Los “Problemas de agenda” de la Sra. Bachelet.

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Según el Ministro Secretario de Gobierno Marcelo Díaz fueron “problemas de agenda” los que impidieron la presencia de la Presidenta Bachelet en la cena anual de los empresarios reunidos en la SOFOFA.

La razón puede ser verdadera; el problema es que quien establece la agenda es la misma Presidenta y ella la dispone conforme los compromisos que estima más importantes. De modo que, cuando el Ejecutivo cancela un compromiso por “problemas de agenda”, en el fondo está enviando otro mensaje: los empresarios no tienen mucha importancia para el crecimiento de Chile.

Ahora, ese mensaje es muy preocupante, por varias razones. En primer lugar, porque el País atraviesa por un período de casi recesión y, sin la colaboración activa del mundo empresarial, que es el principal motor de una economía sana, esta situación sólo se agravará.

En segundo lugar porque,  para que los empresarios puedan cumplir su rol de invertir y de dar trabajo, necesitan contar con un clima de confianza que les otorga el respaldo y aval subsidiario del Estado. Y, si el Gobierno les “quita el piso”, ellos no pueden cumplir su papel, con lo cual el País no sale de su estancamiento.

Por último, este problema de “agenda” está indicando que la Presidenta considera que con la iniciativa del Estado se resuelven los problemas de la economía nacional, se aumentan los empleos fiscales y se reparte más justamente el dinero.

Resumiendo, más allá del “problema de agenda” hay un verdadero asunto ideológico. Es decir, la concepción de que el Estado, y no los particulares, es el primer motor del empuje económico.

Fue la misma posición y el mismo gesto que Allende tuvo con la directiva de la SNA el año 1972 al inaugurar la FISA. Los dejó esperando porque no le gustó el discurso presentado por el presidente del gremio. Un año después no había harina ni para tres días.

De poco vale el “premio de consuelo” que fue la reunión en la Moneda. Quizá habría sido mejor que los empresarios hubieran dado otra señal, no asistir  alegando “problemas de agenda”. ¿Acaso los empresarios no tienen también ellos, mil actividades y responsabilidades en sus empresas? Ir a la Moneda después de este desaire, en cierto sentido fue consentir en el mensaje estatista que Bachelet quiso enviar. “Somos nosotros (el Estado) y no Uds. (los empresarios) los que sostenemos la economía”.

Y los gestos a veces valen más que mil palabras…

 

Registro Civil, AUC e igualdad ante la ley.

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Esta semana el País experimentó nuevamente lo que es un paro de un organismo vital del aparato burocrático moderno: el  Registro Civil. En esta semana, en Chile  nadie nació, nadie murió, nadie se casó. Buena señal de lo que serán las huelgas con la nueva reforma laboral y la prohibición al empleador de colocar personal de reemplazo.

Pero estamos exagerando si decimos que no se produjo ningún registro en este organismo del Estado. El Gobierno consideró prioritario que las uniones civiles conocidas como AUC (Acuerdo de Unión Civil) fueran celebradas a todo evento, e hizo todas las gestiones para que ellas sí pudieran ser registradas.

Así el País pudo ver unas pocas decenas de uniones, (llamó la atención su bajo número) de quienes se vistieron como para un matrimonio, siendo que, de tal, esa unión no tiene nada.

A primera vista, y dada la urgencia que pusieron tanto el Gobierno de Piñera cuanto el de Bachelet para aprobar esta ley, se diría que los funcionarios no darían abasto para atender tantos requerimientos. Pero estos fueron tan pocos, que inclusive en medio del Paro, los “contrayentes” no tuvieron que esperar.

Nuevamente las “prioridades de agenda” del Gobierno Bachelet se hicieron sentir. Los únicos privilegiados que fueron atendidos fueron algunos  homosexuales y lesbianas y unos pocos heterosexuales que no se querían casar. Quienes querían contraer un matrimonio normal no pudieron acceder a su deseo. Los otros, como miembros de una casta privilegiada, pasaron por delante contraviniendo la igualdad ante la ley.

Otra señal que vale por mil palabras…

 

¿Delitos comunes?

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Una palabra sobre la Araucanía.

Permanentemente la autoridad gubernamental  niega la naturaleza terrorista de los atentados que allí se vienen sucediendo, casi ininterrumpidamente, hace ya varios años. Ahora, la pregunta obvia para saber si los delitos perpetrados son comunes o terroristas, es saber qué es lo que caracteriza a unos y otros.

 

Es la pregunta clásica del juez para detectar al culpable: ¿a quién se beneficia el delito?

Cuando el “beneficiario” del delito es el que lo perpetra y sus cómplices directos, decimos que estamos delante de  un delito común, pues está en la lógica habitual del delincuente beneficiarse del botín alcanzado. Al contrario, cuando nadie se beneficia del delito, sino que éste sólo se destina a causar miedos a los afectados y a su entorno, decimos que es un delito destinado a causar temor. De ahí su nombre de delitos “terroristas”.

Por este motivo, llama la atención que delante de una tal seguidilla de atentados criminales sin ningún beneficio para sus autores -al contrario con el riesgo de ser detenidos y encarcelados-  y con el claro propósito de amedrentar a  la población local, la autoridad competente siga insistiendo en que se trata de delincuencia común.

Peor aún, esta semana pasada, frente al último atentado a 8 vehículos de una empresa forestal con pérdida de $1.800, el Jefe Zonal de Carabineros se sumó a la versión gubernamental declarando que se trataba de “delitos comunes”.

Cuando se intenta esconder la naturaleza del delito, obviamente se dificulta su persecución y se agrava la infección. Es lo que reclaman, con justa razón, los afectados.

 

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