Mirando al cielo

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Hay ciertas semanas en que las noticias son tan malas que no dan ganas de escribir sobre ellas. Es como cuando muere un pariente muy cercano, se llora pero no se escribe.

Es lo que nos pasa a nosotros en estos días. Para donde se mire no hay sino destrozos y previsiones de otros desastres. Todo va a la baja y los causantes gozan de buena salud y continúan impávidos sus fechorías.

El “pariente” continúa en su agonía, cada vez más débil, más comprometido el resto de vida que le queda y, sin embargo, pareciendo no darse cuenta de que le queda poco tiempo…

Es como un organismo contagiado de SIDA al cual lo atacan todas las pestes y no es capaz de generar ningún anticuerpo, pero quiere seguir divirtiéndose mientras le queda algo de vida.

¿Puede haber situación más lamentable?

Lo peor es que el SIDA lo contrajo con culpa. Fue la de entregarse al gozo de la vida, despreocupadamente, pensando que teniendo dinero y salud todo iba bien. Las virtudes morales y los principios religiosos quedaron en el más negro de los olvidos.

El Gobierno, que esta semana vio a su ex Ministro del Interior “decapitado” por el Parlamento y a su Presidente en un virtual “jaque mate”, del cual se escapó sólo por algunos votos, no es inocente de esta situación.

Ninguno de los dos Gobiernos del Presidente Piñera ha sido una excepción delante de este abandono. La ley de aborto, aprobada por Bachelet no ha sido ni discutida. Fue aceptada como un hecho consumado. La ley de protección de la identidad de género, estimulada por Chile Vamos. La unión civil de los homosexuales, salió de un proyecto del Senador Allamand, y así por delante.

Los saqueadores no han hecho otra cosa sino llevar al paroxismo lo que otros han iniciado.

Los espíritus liberales piensan que renunciando a algunos principios morales, como son la honestidad de las costumbres, la disciplina en los colegios, la coherencia en las políticas públicas, etc., todos quedarán contentos y nadie exigirá más de lo que se está entregando.

Vana ilusión.

Cuando se concede un poco al vicio, por menor que sea, éste no se sacia, al contrario, se ceba. Es lo que pasó con los colegios “emblemáticos”, el Instituto Nacional, el Barros Arana, el Liceo de Aplicaciones y otros del género.

Allí se permitió de todo y nada fue suficiente. Esta semana se informa que habrá mucho más vacantes que solicitudes de admisión. O sea, el emblema de la educación y de la exigencia escolar, por el suelo.

Esto no es el resultado de un mes, ni de un año. Es la consecuencia fatal de décadas de enseñanza permisiva, contemporización con los paros y con la ideologización marxista de los estudiantes. Recuerdo un trabajo para los escolares mandado durante el gobierno Bachelet 1, con la siguiente frase: “Haz lo que quieras, donde quieras, con quien quieras”.

¿Se puede esperar otra cosa que bombas molotov y lujuria?

Lo que Chile está sufriendo no es otra cosa que el olvido de lo que Nuestro Señor nos enseñó: “Sin Mí nada podéis hacer.”

Esta máxima no se limita a tener un crucifijo en la casa o una capilla en la Moneda. Es la obligación de orientar todas las acciones, las privadas y las públicas, de acuerdo a lo que Él nos enseña. Es vivir de acuerdo a sus divinos preceptos.

“A Dios queremos en las escuelas, en las leyes y en el hogar” se cantaba hace años atrás en las Iglesias, cuando todavía los párrocos y fieles anhelaban la gloria de Cristo Rey.

Sin embargo, no todo es lamento. Al contrario.

La nota esperanzadora la dieron los cerca de 800.000 peregrinos, quienes a lo largo de la semana del 8 de diciembre se dieron cita junto a la imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción en Lo Vázquez. Y los otros cientos de miles que se congregaron en los distintos santuarios consagrados a la Inmaculada a lo largo de todo el territorio nacional.

Más de un millón de fieles sobre los cuales no se habló y tampoco fueron tema de titulares en los medios periodísticos, pero que constituyen la esperanza de la nación.

Sí, cuando hay aún Fe en la población todo se puede esperar. Las reacciones salvíficas son posibles, pues se guarda un vínculo con Aquella que es la mediadora de todas las gracias, la Madre de Dios.

Es lo que nos anima a escribir estas líneas, mirando al cielo y esperando su intervención.

Credo; pasado y futuro de Chile.

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