Las Farc y el “ex guerrillero”

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Después de varios meses de desaparecidos, los líderes de las FARC reaparecieron anunciando que retomaban las armas y desahuciando el acuerdo de paz firmado en Cuba con el ex Presidente Santos.

El hecho en cuestión arroja importantes luces sobre un tema que se comentó en nuestro País respecto al asesino del Senador Jaime Guzmán, Hernández Norambuena.

¿Existen los ex guerrilleros?

Un observador superficial diría que sí. Que personas que se extraviaron del camino de la legalidad pueden retomarlo con facilidad, una vez que se percatan de su error y se les proporcionan los medios para una subsistencia honrada y pacífica.

Veamos los hechos de Colombia. Después de más de medio siglo de acción revolucionaria y habiendo cobrado más de doscientas mil muertes, incontables secuestros, robos, extorsiones, violaciones y un sinfín de delitos de lesa humanidad, sus líderes firmaron el acuerdo que les propuso el ex Presidente Santos.

Tal acuerdo les daba todas las garantías para su existencia pacífica. Les otorgaba impunidad de sus delitos y el privilegio de acceder al Poder Legislativo sin necesidad de ser electos. ¿Qué más podrían necesitar para abandonar las armas?

Sin embargo, poco después de firmado el acuerdo, algunos de sus principales firmantes desaparecen y esta semana vuelven a aparecer, comunicando que retoman las armas y las mismas acciones que protagonizaron hasta hace pocos años.

La explicación de esta actitud no es difícil de comprender. En efecto, quienes salen de las vías de la legalidad para practicar los delitos que caracterizan la guerrilla, no lo pueden hacer con facilidad. Ellos rompen todos los reparos de su propia conciencia, sofismando que lo hacen por el bien de la “causa” a la que se consagran.

La primera violencia que un guerrillero practica es contra sí mismo. Es la negación de la ley natural y de su propia conciencia que le exigen lo contrario de lo que él hace. Una vez que él rompió esa ley, todo el resto viene en consecuencia.

Algún lector podría objetarnos que San Pablo también ayudó a los asesinos de San Estaban y que, sin embargo, él después cayó en sí y se convirtió, y que, por lo tanto, un guerrillero también puede arrepentirse y cambiar de vida.

En tesis no lo negamos. Sin embargo, esas conversiones a la San Pablo son muy difíciles y casi milagrosas, pues no es fácil, para quien se embreñó en el camino de la perdición, reconocer su propia falta y enmendar el camino.

De ahí que frecuentemente los “ex guerrilleros”, cuando se acaban los argumentos de “la causa revolucionaria”, pasan a practicar los mismos delitos para su provecho personal.

La historia de Hernández Norambuena, de Palma Salamanca y de tantos otros “ex guerrilleros” nos demuestra la coincidencia de sus actitudes con las de los líderes de las Farc. Llama la atención que la prensa no ha informado, respecto al primero, ninguna actitud del más mínimo gesto de pesar por los crímenes, delitos y abusos cometidos.

Más aún, las fotografías publicadas del comparendo delante del juez Carroza, dan la impresión de dos profesionales que se juntan para debatir asuntos de interés común. Los dos están en el mismo plano, los dos se tratan con cierta consideración y cortesía, los dos se presentan urbanizados y limpios y la prensa llama al asesino, de “ex guerrillero”.

¿Hay algo de malo en esto?

Sí, es el ocultamiento de la verdad y la preparación psicológica para aprobar una rebaja de la pena. Es precisamente lo contrario de lo que se ha hecho con la imagen de los militares. Ellos son siempre los “malos”, los “inconversos” y por lo tanto a quienes no se les puede ni debe indultar.

Hay en estas dos actitudes delante de los “ex guerrilleros” y de los militares una profunda injusticia. La de dar credibilidad a los asesinos contumaces y desconfiar sistemáticamente de los defensores del orden.

¿Por qué sucede esto? Obviamente, porque hay en diversos ambientes una afinidad y simpatía subyacentes por los que desean destruir el orden cristiano y una apatía hostil de ellos por quienes se esfuerzan por defenderlo. Algo que es necesario considerar para impedir que Chile sea lanzado al abismo.

 

Credo; pasado, presente y futuro de Chile

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