¿Qué buscan?

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Tanto en sus fines cuanto en los medios empleados, las últimas manifestaciones han sido una sorpresa para muchos Para responder a la pregunta que encabeza este comentario veamos tres de sus víctimas simbólicas: la estatua de Colón en Valparaíso, la de Pedro de Valdivia en Temuco y la del “soldado desconocido” en Plaza Baquedano.

Lo que hay de común en estas tres estatuas es la constitución histórica de Chile. Primero con el Descubrimiento de América, por Colón; segundo por el inicio de la colonización representada por Pedro de Valdivia y García Hurtado de Mendoza y, por último, el comienzo de nuestra vida como nación soberana, simbolizada en la estatua a Baquedano, a cuyos pies se encontraba la del “soldado desconocido”.

Las tres efigies derrumbadas de sus pedestales y posteriormente destrozadas por vándalos en distintos momentos y en diferentes ciudades del País nos dan cuenta de un mismo espíritu: borrar la historia civilizada de Chile y retrotraernos a la vida salvaje pre cristiana, anterior al 12 de octubre de 1492.

En efecto, para conocer el espíritu de una revolución, y lo que está ocurriendo en Chile es precisamente una revolución, se deben discernir las exigencias de los sectores más radicales de ella.

Así como durante la Revolución Francesa hubo quienes no quisieron o no supieron oponerse, y, facilitaron la acción de los jacobinos, liderados por Robespierre; hoy los que deciden el rumbo de esta revolución son los que ceden delante de las exigencias de los “neo jacobinos” de la calle y del Parlamento.

El mismo espíritu jacobino que animan los atentados se volcaron contra las Iglesias y templos católicos, aledaños a los sitios de las manifestaciones. La Iglesia Católica representa para ellos, el alma del proceso de evangelización, civilización y progreso de nuestra sociedad. Si los vándalos consideran que se debe borrar toda señal de Estado y de civilización, lógicamente se deben destruir las Iglesias, que son sus principales íconos.

Hay por lo tanto un anhelo revolucionario nihilista que no ha sido suficientemente considerado. Los políticos, tanto los del Gobierno cuanto los de la oposición, creen que con medidas de orden económico, más regalías y menos libertad individual; y de orden político, una nueva Constitución, se arregla el problema.

De ahí que, unos y otros, se apresuren en atender esas supuestas demandas. La ceguera de la llamada “centro izquierda” no atina a comprender que lo que los vándalos quieren es ver arder al Congreso donde ellos, como tribunos de la Republica, claman por ceder a todas las exigencias de los pirómanos.

De nada han servido las advertencias de las autoridades de Carabineros que con filmaciones en mano proporcionan los elementos comprobatorios de este propósito incendiario. Tampoco el crecimiento cada vez mayor de las banderas mapuches y los permanentes atentados en la Araucanía.

Este anhelo no está sólo en el fondo de las aspiraciones de los elementos más radicales de quienes han destruido los lugares públicos, el Metro, el comercio y sobre todo la tranquilidad pública. Ella es una tendencia transversal que cruza las esferas civiles y religiosas.

Es lo que afirmaba hace pocos días en la ciudad de la Paz, el Vicepresidente García Linera: “nos presentamos por cuarta vez para que gobiernen los indios”. En el Ecuador, las manifestaciones anti gubernamentales fueron organizadas por indigenistas y su desenlace constituyó un éxito para sus reivindicaciones.

En el campo religioso, durante el pasado Sínodo de la Amazonia, se oyeron a eclesiásticos de la llamada “teología indígena” (un recocido de la Teología de la Liberación) condenar la obra civilizadora de la Iglesia Católica y bajar de los altares a los santos que la llevaron adelante. Al mismo tiempo, se veneró la “Pachamama” en los propios jardines del Vaticano con presencia de las más altas autoridades de la Iglesia.

En resumidas cuentas, lo que se pretende es borrar lo que queda de civilización cristiana e imponer las costumbres salvajes de los pueblos primitivos, sumadas al salvajismo de amoralidad de los pueblos actuales.

La gran víctima de esta revolución es la Iglesia y las instituciones que Ella formó y elevó a sacramento, entre las cuales, en primer lugar, se encuentra la familia monogámica, heterosexual y prolífera.

Para los vándalos nada de esto debe quedar en pie.

Si no se denuncia esta profundidad nihilista de la revolución que vivimos, difícilmente se encontrará remedio para ella.

Credo Chile; pasado, presente y futuro de Chile

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1 Comment
  1. Julio Basoalto Vergara says

    El ADN del mestizaje mapuche aparece en las manifestaciones descontroladas y de efectos atentatorios contra toda razón, sentido común y buenas costumbres de la vida nacional.

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