seria y fundamentada argumentación teológica, han adherido de uno u otro modo a la licitud y oportunidad de la presentación de las “Dubias”, entre ellos se encuentran el Cardenal Pehl, y de modo indirecto, el propio Cardenal Sarah.

Dada la envergadura de esta discusión y la gravedad de sus consecuencias, Credo Chile considera que el silencio que la prensa nacional ha guardado al respecto, perjudica el  derecho a estar debidamente informado al respecto.

Hacemos votos para que las “Dubias” respetuosamente presentadas sean respondidas luego por el Santo Padre, evitando así todos los males que ya se hacen notar a la paz interior de la Iglesia y la integridad de la Familia.

©Credo Chile.

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