Las contradicciones del Partido Comunista y la Guerra justa

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El discurso permanente del PC chileno, y de todos los que apoyaron la vía violenta para el derrocamiento del Gobierno militar, fue que esta era la única forma para obtener el fin del régimen.

El año pasado el diputado Tellier declaró a radio Cooperativa, que cuando ocurrió el atentado al General Pinochet, con resultado de muerte de seis de sus escoltas, “nosotros ya teníamos miles de víctimas a costa nuestra, víctimas de la dictadura. Nosotros no iniciamos el golpe, no iniciamos la violencia”.

Siguiendo la misma lógica, hoy los venezolanos no excluyen ningún tipo de acción que pueda terminar con un régimen que los llevó a la peor situación de su historia independiente. Argumentan también los venezolanos que no son ellos los que han comenzado con la violencia, sino el propio régimen y sus sostenedores cubanos.

En efecto, de acuerdo al diario español “El Mundo”, “Desde la llegada de Chávez al poder hasta hoy, sumando los seis años de Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores, se contabilizan en torno a 330.000 muertes violentas, cuando en 1998 apenas sumaban 4.550.”

El hombre tiene una media de 5 litros de sangre, lo que da que en la épocas del socialismo bolivariano se derramaron uno 1.650.000 litros de sangre por su culpa…

Sin embargo, los comunistas chilenos, que ayer consideraban legítima la vía violenta, rompen hoy sus vestiduras por la posibilidad de que los venezolanos quieran alcanzar por esa misma vía el derrocamiento final de Maduro.

Similar contradicción vive la izquierda católica. Sus principales personeros durante el gobierno militar chileno declararon que, de acuerdo a la doctrina de Santo Tomás de Aquino, si no existía otro medio de deponer a un tirano, el recurso a la violencia era perfectamente lícito.

Como se recordará, el fallecido Obispo de Linares, Monseñor Camus, llegó a declarar que los asesinos de la escolta del Gral. Pinochet había sido unos “héroes nacionales”. Para él, los ejecutores del ataque al criminal, desde el punto de vista moral “no tienen tanta culpa”, “porque les habían declarado la guerra y ellos hicieron su guerra”.

¿Qué dice entonces Santo Tomás sobre la licitud del “tiranicidio” y de la guerra?

La doctrina de Santo Tomás es bastante más matizada de la versión que dieron en su momento los teólogos de la liberación para “justificar” el magnicidio contra el Jefe de Gobierno. Sin embargo, la doctrina del gran Doctor de la Iglesia sobre la licitud de una guerra es mucho más precisa.

Santo Tomás de Aquino, basándose en Agustín, escribe al referirse a la guerra justa: “Para que la guerra sea justa, se requieren tres condiciones:

Primera: la autoridad (legítima) bajo cuyo mandato se hace la guerra. (…)

Segunda: Se requiere causa justa. Es decir, que quienes son atacados lo merezcan por alguna causa. (…)

Tercera: Se requiere, finalmente, que sea recta la intención de los contendientes; es decir, una intención encaminada a promover el bien o a evitar el mal. (…).”

Al recordar esta doctrina, no queremos decir que todas estas condiciones se aplican actualmente a la situación que vive Venezuela. Pero sí, es necesario recordar que dentro de la doctrina católica tradicional siempre se sostuvo que la guerra era legítima cuando cumplía con estas condiciones y que es el caso de analizarlas para la solución de la situación de opresión que vive esa nación.

Por las mismas razones afirmamos que la guerra promovida por el Partido Comunista contra las autoridades del Gobierno militar era completamente ilegítimas, pues ella era declarada por un partido ateo y su fin no era otro que la imposición del régimen más contrario a la moral cristiana: el marxismo.

Descartar, a priori cualquier recurso a la fuerza, en el caso de Venezuela, parece desconocer la hipótesis de una guerra justa, lo que, como vimos, no está conforme a la doctrina católica.

A lo anterior se debe sumar la evidencia, una vez más, de que a los comunistas sólo les interesa la imposición de su régimen. Para ellos la violencia es lícita cuando es para ese fin, y es ilícita cuando es para deponer a uno de los suyos…

Credo; pasado presente y futuro de Chile

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