¿Protocolo para matar?

0 86

La semana pasada estuvo marcada por el nuevo Protocolo presentado por el actual Gobierno para regular el ejercicio de la objeción de conciencia.

Como se sabe, la nueva redacción del Protocolo prohíbe a las instituciones objetoras tener convenios en servicios de ginecología con el Estado. Lo que en la práctica, deja a miles de personas que recurren a esos servicios a través de instituciones objetoras, como es el caso de la Universidad Católica, a no poder ser atendidos ahí. Al mismo tiempo, castiga a estas instituciones privándolas de buena parte de sus capacidades de atención.

Todo esto deja el derecho a la objeción de conciencia de las instituciones, como un principio reconocido en la teoría, pero inaplicable en la práctica.

Lo más absurdo del caso es que quienes redactaron el nuevo Protocolo pertenecen a un Gobierno que dice ser defensor de la vida y del derecho de nacer.

Este absurdo se explica cuando quienes tienen la responsabilidad política de dirigir los rumbos de la nación no poseen convicciones firmes en las materias de las cuales ellos mismos dicen ser defensores.

Cuando las autoridades, de cualquier institución, no tienen convicciones con raíces sólidas, ellas tienen miedo a enfrentar las oposiciones y, por lo mismo, son proclives a ceder frente a cualquier objetante.

Ante esta contradicción de las actuales autoridades del Ejecutivo, un conjunto de parlamentarios y senadores de su propio coalición anunció esta misma semana la presentación de un recurso al Tribunal Constitucional para que reponga el Estado de Derecho en esta materia.

Todo lo cual deja al Presidente en una situación incómoda, pues después de su llamado a la unidad, parece más preocupado en no disgustar a sus opositores que en concordar con sus propios aliados.

Es lo que ocurre a menudo con las autoridades vacilantes y poco convictas. Desconfían de sus naturales simpatizantes y anhelan conquistar las sonrisas de sus oponentes. El resultado fatal es que pierden a los primeros y no ganan a los segundos.

Los médicos gozan de buena salud.

En sentido opuesto, quienes tienen solidez en sus convicciones no se dejan amedrentar por las persecuciones o adversidades que tengan que soportar para defenderlas. Es conocida la máxima citada por Cicerón: “Amicus certus in re incerta cernitur. (“El amigo seguro se reconoce en las circunstancias inseguras”).

En este sentido es importante constatar, de acuerdo a información proporcionada por el Colegio Médico, el alto porcentaje de profesionales del ramo y matronas que ya se han declarado objetores de conciencia.

Si fuera por la opinión de los médicos, claramente no habría ley de aborto: “El 47% de los obstetras rechazan realizar abortos en caso de violación”.

En el caso de algunas ciudades, como Osorno, los porcentajes son aún mayores, “donde los 16 obstetras que hay en la ciudad son objetores en caso de violación, por lo que ante posibles casos se está obligado a trasladar a las pacientes a los centros más cercanos”.

Esta situación se repite, con algunas variables, en otras regiones del país. “Por ejemplo, en Maule, el 88% de los obstetras son objetores de conciencia en la tercera causal, mientras que en La Araucanía Norte, el 84%. En Concepción, en tanto, el 77% de los técnicos paramédicos son objetores en caso de violación”.

Como el lector puede apreciar, los médicos gozan de buena salud en materia de sus convicciones, pues ellos no ignoran que sus objeciones les pueden traer complicaciones en materia de contratos, con los consiguientes perjuicios en sus entradas.

La cultura de la muerte no tiene muchos adeptos.

Por último otra información importante al respecto es que desde la implementación de la ley, en octubre del 2017, hasta el mes de mayo pasado, sólo se presentaron 341 solicitantes de aborto. De ellas, 32 decidieron continuar con su embarazo. Es decir, se produjeron 309 infanticidios de niños no nacidos en 8 meses, lo que dista mucho de los miles de solicitantes que se esperaban después de su aprobación.

Esto muestra claramente que el aborto fue impuesto a Chile por una minoría con la ideología de muerte, que aún querrá dar nuevos pasos. ¡Opongámonos a que eso continúe!

 

Desafío para el futuro.

Algunas portavoces del aborto alegaron que era natural que, “al principio fuera así”, es decir, que fuera dificultosa su práctica, pero que, con el tiempo, la matanza de los inocentes se iría haciendo más fácil.

Aquí está el desafío para la sociedad chilena y, en especial, para los católicos. Impedir que por el acostumbramiento, por la complicidad o la indolencia, se vaya perdiendo la conciencia moral del valor intrínseco y sagrado de cualquier vida humana y de la ilicitud de atentar contra ella, aun a pretexto de que una ley establezca la impunidad de tal acto.

Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

Déjanos tu opinión

Leave A Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.