¿Qué esperar de la visita papal a Chile?

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El arribo del Papa Francisco a Chile naturalmente ha suscitado las más variadas expectativas dentro y fuera del mundo católico.

En primer lugar, llamó la atención de muchos el empeño del Gobierno por facilitar la asistencia de los fieles a los actos programados en las diferentes ciudades en que él estará presente; feriado regional, adecuación de los horarios del Metro, enormes gastos de custodia, etc.

Sin embargo, al mismo tiempo que el Gobierno se empeña por favorecer la concurrencia de los fieles, manda a sus parlamentarios -que habían decidido postergar la votación del Proyecto de identidad de género- a realizar dicha votación, pues “una cosa no tiene nada que ver con la otra

¿Cómo entender que el Gobierno, por un lado asuma la “responsabilidad” de convocar fieles a los encuentros y, al mismo tiempo, fuerce la aprobación de un Proyecto que representa lo contrario de lo que la Iglesia enseña sobre lo que es ser hombre y mujer?

Por otro lado, la prensa también concedió generoso espacio a las declaraciones de un comité de “víctimas” de abusos por parte de sacerdotes, que exigen la remoción de varios Obispos y de mayores sanciones a sacerdotes supuestamente involucrados en los hechos.

Asimismo, llamó la atención el trascendido de que, en el acto religioso que tendrá lugar en Temuco, se hayan reservado 500 lugares de preferencia para una comitiva sindical argentina, dirigida por el activista de izquierda, Juan Grabois, personaje conocido por sus posiciones contrarias a la libre empresa y por sus vinculaciones con los grupos peronistas “piqueteros”.

Igualmente hay resquemores, por parte de no pocos sectores de la Araucanía, ante el anunciado acto con los mapuches, pues éste puede ser fácilmente instrumentalizado por los sectores más agresivos en el sentido de favorecer sus reivindicaciones territoriales.

En el Norte, no deja de haber algunos temores con relación a un discurso que sea aprovechado por los inmigrantes ilegales, que abundan en la región, o para que la redacción del proyecto de inmigración, no haga cuestión del resguardo de la soberanía nacional.

Dentro del mundo católico, igualmente fueron preocupantes, a decir lo menos, las declaraciones de un sacerdote jesuita por ocasión de la discusión del referido proyecto de identidad de género, en favor de los transexuales. El mismo religioso declara que hoy al Papa, “le debe sorprender una Iglesia chilena callada, metida para adentro”. “No va a la vanguardia de los cambios de la sociedad chilena”.

Todas estas expectativas y opiniones, con relación al augusto visitante, nos dejan pensativos.

En realidad, ¿qué es lo que un simple fiel puede y debe esperar de la importante visita?

La respuesta ya la dio Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro: “Apacienta mis ovejas”, “confírmalos en la Fe”

Y, ¿en qué consisten esta paz y esta Fe que el Vicario de Cristo puede traernos?

La Iglesia nos enseña que no hay paz donde no hay orden. Y la Fe nos muestra que la primera condición para que exista orden, se encuentra en el cumplimiento de la Ley de Dios: “Procurad el reino de Dios y su justicia, y lo demás os será dado por añadidura”.

Chile es hoy un País gravemente desordenado: el aborto; las uniones homosexuales; la ya mencionada identidad de género; la disminución de la Fe en los propios católicos; la confusión reinante en su interior respecto a aspectos centrales de la moral; el progresivo abandono del redil católico, en favor de las sectas protestantes o del ateísmo; los mencionados casos de corrupción moral por parte de no pocos eclesiásticos; la disminución de las vocaciones religiosas y consagradas; el sincretismo religioso con los cultos paganos; la llamada “teología ecofeminista” al interior de no pocas congregaciones y un gran etcétera, que sería penoso continuar detallando.

Ante todos estos desórdenes, que constituyen graves heridas en el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo, lo que debemos esperar no es sino un conforto en la Fe. En la Fe de siempre, en la Fe del Credo que nos enseñaron nuestros padres, en la Fe que misteriosamente se comenzó a abandonar, para adoptar otra más “de acuerdo a los tiempos”.

Sí, confortar en la Fe, significa dar fuerza a los que perseveran en ella, mostrándoles que, fuera de las enseñanzas milenarias de la Iglesia, sólo hay descamino; “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida”.

Significa también, y muy particularmente, corregir a los que se apartaron de ella: “Quien no está conmigo, está contra Mí”, “El que no siembra, desparrama”, “Sea tu lenguaje sí, si; no, no, porque lo demás viene del maligno.”

¿Será mucho pedir?

Pensamos que no. Que es lo básico, pero al mismo tiempo lo más necesario y también lo suficiente. Recemos para que esas expectativas se cumplan en este viaje.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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