¿Ministerio de la familia, de familia, de todas las familias…?

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La prensa de esta semana notició que el “Presidente firmó un proyecto que crea el Ministerio de Familia y Desarrollo Social”.

En principio nada podría ser más oportuno, pues los sucesivos gobiernos de la Concertación y NM consideraron que las personas venían al mundo como individuos aislados y se mantenían así hasta el fin de sus días. Crearon los ministerios y servicios de la mujer, del menor, etc., pero nunca quisieron reconocer la existencia de la familia como célula básica y fundamento de la sociedad, además de combatirla sin tregua por medio del divorcio, del laicismo, del aborto, etc.

En sentido opuesto el Presidente Piñera expresó en la oportunidad: “Nuestro modelo o ideal de sociedad no es una sociedad de individuos aislados (…), tampoco es uno donde el Estado es todopoderoso”.

Hasta aquí, la medida y su inspiración sólo merecen aplausos.

Sin embargo, en el mismo momento en que el Presidente firmó el proyecto, borró con el codo sus buenas intenciones.

En efecto, Piñera declaró en la ceremonia que “hay muchos tipos de familia, todas son respetables, todas merecen dignidad y el Estado tiene que apoyar, acompañar, promover y facilitar el desarrollo de todas las familias (…) la familia se puede definir de muchas maneras, pero hay algo que la caracteriza y que la hace única e insustituible: es el lugar donde nacen, se crían y se forman nuestros niños”.

Curiosa y clamorosa contradicción. Al mismo tiempo que sostiene que “todas son igualmente respetables”, define a la familia de un modo que pone de fuera las uniones homosexuales, pues en ellas obviamente no “nacen”, ni “se crían”, ni se “forman nuestros niños”.

Por su parte el novel Ministro de Familia, Sr. Moreno, declaró en la ocasión que “la definición de familia del proyecto corresponde a ‘personas que comparten o no un parentesco, pero sí comparten un cariño, un aprecio, un interés de protección común y que, generalmente, viven bajo un mismo techo y comparten un mismo presupuesto’”.

La definición del Ministro corresponde ipsis literis a la que formuló, en su momento, la Ministra de Planificación de la Concertación Clarisa Hardy, (2006-2008), conocida por su posición liberal y socialista.

¿Corresponde que el Gobierno de centro derecha tome como definición de familia exactamente la misma de un Gobierno que no consideró nunca a la familia como centro de sus políticas?

Obviamente, no.

En primer lugar, de acuerdo al artículo 1° de la Constitución, “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. (…) Es deber del Estado (…) dar protección a la población y a la familia, propender al fortalecimiento de ésta”.

Ahora, cuando un gobierno considera iguales a la familia natural, monogámica, indisoluble y heterosexual, con “todo tipos de uniones que compartan presupuesto y afecto”, se comete una grave injusticia contra la primera, pues le otorga a ésta, lo mismo que a las otras formas de relacionamiento que son completamente diferentes en sus compromisos y en sus efectos para el bien común.

De las primeras, naturalmente vendrán los hijos, serán alimentados y educados. De las segundas, vendrán o no vendrán, serán o no serán educados, de acuerdo al capricho y veleidad de los “convivientes bajo el mismo techo”, las que durarán lo que pueda durar el “afecto”.

En segundo lugar, cuando el Estado se muestra “neutro” a cómo se constituye la familia, no la está protegiendo ni fortaleciendo. Al contrario, la está debilitando, pues –como se sabe– “la oportunidad hace al ladrón”, y siempre será más fácil constituir uniones efímeras que durables. Ponerlas en igualdad de condiciones delante de la ley, es estimular lo fácil, o sea las uniones efímeras y sin compromiso para “toda la vida”.

Prueba de lo anterior es que las uniones civiles, en su gran mayoría, han sido realizadas entre personas heterosexuales que no quieren “amarrarse” en un matrimonio.

Por eso la medida en comento, nos deja un sabor dulce y amargo. Dulce en aquello que constituye un reconocimiento a la familia; amargo por el hecho de que no se la quiera definir correctamente por miedo a enfrentar a la oposición, entre otras razones porque lo que gran parte de la izquierda desea son uniones efímeras.

Ex mandatarios critican al Vaticano por respuesta a crisis regionales

Otra noticia a destacar es la que informa sobre un rechazo de veinte ex Jefes de Estado de España y América del Sur, adscritos a la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), entre los cuales se encuentra el ex presidente chileno Eduardo Frei, ante la omisión que ha tenido la diplomacia vaticana en condenar la situación de genocidio que está sufriendo la población de Nicaragua y Venezuela.

Los firmantes respaldan a las Conferencias Episcopales de Nicaragua y Venezuela y expresan su “preocupación por el silencio, la celosa prudencia, o el giro de comportamiento de algunos actores fundamentales de la opinión mundial, como el Estado Vaticano (…), ante las atrocidades que hoy ocurren en América Latina a manos de gobiernos abiertamente dictatoriales”.

La declaración es oportuna y justa. En realidad no se acierta a entender la diplomacia vaticana, cuando dos países mayoritariamente católicos, como son Nicaragua y Venezuela, están sufriendo una sangrienta persecución, con profanación de iglesias, y atentados criminales contra la población e inclusive ataques a las autoridades eclesiásticas locales.

Esta situación se ve agravada al constatar que, al mismo tiempo que se toma esta distancia con relación a esta gravísima situación, el Papa Francisco recibe, más que cordialmente, a Evo Morales, quien se ha manifestado en varias ocasiones solidario con los dictadores de ambas naciones.

Escuálida presencia en marcha abortista

Por último, conviene registrar la escasa convocatoria que tuvo la anunciada marcha feminista exigiendo aborto libre.

Las organizadoras habían anunciado la asistencia de 100.000 personas en Santiago. De acuerdo con información de la Intendencia apenas llegaron 15.000. Otras informaciones hablan de 9.000 asistentes.

Para “paliar” la diferencia, las organizadoras dijeron que sumados los actos en todo el País, darían las 100.000 previstos. Sólo que se abstuvieron cuidadosamente de dar las cifras de cada región, por evidente miedo a ser desmentidas.

No obstante lo anterior, la ex presidente Bachelet se apresuró a hipotecar su apoyo a las abortistas: “Hay hombres que ante este movimiento de las chiquillas han encontrado argumentos para estar en contra. Es bueno que las mujeres hayan decidido decir: ‘¡Basta!'”.

La ex Mandataria parece no percibir que “las chiquillas” están promoviendo el asesinato indiscriminado de los no nacidos. O sea, las “chiquilllas” son virtuales asesinas. El “Basta” de ahora, es como quien se saca la careta y dice, “ahora puedo decir lo que pienso”, ¡“Basta” de defensa del niño por nacer!

Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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