Plebiscito: un partido sin reglas claras

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Varios comentaristas opinaron que el reciente partido entre Chile y Uruguay volvió a unir a los chilenos. En efecto, todos condenaron las sanciones del árbitro que determinaron la pérdida para Chile.

El motivo de esa unión estuvo en dos factores determinantes. El primero es que, a pesar de todo, la gran mayoría de los chilenos continúa teniendo un profundo sentimiento nacional y patriótico. Perder un partido eliminatorio para el Mundial dejó a muchos con un sabor amargo. El segundo, es que todos tienen claras las reglas del futbol y cuando un árbitro se las salta o las aplica torcidamente, el rechazo es prácticamente unánime.

Ninguno de estos factores regirá para el próximo plebiscito.

El sentimiento nacional no unirá a los chilenos pues, la mitad quiere una Constitución totalmente diferente o aun contrario a lo que desea la otra mitad.

Pero, el elemento más divisorio no se encuentra en las diversas formas de entender una Constitución, sino en las reglas que deben ser aplicadas para su aprobación. Es lo que está quedando cada vez más claro a medida que nos acercamos al 25 próximo.

Como se recordará, la principal razón por la cual los parlamentarios -que eran favorables a la permanencia de la actual Constitución- votaron el Acuerdo plebiscitario, fue que el porcentaje para la elaboración de un nuevo texto sería de las dos terceras partes de los redactores, lo que garantizaba que ella no quedaría en manos de la extrema izquierda.

Tal garantía, que constituye la principal “regla del juego”, está siendo sistemáticamente contradicha.  La oposición niega que se necesite un 66% de los votos de los miembros de la convención para aprobar artículos, capítulos y el texto general.

El presidente de la DC, señaló al respecto que en la derecha “están tratando de confundir y ensuciar el proceso. Esto fue largamente debatido y nosotros dijimos que eso no era aceptable.”

Catalina Pérez, presidenta de Revolución Democrática, declaró: “Acá hay acuerdos democráticos que no dan para interpretaciones tramposas”.

Por último, el Frente Amplio también rechazó las “interpretaciones mañosas” de los dos tercios.

Todo lo anterior ya nos anuncia un partido sin árbitro, y -lo que es peor- un partido sin reglas claras. Y, cuando se juega un partido en donde las “barras bravas”, están dispuestas a romperlo todo, cuando los resultados no se conforman a sus preferencias, entonces los pronósticos son más que obscuros.

A lo anterior se debe sumar el hecho de que la consulta tendrá preguntas contradictorias entre sí. Quien vote “Rechazo”, deberá responder de inmediato, si opta por una Asamblea o por una Convención Mixta para redactar la preferencia que rechazó.

Como “guinda en la torta”, el plebiscito tendrá lugar en medio de un alto nivel de contagio, lo cual evidentemente inhibirá sobre todo a los sectores de la población más vulnerables para concurrir a las urnas. Resulta que, como se sabe, esos sectores son precisamente donde se encuentra el mayor índice de opción favorable al Rechazo.

Para colmo de absurdos, la franja televisiva para que ambas opciones aclaren al País las consecuencias que tendrá de cada una de ellas ha sido calificada como un acertijo digno de ser descifrado por un Champollion.

Todo sumado, las perspectivas de esta confusión generalizada, cualquiera que sea el resultado de las urnas, es que continuarán las manifestaciones destructivas en plaza Baquedano y otros lugares simbólicos del territorio nacional; los asesinatos impunes en la Araucanía; el empoderamiento del narcotráfico y la obsesión por neutralizar a Carabineros mucho más de lo que está.

En consecuencia, es de temerse que de ganar la opción de una nueva Constitución, sus resoluciones no sean el fruto de sesudos debates parlamentarios serios ni de la influencia de juristas de prestigio serios ni de la influencia de juristas de prestigio, sino las exigencias maximalistas, frenéticas y utópicas de “la calle”, o sea, la de una minoría violenta y amoral, decidida a no dejar “piedra sobre piedra”.

Es el fruto del mal llamado “Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución”. Él fue logrado bajo la presión y las amenazas de la izquierda y la cobardía de la centro derecha, que cede a todas las exigencias con la ilusión que así obtendrá tranquilidad. No se puede esperar otro resultado que el que tenemos por delante.

Credo; pasado, presente y futuro de Chile

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