Las candidaturas y la poderosa Sra. Abstención

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Una regla fatal de todos los malos gobiernos es que, mucho antes de entregar el mando, ya se pelean la sucesión. El Gobierno de la Presidente Bachelet no es una excepción a esta regla.

Así, los diversos candidatos, provenientes de todos los cuadrantes y sub cuadrantes del actual panorama político nacional, ya están compitiendo para mostrar las cualidades que los harían preferibles unos en comparación con otros.

Pero esta competencia, hasta ahora, se ha caracterizado por el mismo ambiente que viene marcando todas las últimas elecciones presidenciales: personajes políticos “autistas” que viven en un mundo propio y completamente ajenos a cualquier sintonía con el país real, con el hombre de carne y hueso, con las “Sras. Juanitas” que conforman la gran mayoría del País.

Este divorcio entre el mundo político y el mundo real quedó patente a partir del voto voluntario. La gran triunfante de la últimas elección presidencial fue la Sra. Abstención,  que obtuvo más del 50% del cuerpo electoral registrado.

Un ejemplo de la distancia entre el país real y el oficial fue el Gobierno Bachelet. Sus “creativos” construyeron el Programa sobre un falso presupuesto. El Chile real querría acabar con la desigualdad, por lo que, mientras más igualdad le demos, más contento quedará.

En coherencia con este falso presupuesto, los proyectos del oficialismo fueron orientados, sin excepción, para alcanzar la máxima igualdad.  El Ministro Eyzaguirre lo graficó de modo gracioso, pero que sonó trágico para las familias reales: “hay que sacarle los patines” a los niños que tienen.

Tan equivocado estaba el diagnóstico de los analistas de la “Nueva Mayoría” (sic) que al final del mandato de la igualdad, éste se encuentra con un 22% de las adhesiones, y peor aún, con un 72% de rechazo.

Los candidatos de la oposición que se pelean la opción presidencial deberían estar atentos a esta experiencia fatídica para la izquierda y comprender la lección que arroja: el Chile actual no quiere igualdad, quiere progreso para todos, lo que es muy diferente.

Sin embargo, los políticos de la centro derecha parecen no prestar mucha atención a las causas del fracaso Bachelet, y sus discursos y promesas, en general, no se apartan de vagas promesas populistas, más o menos similares a las que prometió Bachelet, sin abordan los verdaderos anhelos de progreso que el país manifiesta.

Pero, por otro lado, existe un aspecto de orden sociológico muy importante y que los políticos parecen no querer considerar. Es que los dirigidos, en cualquier orden de cosas, para obedecer a sus autoridades necesitan ver en ellas una imagen de desinterés y generosidad.

Y, si hay algo que ha caracterizado a la clase política ha sido precisamente su falta de generosidad y desinterés por el bien común. Los cargos se pelean como “cotos de caza” donde el más fuerte, o el que cree serlo, se queda con el botín. Las alternancias de candidatura de Lavín entre Santiago y Las Condes, no han dejado una impresión muy  diferente del antiguo candidato a Presidente.

Pero, objetará algún lector, esto no tiene nada de nuevo, es lo propio de la política que tenemos hace ya más de dos décadas.

La objeción es verdadera. Pero ella no toma en cuenta las graves consecuencias que esta verdad producirá, cada  vez con mayor perjuicio, para la sociedad.

Cuando los electores comunes, como el que escribe estas líneas, no encuentran entre las opciones que se presentan para ocupar la suprema magistratura, ninguna que les parezca estar a la altura de lo que ambicionan, lisa y llanamente no concurren a votar.

Y cuando los que no votan, son cada vez más, el resultado es que los candidatos electos representan cada vez menos.

Y, finalmente, cuando las autoridades no representan al país real, ellas difícilmente consiguen gobernar, pues los subordinados no las reconocen como legítimas. De ahí  a la ingobernabilidad y al caos, hay sólo un paso, fácil de transponer.

Como el lector puede apreciar, mientras la Sra. Abstención continúe consiguiendo el respaldo de la mayoría de los chilenos, el candidato que resulte electo, dentro de los muchos que hoy aspiran al cargo, difícilmente será considerado como el auténtico Presidente de Chile.

Si no, que lo diga la actual Presidente de los chilenos…

©Credo Chile

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