¿Quién es católico todavía en la Iglesia Católica?

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Esta pregunta ya se la hacía el profesor Plinio Corrêa de Oliveira en un artículo publicado en el diario “Folha de Sao Paulo”, en 1975.

La pregunta adquiere hoy un carácter aún mucho más angustiante.

En efecto, si católicos son todos aquellos bautizados que creen en lo que la Iglesia manda creer (Fe), espera lo que Ella manda esperar (esperanza) y practica lo que Ella enseña (moral), la pregunta se impone.

Ya en 1987, durante su homilía en el Estadio Nacional, el Papa Juan Pablo II fue sorprendido por la respuesta de la juventud “católica” a su pregunta: “¿renuncias al ídolo del sexo y del placer?”.  La respuesta fue un atronador “Nooo”. Lo que indujo al Papa a repetir tres veces la pregunta, al final de lo cual se oyeron algunos tímidos “Sí”.

Transcurridos 30 años de ese bochorno, la semana pasada ocurrió otro, sin duda peor, pues se trata de un sacerdote.

El inefable y mediático RP Berríos, sj, en un programa de la semana pasada de un canal de TV, interrogado si acaso se sentía “partícipe de la adopción de parte de padres del mismo sexo”, respondió: “Estoy de acuerdo”, porque considera que el centro son las necesidades del “niñito o niñita que necesita ser adoptado”. Agregando: “En el fondo, nosotros creemos (equivocadamente) que la homosexualidad y el lesbianismo es algo malo”.

Obviamente el referido sacerdote no se estaba refiriendo a las tendencias, consideradas por la Iglesia como desordenadas, pero no culpables, sino a los actos homosexuales, condenados por Ella como “intrínsecamente desordenados”.

El problema es que no se trata de las declaraciones de un solo sacerdote, sino de toda una corriente de “católicos” que hoy no tiene ningún problema en manifestarse contra lo que la Iglesia enseñó de modo ininterrumpido a lo largo de 2000 años en esta materia.

Más aún, ya en el Antiguo Testamento se señalan los castigos de Dios a la ciudad de Sodoma por sus conductas antinaturales, que le dieron nombre al vicio moral, y San Pablo enseña que ellos no entrarán al Reino de los cielos.

¿Cree el lector que este sacerdote será amonestado por el superior de su Orden o por el Presidente de la Conferencia Episcopal?

Por su parte, este mismo sacerdote, no tuvo reparos en objetar públicamente a S. E. el Cardenal Jorge Medina por sus recientes declaraciones sobre la debida coherencia de los parlamentarios católicos respecto a la votación de la ley de aborto, y de la imposibilidad, de acuerdo al Catecismo de la Iglesia, de conceder los sacramentos a aquellos que hayan votado a favor de esa ley.

Como se ve, la discrepancia no podría ser mayor, ni de más graves consecuencias. Pues si la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, como lo es, esta corriente de “católicos” obviamente no tiene parte en el mismo Cuerpo, toda vez que se aparta de su doctrina en materia de Fe y moral.

Es decir, delante de estos sacerdotes cabrá aplicar la sentencia del Evangelio: «Y si él no escucha a la Iglesia, sea para ti como gentil o publicano» (Mt xviii, 17).

Sin embargo, las malas consecuencias tienen también repercusión en el campo civil y político.

Ya en la tramitación del Proyecto de aborto, se señaló en repetidas oportunidades la obligación de los parlamentarios católicos de orientarse conforme a las enseñanzas de la moral. La misma situación se repetirá por ocasión de las próximas elecciones de noviembre.

En efecto, de los varios candidatos a la Presidencia, muchos se han declarado favorables al aborto. Igualmente dentro de los que aspiran a cargos en el Legislativo, varios de ellos van a la reelección y votaron a favor del aborto.

En esta oportunidad veremos cuántos católicos electores son verdaderamente coherentes con su condición de tales, negando el voto a todos aquellos que se declaren pro aborto.

Los que lo hicieren podrán ser incluidos en la lista de los auténticos católicos.

¿Y los otros?

“Serán colocados a la izquierda”, y ya sabemos dónde van los puestos a la izquierda del Señor.

©redo, pasado, presente y futuro de Chile

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