La visitante ¿ojos cerrados y oídos sordos?

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Mientras Ud. lee estas líneas, la Sra. Bachelet está cerrando sus maletas para viajar a Venezuela.

¿Objetivo de su viaje? Ver de cerca la situación que se vive en esa nación desde el punto de vista del respeto a los derechos humanos y recomendar medidas como Alta Comisionada de la ONU para los DDHH.

¿Se puede esperar que la Sra. Bachelet vea con “imparcialidad” la situación de miseria, opresión y éxodo masivo que aqueja a Venezuela hace ya más de dos años, para decir poco?

Sin hacer un “pre juicio” de la visita ni de la visitante, hay hechos que permiten dudar que se cumpla ese objetivo.

En primer lugar la simpatía ideológica entre el dictador y la visitante. Para nadie es un misterio que la Sra. Bachelet siendo Presidente de Chile, tuvo una fluida relación con Maduro mientras éste desarmaba el estado de derecho de su país y establecía las bases de ilegalidad y persecución que hoy imperan. Es difícil que ella condene ahora lo que ayer vio con entera complacencia.

En segundo lugar, no es necesario tener que ir a Venezuela para saber que más de dos millones de sus habitantes han salido del país por la situación de miseria que se vive en ese país. Tampoco hay que viajar para saber que el actual mandato de Maduro fue obtenido con el más clamoroso fraude electoral, sin observadores internacionales y con el control de los otros poderes del Estado.

Por último, no es necesario su viaje para saber que lo que sostiene a Maduro es el alto mando militar, comprometido en negocios de narcotráfico y sostenido por tres países que muestran sus dientes a quien quiera hacer caer al títere que tienen como su fantoche: China, Rusia y Cuba.

Todos estos hechos son de tan clara evidencia que 54 países, entre los cuales Estados Unidos y la mayoría de los miembros de la Unión Europea así como de nuestro Continente, han reconocido al Presidente de la Asamblea, como Presidente designado.

Sin embargo, a pesar de todos estos hechos incontrovertibles, la Sra. Bachelet hasta ahora no quiso viajar ni condenar esta verdadera tragedia humanitaria.

Lo que ella verá ahora no será sino una parte de lo que ya conoce, lo que además será astutamente camuflada por Maduro y su gang, que al igual que los Castros de Cuba, dirá que la falta de recursos básicos se debe al “bloqueo” de los Estados Unidos.

Y la misma Sra. Bachelet que oyó con verdadero embelesamiento los discursos mentirosos de Fidel, oirá con benevolencia las explicaciones de su lacayo venezolano.

Sus recomendaciones probablemente tratarán de ser “equidistantes” entre Guaidó y Maduro, lo que en el plano concreto de los hechos permitirá al segundo mantenerse en el poder y continuar su represión. De los casi tres millones de venezolanos que se arrastran por los caminos de América Latina tendrá sólo una rápida palabra de conmiseración, sin resultados ni consecuencias prácticas.

En realidad, bien dice el refrán: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Y, todavía dentro del tema de los DDHH, ¿cómo explicará el embajador de China en Chile las multitudinarias manifestaciones ocurridas esta semana pasada en Hog Kog? ¿Meros activistas a sueldo de los EEUU? ¿O serán personas con la lógica de la guerra fría y sin la sabiduría del pueblo chino?

En sentido opuesto no podemos dejar de ver con profunda satisfacción el fallo del Poder Judicial mexicano al terrorista Escobar Poblete que asesinó al Senador Guzmán, condenado esta semana a 60 años por secuestro extorsivo. Aún queda en pie el pago de su condena en Chile por el magnicidio, pero causa satisfacción constatar que sus crímenes no quedarán impunes.

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