La Virgen del Carmen y el alma de Chile

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La gran mayoría de los chilenos asocia la devoción a la Virgen del Carmen al voto realizado por Bernardo O’Higgins para obtener el triunfo de los ejércitos patriotas frente a los españoles.

Sin embargo, si bien es cierto que en esa asociación hay muchos aspectos que son verdaderos, hay otros que superan de mucho el vínculo del alma chilena con la historia de la Virgen del Carmen.

En primer lugar, la devoción a esta invocación nació antes mismo que naciera Aquella que debería ser la Madre de Dios. Fue el Profeta Elías, 900 años antes del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, quien después de siete años de sequía a que fuera condenado el reino de Israel por los pecados del rey Acab, obtuvo de Dios el fin de este castigo pidiendo una lluvia que volviera fértil la tierra resecada.

El pedido “in extremis” lo formuló Elías Profeta desde el cerro llamado Horeb, más tarde llamado del Monte Carmelo, y por tres veces mandó a su discípulo Eliseo a ver si se veía algo que presagiase una lluvia en medio de un sol que todo lo calcinaba con sus rayos inclementes.

A la tercera vez, el discípulo le dijo ver una “pequeña nube” en el horizonte. Eso fue suficiente para que Elías le mandara avisar al rey que se cubriese pues venía una enorme lluvia. La “pequeña nube” era la prefigura de Aquella por la cual vendrían las mayores gracias que el género humano podría recibir: la venida del Mesías.

La historia de Elías, como la de todos aquellos profetas que debieron dirigir al duro Pueblo Elegido, fue una sucesión de éxitos y de fracasos, en medio de los cuales se fue tejiendo el Antiguo Testamento.

Hay en todas estas circunstancias en que se gestó la devoción a la Virgen del Carmen algo de más profundo que la relaciona con el alma de Chile.

Este devenir de éxitos y de fracasos que sufrieron los profetas que anunciaron la venida del Mesías, se asemeja a nuestra historia y a la relación de Chile con la Divina Providencia.

Parece existir en la historia nacional, considerada desde el punto de vista teológico, un zigzag de correspondencias y de alejamientos que la Providencia nos ha trazado, y que nos hace recordar las gracias y las durezas con que fue premiado y castigado el Pueblo Elegido.

Son los terremotos que asolan nuestro territorio desde que tenemos memoria y en los cuales otrora la nación reconocía la mano de Dios y retomaba la senda perdida y sin embargo, hoy son vistos simplemente como meras contingencias naturales a superar.

Es la promesa de los Padres de la Patria a la Virgen del Carmen. Pero; ¡con cuánta demora se llevó a cabo su cumplimiento!

Es la primera santa chilena, salida de los claustros de un Carmelo; pero ¡cómo la sociedad a la que ella pertenecía ya se encontraba alejada del ideal que ella practicó!

Fue la infausta ley de Reforma Agraria, promulgada un 16 de julio, que dividió a los chilenos e introdujo un odio de clases del cual hasta hoy se resiente.

Por otra parte, Chile fue el único país en el mundo que eligió a un candidato ateo, marxista y masón para la primera magistratura nacional, y, peor aún, con las bendiciones de los más altos miembros de la jerarquía eclesiástica.  Pero; ¡qué golpe aleccionador recibieron el comunismo y sus “compañeros de viaje” con el fracaso y los trastornos y tragedias que produjeron! 

Hoy, cuando todo esto parece a algunos ya tan antiguo, el País se contuerce bajo el aguijón de quien no quiere reconocer que tiene una Madre celestial que lo quiere auxiliar y reconducir por el camino del cual se apartó.

En vez de atender su llamado, se aprueban leyes como el divorcio, la matanza de los inocentes, el mal llamado ‘matrimonio homosexual’ y toda la agenda anti-familia.

Hay entre la Virgen del Carmen, la dureza con que fueron tratados los Profetas que la anunciaron y la respuesta del conjunto de las almas que han constituido nuestra nación, una relación de favores y de rechazos que son particularmente notorios.

Quienes hoy se empeñan en la preservación de las vías católicas para nuestra Patria no deben extrañarse entonces de la incomprensión con que muchas veces son recibidos sus esfuerzos por aquellos mismos que serían los primeros beneficiarios.

Por eso mismo, es urgente que todos los que tienen a su cargo responsabilidades mayores o menores en el devenir del País recurran con particular empeño, pero también con confianza de hijos,  a la Virgen del Carmen. Ella, como Madre llena de misericordia y de perdón, nos convida siempre a retomar la senda perdida.

Es esa “pequeña nube” que en el monte Carmelo hizo llover la gracia de la lluvia regeneradora la que nos devolverá al único Camino que conduce a la salvación.

Credo; pasado, presente y futuro de Chile

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