R. P. Mariano Puga y el “abogado del diablo”

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Los “cristianos para el socialismo” a los pies de Fidel Castro oyen embelesados sus enseñanzas

Después del fallecimiento del Padre Mariano Puga se oyó una especie de clamor general por la fórmula de canonización que usan los italianos: “¡santo subito!”.

Lo que, traducido a nuestra lengua, sería algo como santo de inmediato. Pero además tiene el sentido de que la santidad de este sacerdote sería tan evidente que no necesitaría examen de su vida, testimonios y documentos que haya sobre él, ni juicio y menos comprobación “post mortem” de los milagros que haya hecho.

Sin embargo, la Iglesia, siempre prudente, estableció un procedimiento canónico que incluye un juicio, dentro del cual comparece lo que vulgarmente se conoce como “el abogado del diablo”. Es decir el que hace la parte opuesta a la canonización presentando las objeciones a que el “santo” haya tenido los méritos de ser elevado a los altares.

Permita el lector que, en este proceso donde tantos –el Partido Comunista, el Gobierno y las autoridades eclesiásticas– unánimemente gritaron “¡santo súbito!”, tomemos el papel del abogado del diablo.

El asunto trasciende el mero aspecto personal, pues, si el R.P. Puga fue el santo que se afirma, habría que aceptar que la doctrina tradicional del Magisterio de la Iglesia está equivocada.

Pasemos a los hechos concretos.

No hay duda que el R.P. Puga nació dotado de todos los bienes con que Dios puede bendecir el nacimiento de un niño. Él tuvo, por así decir, una “cuna de oro”; pero no sólo del “oro” que a tantos atrae, sino, sobre todo del oro de las tradiciones y de las virtudes de una familia católica tradicional.

Además de lo anterior, él mismo tuvo las cualidades personales que pueden distinguir a una persona: inteligencia, apariencia, don de liderazgo, carisma para atraer, etc. En cualquier circunstancia que él hubiera vivido habría llamado la atención.

Un hombre con todas esas cualidades, dones y bienes materiales, decide un día hacerse sacerdote y renunciar al mundo. Hasta ahí todo bien y muy meritorio.

A poco andar, el nuevo sacerdote comienza a introducirse en el mundo obrero, para servirlos dándole el mejor regalo: La Buena Noticia de Nuestro Señor. Sigue todo bien.

Sin embargo, a medida que se involucra en un nuevo y tan diferente ambiente al suyo, el sacerdote empieza a cambiar de posición. No es ya él que tiene que darles una “Buena Noticia” a los pobres, sino que son los pobres que le dan “la buena noticia” a él.

¿Y en qué consiste esa nueva noticia?

En que los pobres y necesitados constituyen la única parte sana de la sociedad. Más aún, en que los pobres son verdaderamente tales en la medida en que están conscientes que ellos están siendo explotados por una clase superior, los patrones. Y, por último en que ellos deben asumir una lucha social, política y económica permanente contra los “ricos”.

En una palabra, esta “buena noticia” es análoga a la que trajo al mundo el alemán Carlos Marx: la lucha de clases, entre oprimidos y opresores.

A lo anterior, se debe agregar que el Padre Mariano Puga no fue un mero teórico. Él puso en práctica lo que decía ser su “buena noticia”, es decir, la lucha de clases.

Para ello hizo parte de los 80 sacerdotes que, en la década de los 60’, se tomaron la Catedral de Santiago en rechazo a la Iglesia tradicional y a los gastos que la edificación del Santuario de Maipú causaba, a expensa de los pobres.

Más tarde fue uno de los 200 sacerdotes que se llamaron “Cristianos para el socialismo”, los que postulaban que el único modo de ser verdaderamente cristiano era ser auténticamente socialista.

En cuanto tal, fue un admirador incondicional de la Unidad Popular y de la revolución comunista de Cuba, manteniendo una cierta distancia en relación a Allende y Castro pues no los consideraba suficientemente coherentes con el socialismo que postulaban. Para él, participaban un tanto del espíritu burgués.

Cuando las circunstancias políticas cambiaron y su anhelada Unidad Popular se deshizo como un castillo de naipes, se dedicó a predicar la teología de la liberación a sus parroquianos de Villa Francia.

Su prédica fue seguida por algunos de ellos, como los hermanos Vergara Toledo, quienes terminaron muertos en un enfrentamiento con las fuerzas del Orden. A partir de ahí, hasta el presente, se conmemora con disturbios y saqueos el “día del combatiente”, a la fecha en que cayeron sus prosélitos, víctimas de su prédica.

Si el “apostolado” del R. P. Mariano Puga y de los 200 “Cristianos para el socialismo” hubiera contaminado a todos los católicos chilenos, hoy seríamos una simple colonia comunista al estilo de Cuba, Corea, Venezuela, etc.

Lo que el P. Puga intentó hacer fue precisamente lo opuesto de la máxima del Papa Pío XI: “católico y socialista, son términos contradictorios”. Para el sacerdote, sólo se era auténticamente católico en la medida que se fuera íntegramente socialista.

“Canonizar” a una persona así, es afirmar que los “santos” pueden ser aquellos que, en vez de unir a ricos y pobres, como lo hizo Nuestro Divino Salvador, los dividen y los ponen en lucha a unos contra otros. O sea, es canonizar a Marx, Engels y a tantos otros que pensaron e hicieron lo mismo que el Padre Puga.

Por todo lo anterior, y por mucho más que lo breve de este comentario no nos permite agregar, pensamos que hacer el papel del “abogado del diablo”, en este caso concreto, no es del diablo, sino de Dios.

No piense el lector que las consideraciones anteriores nos impiden rezar por el descanso eterno de su alma. Al contrario, ellas nos estimulan a pedir para él el perdón infinito de Dios.

Credo; pasado, presente y futuro de Chile

6 Comments
  1. Julio Basoalto Vergara says

    Excelente artículo sobre lo contradictoria y equivocada vida del R. P. Mariano Puga, que no aportó nada al mundo cristiano, sino que adoctrinó a sacerdotes con ideas y principios de ideología totalitaria.

  2. Manuel Carvallo Rencoret says

    El R. P. Mariano Puga, hasta donde sé, ojalá me equivoque, no creía en la transubstanciación, no creía en la Eucaristía.
    Un hereje no puede estar canonizado por la Iglesia.

    1. Esper says
  3. Nelson Fragelli says

    Excelentes consideraciones sobre más un sacerdote que puso su mano ungida por la Iglesia en las manos sangrientas de los comunistas verdugos.

  4. Jaime Patricio Figueroa says

    Excelente artículo, no tiene nada de especulación. Hechos ciertos, recientes y comprobados (comprobables). Alejado totalmente de la doctrina cristiana.

  5. Dra. Michelle Rios says

    Si Mariano fue hereje, si fue marxista, si fue un agente subversivo dentro de la Iglesia, la culpa la tienen sus superiores. De condenarlo debemos condenar a todos sus superiores por permitir semejante infiltración.

    Y si hay curas herejes y marxistas es porque hay obispos herejes y marxistas. Y si hay obispos herejes y marxistas es porque hay un Papa corrupto que lo permite. Comencemos por condenar la corrupción por donde comienza, no por donde termina. ¿No es así como debemos hacer?

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