Las elecciones: el fin de los “matices”

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Si una elección pudiera ser comparada con la radiografía de un paciente, y si la izquierda puede ser comparada con un cáncer,  diríamos que el resultado de la radiografía de Chile es preocupante y grave.

¿Qué es lo que ella indica?

En primer lugar, que la mancha cancerosa se  radicalizó en una parte ponderable del organismo de este enorme paciente.

Visto de frente, los resultados señalan dos claros “vencedores”. En primer lugar los que se abstienen de concurrir, que sigue siendo la mayoría absoluta de los chilenos;  y, en segundo lugar, el Frente Amplio, con una leve diferencia del 2% con Guillier.

Hoy el triunfo del candidato de la izquierda  en segunda vuelta, parece estar garantizado. Con la simple suma de todos los candidatos de ese conglomerado, Guillier ya sería el próximo Presidente. Sin embargo, para ello deberá “radicalizar” aún más su discurso, lo que no le costará mucho.

¿Quiere decir que está todo perdido para el candidato de la oposición?

No pensamos así. Piñera deberá convencer a esos no votantes –que constituyen la mayoría del País-  que si se mantienen en su actitud prescindente, Chile puede transformarse en la próxima Venezuela de América Latina.

No se trata de hacer una “campaña del terror”, sino solamente de mostrar lo que es el programa del Frente Amplio. Porque el fiel de la balanza, para la izquierda, hoy se decide más en el Frente Amplio de Sánchez, que en la Fuerza de la Mayoría de Guillier.

En realidad, la gran perdedora de las elecciones fue la política de los “matices”. Ella fue barrida –junto con sus propulsores de la Democracia Cristiana – del escenario político nacional, con un vergonzoso 5%.

Así, la segunda vuelta se hace mucho más ideológica de lo que fue la elección del domingo pasado. El optimismo que contagió a todos los anti izquierdistas en el período previo a esta primera vuelta, desaparece también del escenario para dar lugar al enfrentamiento de dos tipos de país, enteramente opuestos.

Un Chile cristiano que no quiere romper con su pasado, y un Chile agnóstico y amoral, que pretende cortar todas sus raíces, encaminándolo hacia el abismo en que hoy se encuentra Venezuela.

En este sentido, el buen resultado obtenido por José Antonio Kast, demostró que existe una importante reserva moral que se sintió interpretada con el discurso del candidato. Se trata ahora de movilizar a aquellos que piensan de modo similar, pero quizá creyendo que la elección ya estaba ganada, pensaron que sus votos eran dispensables.

Si se consigue despertar a los indiferentes y movilizar a los perezosos, todavía quedan posibilidades que el cáncer no mate al paciente. Pero para que ellos salgan de su indiferencia y se movilicen,  hay que mostrarles las consecuencias que tendrá su actitud.

¿Qué hace un médico con un paciente que no quiere tomar la medicina o no quiere cumplir el régimen necesario para combatir la enfermedad? Simplemente le muestra todas las consecuencias que su actitud le traerá en perjuicio propio.

¿Significa eso que Piñera deberá “derechizar” su discurso?

No se trata de “derechizar o izquierdizar”. Lo que significa sí, es que él no debe caer en la ilusión que entrando por la vía de las concesiones a los postulados del adversario político, podrá atraerse el apoyo de los no votantes. Estos sólo se movilizarán en defensa propia, y para ello hay que mostrarles que serán gravemente perjudicados en la vida de todos los días si triunfa Guillier.

Lo mismo valdrá para quienes resultaron electos por Chile Vamos al Parlamento.

La peor estrategia será la de recurrir a “los matices”. Ellos, gracias a Dios, parecen estar desterrados. Y decimos gracias a Dios, pues Él nos enseñó, “sea tu lenguaje sí, sí; no, no, porque lo demás viene del maligno”.

Es lo que nos sugiere el análisis de estas elecciones.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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