No tomar su santo nombre en vano

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La semana pasada el Obispo de Los Ángeles puso el dedo en la llaga. Llamó al Partido Demócrata Cristiano a cambiar su nombre y borrar la palabra “cristiano” de su leyenda.

En carta al Director de “El Mercurio” del lunes 26 de septiembre, Monseñor Felipe Bacarreza escribió, “por coherencia y autenticidad, ese partido no debería llamarse ‘cristiano’. Insistir en llamarse ‘cristiano’ induce a error respecto de la identidad de ese partido”.

No fue sólo él que hizo tales afirmaciones. El Obispo de Los Ángeles agregó en su carta que “eso es lo que hizo notar el obispo de Punta Arenas. El senador Ignacio Walker, en realidad, no hace más que darle la razón. El partido debería cambiar de nombre”.

A los dos Obispos mencionados hay que sumar el de la Diócesis de Chillán, Monseñor Carlos Pellegrin, quien, en artículo publicado el pasado Domingo en el diario de esa ciudad,  recordó la debida coherencia entre el nombre de “cristiano” y la acción política de quienes así se hacen llamar: “con qué facilidad vemos cómo el nombre de cristiano se usa cuando conviene y trae votos, mientras cuando no, se le pone apellido para desfigurar una inconsecuencia moral”.

El hecho es sumamente grave para el futuro político la Democracia Cristiana.

Como se sabe, ella nació, creció y tomó el poder político en 1964 gracias al apoyo eclesiástico. El mismo Presidente Frei Montalva declaró que nunca la DC habría llegado al poder, sino hubiera sido por los cambios dentro de la Iglesia. Fueron esos cambios los que llevaron a que el partido, de acuerdo a lo expresado por el Cardenal Silva Henríquez, “naciera al alero de la Iglesia”.

Pero resulta que la DC del 2016 ha llegado a una tal entrega de todos los principios “cristianos”, que se hace completamente imposible para las autoridades eclesiásticas poder acompañarla. La aprobación del aborto por parte de sus parlamentarios será un Rubicón que los Pastores no podrán cruzar.

De ahí que el problema de la “confesionalidad” o no de la DC, con que intenta contra argumentar el Senador Walker, es completamente secundario ante una realidad que le podrá ser fatal. La DC públicamente  dejó de tener el apoyo de quienes le dieron el certificado de autenticidad cristiana.

¿Qué podrá hacer la DC ahora?

Volver para atrás es muy difícil -y, diríamos imposible- en la lógica de la alianza con el PC en que se encuentra. Si avanza más, pierde los restos aguados de su nombre, y con ello a los votantes que confiaban en su carácter “cristiano” y moderado.

¿Definirse como partido de izquierda sin matices? Es lo que más abomina la DC. Cualquier definición es para ella lo mismo que el agua bendita para el demonio, equivaldría a un exorcismo que la haría desaparecer, pues la ambigüedad es su hábitat.

Las próximas elecciones legislativas mostrarán hasta qué punto la DC es mucho más una pesadilla del pasado que un peligro del presente.

El gran pecado de la DC fue contra el segundo Mandamiento: “No tomarás su santo nombre en vano”. Los democratacristianos tomaron en vano el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Y hoy ese pecado está siendo juzgado por toda la Nación.

***

Este juicio se hace tanto más implacable cuando recientemente el Centro de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica dio a conocer un sondeo para determinar los atributos que más toman en cuenta los votantes al momento de escoger su candidato. La palabra que más se repitió fue “honestidad”.

¿Cómo podrá enfrentar a su electorado un Partido que le miente a sus electores desde el nombre con que se presenta?

Ahora, tal exigencia de “honestidad” no le pasará la cuenta sólo a la DC. Todo el espectro político debe presentar sus principios y sus objetivos políticos también con igual honestidad.

Es decir, aquellos que son de izquierda, no deberán disimular sus posiciones como si fuesen de centro. Y más aún, quienes pretenden revertir este Gobierno de “retroexcavadora”, no deberán presentarse como meros “maestro chasquilla”, que quieren retocar lo que hizo mal la Nueva Mayoría.

La “honestidad” no sólo consiste en no apoderarse del dinero ajeno. En política ella exige, como requisito primario, ser consecuente con sus principios,  no defraudando a su electorado con posiciones simuladas que no son reales. Y en esto, quienes más pecan son normalmente los candidatos de centro derecha, pues piensan –equivocadamente- que el electorado es masivamente de izquierda.

En todo caso, lo que es evidente es que el electorado no es tonto, y no le da crédito a quienes simulan ser lo que no son. La DC lo puede decir, ella se llamó de “cristiana” y hoy nadie le cree.

Que no ocurra otro tanto con los candidatos de la oposición.

© Credo Chile.

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