Las “cajita feliz” del Gobierno Bachelet

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Hay dos trazos que caracterizan la personalidad de la Presidente Bachelet. Ella es socialista y es médica.

Como socialista, considera que todos los chilenos somos menores de edad a quienes hay que guiarlos y educarlos. Como médica, ella piensa que tiene quince millones de pacientes a quienes debe recetar y cuidar.

Así, no extraña que su gobierno se haya auto impuesto la tarea de recetarnos el menú diario, las calorías, la cantidad de sodio en el pan, la cantidad mayor o menor de azúcar en los productos, el combate contra toda especie de tabaco, la disminución de las calorías  y un largo etcétera que sería tedioso enumerar.

Si esto lo hace con todos los chilenos, con mayor razón lo debe hacer, piensa la doctora, con los niños en el colegio. Por este motivo su gobierno consiguió –después de una batalla digna de mejor causa- prohibir la publicidad a la famosa “cajita feliz” de Mac Donald en cualquier establecimiento educativo.

En estas “recetas” del gobierno de la Nueva Mayoría (?) coinciden las dos características de la personalidad de la Presidente. Por un lado ella, como buena socialista, desconfía de todas las empresas particulares y de los empresarios. Ellos son los “malvados” que se quieren enriquecer vendiendo sus productos a los pobres niños. Por otro lado, ella considera que los padres de familia son ignorantes o irresponsables, y es al Estado a quien le corresponde dictarles (de “diktat”),  qué les hará bien o mal a los menores.

El miércoles pasado,  la ministra de Salud, Carmen Castillo y el presidente del Consejo Nacional de Televisión, Óscar Reyes, firmaron el convenio de colaboración para impedir la propaganda de estos productos “dañinos”.

Pero no se crea que el Gobierno pretenda quitar la “cajita feliz” sin darles nada en contrapartida a los escolares.

Como ciegos adeptos del socialismo “gramsciano”, el Gobierno considera que los niños deben tener acceso “desde la más temprana edad” a todos sus “derechos sexuales y reproductivos”; entre los cuales – ¡es claro!-  está el de escoger la “orientación sexual”.

Por este motivo, las autoridades desconfían de las clases de religión que por Decreto Supremo del año 1983, son impartidas en todos los colegios del País. En su lógica socialo-comunista, la religión es el “opio” que impide a los niños disfrutar de sus “derechos”, en especial de los relacionados con la sexualidad.

Pasando de la teoría a la práctica, el Gobierno se comprometió a fines de junio, delante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a revisar los contenidos de las clases de religión para que ellas no “discriminen” por orientación sexual, y viabilicen todas las conductas como igualmente normales y buenas.

El texto del acuerdo, firmado por cuatro ministros entre los cuales la Ministra de Educación, sostiene que se debe impulsar: ” (…) el Plan de Formación ciudadana y el programa de Sexualidad, Afectividad y Género, junto con los protocolos y cartillas sobre inclusión y no discriminación, incluyan contenidos que aborden la diversidad sexual (…) Esta medida debe ser elaborada el 2016 y comenzará su ejecución ese mismo año.” ([1])

Así, al mismo tiempo en que el gobierno prohíbe una “cajita feliz”, le entregará a los niños una “cajita feliz” envenenada, llena de sorpresas como “píldoras anticonceptivas” y manuales como “Nicolás tiene dos papás”.

La opinión de los padres de familia poco le importará al Gobierno. Ellos ya saben que contará con el respaldo de las Naciones Unidas, que en esta misma semana, a través del departamento de los derechos del niño de la ONU emitió un informe en que manifiesta su preocupación  por los niños que están legalmente obligados a asistir a un acto de oración colectiva.

La Presidente se podrá considerar entonces realizada. Como socialista, ella nos habrá impuesto un modo de vivir completamente amoral y a religioso. Como médica, nos habrá acostumbrado  a seguir la dieta que ella considera más “sana”.

Pero que no se engañe la Presidente: tarde o temprano el pueblo se venga de los “diktats” que se le imponen.

 

***

Esta es la lógica de todos los ateos. La superioridad del alma sobre la materia, la vida eterna, los derechos de Dios como Supremo Creador y Señor, no pasan de ser simples “mitos” impuestos por la religión para impedir que los chilenos seamos felices.

Triste futuro espera a la generación que hoy está  dando sus  primeros pasos por las escuelas.  Para evitar las peores consecuencias, corresponderá a los padres de familia, a los educadores y a todos los organismos vivos de la sociedad oponerse con firmeza a esta verdadera dictadura de la cultura socialista.

[1] “Acuerdo de solución amistosa”, 28 de junio de 2016.

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