Nueva Zelandia, el atentado ideal … para el fundamentalismo islámico

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El atentado auto filmado de Brenton Tarrant en una mezquita de Nueva Zelandia con resultado de medio centenar de víctimas constituye sin duda un repudiable crimen y sus víctimas deben ser objeto de nuestras oraciones.

Sin embargo, si lo que el autor pretendía con este atentado era defender la causa de los “blancos” y oponerse a la penetración musulmana en Nueva Zelandia, bien se podría decir que “el tiro le salió por la culata”.

En efecto, de acuerdo a la vasta información de prensa, el criminal habría escrito en sus armas la fecha de 1683, cuando los mahometanos fueron rechazados de Viena y la batalla de Lepanto, en 1571. Por último su apoyo a Trump y a un ideólogo español de derecha, lo catalogan como “ultra derechista”.

Creemos que el atentado y la amplia cobertura mediática de la que ha sido objeto merecen un análisis.

En primer lugar, ¿su autor es realmente un “ultra derechista”?

A primera vista se diría que sí, pues todos sus referentes hacen parte de las posiciones de derecha y su crimen habría sido motivado por la defensa de esas mismas causas.

Sin embargo, esa visión simplista de la realidad olvida que ninguna de los ideales supuestamente defendidos por el asesino jamás promovió el crimen a mansalva de personas indefensas. Las dos guerras aludidas en sus armas -el cerco de Viena y la batalla de Lepanto- fueron actos de guerras defensivas promovidas por la cristiandad contra un imperio que amenazaba su Fe católica y su integridad territorial.

Por otra parte nunca la doctrina católica ha defendido la supremacía de ninguna raza en especial, toda vez que ellas constituyen la riqueza y la pluralidad de los hijos de Dios.

En resumidas cuentas, las ideas que según se dice habrían motivado el atentado no son de derechas y su procedimiento es lo opuesto a lo que la Iglesia Católica siempre enseñó.

Peor aún, el atentado le viene como “anillo al dedo” al fundamentalismo musulmán. En efecto, los repetidos crímenes promovidos por la Yihad en todo el mundo formaron la certeza de que hoy el Occidente libre y ex cristiano está sufriendo una nueva ola de ataques por parte del mundo musulmán, y que delante de estos ataques es necesario ser vigilantes y desconfiados de las promesas de islamismo “moderado”.

El crimen de Nueva Zelandia, perpetrado por parte de un “ultra derechista” es de molde a desmentir esta realidad y a mostrar que los “fundamentalismos” existen de parte a parte y que por lo tanto no se debe desconfiar de la penetración musulmana, sino de los “ultras” de ambas posiciones. Con lo cual se disminuye la prevención contra la evidente penetración del mundo musulmán en Europa y occidente y sus intentos hegemónicos.

Por lo anterior, insistimos, los tiros que dio Brenton Tarrant en la mezquita de Nueva Zelandia, le salieron todos “por la culata”. Ellos sirvieron, por ejemplo, para que de inmediato la Sra. Bachelet declarara: “El ataque islamofóbico de hoy es otro terrible recordatorio de que el racismo mata”.

Es decir, de acuerdo a la Alta Comisionada de los DDHH de la ONU, el culpable es la “islamofobia”, o sea, la prevención y desconfianza contra la invasión del Islam que, de acuerdo a su doctrina, profesa la eliminación cruenta de todos los “infieles”.

¿Podría haber algo más favorable para el fundamentalismo islámico?

Nos detuvimos en el caso porque no sería extraño que hechos similares se repitan en el futuro y es necesario desde ya separar las aguas.

La auténtica derecha, la que se basa en los principios del Magisterio Católico y en del derecho natural, no procede así ni necesita recurrir al crimen para defender su causa.

Credo; pasado, presente y futuro de Chile

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