La encrucijada de la izquierda

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Imagínese que Ud. tuviera que dirigir un coche de tres caballos, (una triga o una troska); a primera vista, le podría parecer una actividad entretenida y de cierta facilidad de operación, una actividad ideal para practicar en un fin de semana.

Sin embargo, imagínese que, a poco andar, Ud. viera que cada caballo tira para un lado diferente. El de la izquierda quiere girar resueltamente más a la izquierda, el del centro quiere empujar para adelante y el de la derecha no se decide muy bien ni para uno ni para otro lado.

Probablemente poco después de muchos intentos de aunar las “voluntades” de los caballos, Ud. renunciaría a la empresa.

Fue exactamente lo que le ocurrió al ex Ministro Burgos.

El coche en cuestión se llama Nueva Mayoría y es empujado por tres “caballos” de izquierda que cada una tiene su propio proyecto. El de la izquierda más definida, (PC, PS, PPD y algunos PDC), tuerce el hocico hacia los caminos que van por el extremo de izquierda, (sindicalización forzada, gratuidad a todo evento, aborto ya, etc.).

El “caballo” del centro, quiere que el coche pueda avanzar esquivando los baches del camino, y trata de empujar para adelante, (el Ministro Valdés que con intermitencia recuerda las dificultades de la economía internacional y la necesaria prudencia en las políticas públicas de gratuidad).

Por último, el que se coloca a la derecha, incómodo de su ubicación, no se resuelve a seguir ni hacia adelante, ni hacia la extrema izquierda y apela a “los matices”. (Ignacio Walker y algunos de sus correligionarios).

Ante esta realidad evidente, no podía ser que el “cochero” Burgos no terminara, al cabo de uso meses, con stress y “agotamiento físico”. Es lo que también le ocurriría a Ud. si tuviera que dirigir un coche de esta naturaleza.

Esta metáfora nos sirve para presentar el principal problema con el que está actualmente enfrentada la izquierda chilena y también la internacional.

La “vertiente del centro” afirma que, para repartir la riqueza y alcanzar la igualdad (cosa en la que están todos de acuerdo), es necesario crecer económicamente, y para crecer es necesario fomentar la producción, y para alcanzar este objetivo hay que dar confianza a los inversionistas. Concluyen entonces que es necesario ir con prudencia en materia de reformas laborales, etc. Es la posición asumida por el actual gobierno de Francia, dirigido por el PS.  A nivel nacional, son algunos DC y el cada vez más arrinconado Ministro Valdés.

La vertiente de izquierda radical sostiene, al contrario, que el único modo de alcanzar la igualdad es interviniendo la economía para terminar definitivamente con los “abismos de diferencia” entre ricos y pobres. Para ello, el Estado debe ser capaz de aplicar con urgencia todas las reformas propuestas por el Proyecto de la Nueva Mayoría, en su versión más extrema. Es la retroexcavadora.

Por último, la de la “derecha”, que no deja de ser de izquierda, vacila y por eso mismo pierde sus fuerzas para ir hacia cualquier lugar definido. En el plano internacional, es lo que está ocurriendo con el partido socialista de España, que no se alía con “Podemos”, pero mucho menos con el Partido Popular.

El problema, sin embargo, no es sólo de estrategia.

Lo que está por detrás de esas divisiones es que, para algunos socialistas, la “riqueza” prometida siempre a los pobres dejó de ser un objetivo bueno. Y ahora es necesario reconocer que la pobreza, siempre y cuando sea para todos, no es un mal, sino, al contrario, es la condición ideal de los individuos. Son los “miserabilistas” de la izquierda que ven con entera normalidad la pobreza de Cuba y Venezuela, como un “ideal” de austeridad para alcanzar. Este “discurso” obviamente es apoyado por todas las corrientes “ecológicas” y “verdes”, adherentes al “decrecimiento” económico. (Cada vez menos autos y más buses es una de sus aspiraciones.)

Frente a ellos, los socialistas más “de centro”, piensan todavía que, si sólo se reparte pobreza, nunca alcanzarán el apoyo de los pobres, y que ésta es la causa por la cual están subiendo de modo asustador los partidos de la derecha populista en Europa.  Es lo que afirma el Presidente del PS francés y el Ministro del Interior de ese país, Manuel Valls.

Así las cosas con la izquierda, ella parece irremediablemente condenada a disminuir su presencia en el escenario nacional e internacional, pues se niega a sacar las consecuencias de la situación en que se encuentra. Al menos en el plano internacional ella ya está en franco declinio. Perú, Argentina, los reveses de Maduro, de Rouseff, de Evo y de Correa en Ecuador son claros síntomas de este retroceso.

¿Aprovechará la derecha chilena esta coyuntura para afirmar sus propios principios y para recuperar los electores que perdió? El tiempo lo dirá. Faltan 500 días para que lo consiga en las próximas elecciones presidenciales.

© Credo Chile.

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