Nuevo Arzobispo y ley de género

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En la semana que pasó hubo dos hechos que marcarán al País por años. El primero es el nombramiento del nuevo Arzobispo de Santiago, Monseñor Celestino Aós. El segundo es la promulgación de la ley de Identidad de Género.

¿En qué sentido se puede decir que marcarán al País?

En el primer caso, el nombramiento del Arzobispo, por la dimensión espiritual y magisterial que tiene la primera autoridad de la Iglesia en la arquidiócesis más poblada de Chile. En el segundo caso, la promulgación de la ley de género, pues significa rendirse a la ideología más anti cristiana que haya aparecido en Occidente sobre lo que significa ser persona humana.

Comencemos por recordar lo obvio; lo propio de un Pastor es dirigir al rebaño de los fieles católicos. Hace parte de su misión indicar los riesgos a evitar y señalar los caminos seguros para transitar. Es propiamente la esencia de la misión del pastor.

Para cumplir cabalmente esa misión es necesario que su lenguaje sea claro, sin ambigüedades y sin miedo al qué dirán. Ejemplo luminoso de esa actitud fue la de san Juan Bautista, que delante del adulterio del rey Herodes le dijo, sin ambigüedades: “no te es lícito”.

Ese es el deber del Pastor y es el derecho de los fieles.

Sin embargo, con cuanta tristeza lo decimos, precisamente en el día en que se conoce su nombramiento, el novel Sr. Arzobispo utiliza un lenguaje lo más impropio posible para dar a conocer su juicio sobre la ley de identidad de género, promulgada el mismo día de su nombramiento.

Como se sabe, la nueva ley permitirá que los hombres puedan registrarse como mujeres y viceversa. En el caso de los menores de edad también se podrá cambiar el registro con la compañía de los padres.  Todo para que la persona se convierta en lo que no es y deje de ser lo que en realidad es.

Esta inicua ley responde a la ideología del mismo nombre que sostiene que los hombres y mujeres no nacen como tales, sino que se construyen socialmente así. En consecuencia, ellos puede “deconstruirse” en nuevos géneros, y el Estado debe reconocer ese “derecho” y con frecuencia pagar por la “transformación”.

La ley es inicua porque establece lo contrario de lo que enseña el Génesis: “Varón y mujer los creó”. Y de esa negación resulta no sólo el fin de la persona humana como Dios la creó, sino de todas las instituciones que provienen de ese presupuesto, comenzando por la familia, la procreación de los hijos, su educación, la formación de su personalidad, etc. etc.

Al respecto, la Congregación para la Educación Católica publicó el pasado 10 de junio, el documento “Varón y mujer los creó”, donde señala los peligros y las últimas consecuencias de la aceptación de esa ideología.

Cabía esperar del nuevo Sr. Arzobispo que al menos hiciera mención a ese documento como a muchos otros que han sido publicados al respecto. Sin embargo su pronunciamiento fue, lo menos que se puede decir, ambiguo y con vacíos.

Según información de prensa Monseños Aós, consultado al respecto, aseguró que toda persona “merece respeto no porque ha nacido hombre o mujer, sino porque es persona”. (…) “es una pregunta técnica legal. No soy experto. Para nosotros, lo básico y fundamental es la persona”.

Con tales declaraciones Monseñor le da, quizá involuntariamente, un  respaldo a la ideología de género, pues separa lo que es la persona humana de su constitución física,  que es precisamente lo que afirma esa ideología y lo opuesto a lo que nos enseñan las Sagradas Escrituras, “Varón y mujer los creó”.

Peor aún, el Sr. Arzobispo se lava las manos diciendo que esa materia pertenece a los “técnicos” y no a él como maestro de la moral. ¿Quiénes son esos “técnicos”? ¿Los abogados? ¿Los jueces? ¿Los funcionarios del Registro Civil? ¿Los periodistas? ¿Y la moral católica no tiene nada que decir?

No podemos dejar de lamentar profundamente que las primeras enseñanzas del Sr. Arzobispo se aparten tanto de su papel de Pastor.

A lo anterior se debe sumar el hecho de que en esta misma semana circuló por las redes sociales una respetuosa carta de abogados católicos, uno de los cuales profesor de la Universidad Católica, objetando las declaraciones del Arzobispo en favor de una nueva Constitución.

Señalan los abogados, con razón, que en esa materia “técnica” no le corresponde asumir al Sr. Arzobispo una posición, pues al hacerlo fuerza las conciencia de los fieles en una materia claramente opinable.

Resumiendo: El nuevo Arzobispo prescinde de pronunciarse sobre aquello que le compete “ex natura propia” como es la ley de género y se pronuncia sobre aquello que no le compete, la oportunidad de una nueva Constitución.

Con todo el respeto que nos merece su nombramiento, hacemos votos para que el Divino Espíritu Santo lo ilumine y le haga ver que lo que los fieles esperamos de él, no es un discurso “políticamente correcto”, sino el que le debe ser propio: “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:37)

Credo; pasado y futuro de Chile. 

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