La educación del “prohibido prohibir”

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Si Ud. fuera a contar la cantidad de veces que un padre o una madre le dicen NO a su hijo, y la comparase con el número de veces que le dicen SÍ, la proporción no sería menos de 10 a 1.

Si alguien pasara cerca de los padres cuando dicen NO, y no tuviera mayor preocupación con el menor que está siendo educado, al oír tantos NO (llores, grites, corras, metas los dedos en el enchufe, etc. etc.) podría quizás pensar que los padres son muy “negativistas” y de una pedagogía anticuada.

Sin embargo, al proceder así los padres saben que es por el bien del hijo, que ellos lo corrigen y que, si hicieran lo contrario, no estarían cumpliendo con su papel de educadores. A ellos se aplica lo que dice la Sagrada Escritura: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, madruga a castigarlo” (Proverbios).

Ahora bien, un Gobierno en relación a la sociedad, en cierto sentido, cumple el papel del padre con el conjunto de la Nación. Si éste consiente en todos los caprichos sociales, el conjunto de ella termina siendo “mal educada”.

Es lo que ha venido pasando con la sociedad chilena después de toda una generación de gobiernos que sólo le han dicho SÍ a los supuestos “derechos sociales” (Jocas, no discriminación, inclusión, divorcio, aborto, unión homosexual, matrimonio igualitario, sindicalización forzada, etc., etc.).

Peor aún, los gobiernos y los tribunales que han regido los destinos de Chile desde el año 1990 hasta la fecha, han aplicado el principio de la Revolución de la Sorbonne en Francia en 1968: “Prohibido prohibir”.

Es decir, lo único que no se puede decir es NO.

Ante esta realidad incontestable, ¿cómo pueden sorprender los hechos ocurridos en los colegios y universidades en toma?

Es significativo el comentario de la presidenta de los padres de familia del Instituto Barros Arana, Sra. Myriam Carvajal, al constatar los destrozos provocados por -entre muchos otros- sus propios hijos: “no nos hemos hecho cargo de nuestros hijos en la casa. Los valores y disciplina vienen de los hogares, y si hay niños que se tratan mal o responden mal, es porque las familias están disfuncionales. Es responsabilidad de todos que los chicos hoy no conozcan los límites.”

La triste y franca constatación de la Presidenta del centro de Apoderados del INBA –uno de los pocos comentarios que ha habido con algo de cordura- debería ser asumida también por los responsables del Ministerio de Educación a lo largo de al menos 25 años en que sólo  repiten SÍ.

Pero, lejos de reconocer sus errores, el pasado sábado, el actual Gobierno de la Nueva Mayoría agregó un nuevo SÍ a la mala educación de los menores de edad. La Presidente, al lamentar los destrozos causados por los alumnos en la toma, dijo que “Nada tienen que ver estas cosas con las movilizaciones de 2011 que despertaron la conciencia”.

Es precisamente lo contrario. Los estudiantes de hoy, que vieron el resultado que tuvieron los del 2011 con sus exigencias, reclaman ahora más, y lo hacen de modo aún más violento y estridente, y si las sanciones quedan en meras declaraciones, como es lo más probable, los de mañana serán aún mucho peores.

Es la consecuencia fatal de la máxima “Prohibido prohibir”. Cuando sólo se consiente a las exigencias, ellas se vuelven aún más radicales, apasionadas y violentas. Las pasiones desordenadas de los hombres son semejantes a los instintos de las fieras. Si se les consiente un poco, ellas querrán todo y no pararán hasta que hayan acabado con su víctima. Sólo que las fieras paran cuando sacian el hambre, pero el hombre en rebelión no se detiene nunca.

Prueba de lo anterior es el comentario de la diputada comunista Camila Vallejo, precisamente la líder de los estudiantes de ayer: (las sanciones económicas a los padres de los destructores) “contribuyen más bien a una agenda conservadora que busca incrementar la represión policial y en nada posicionar las demandas del movimiento social”.

En resumidas cuentas, lo que esta semana se constató en Chile no fue sólo que se perdieron 400 millones de pesos -lo que costará la restauración de las instalaciones del INBA- ni tampoco lo que cueste restaurar el Cristo destruido en la iglesia de la Gratitud Nacional; ni los destrozos en los otros colegios y Universidades en toma. Fue algo mucho peor; fue la constatación de una generación que perdió toda forma de educación y  que Chile perdió esa porción de la juventud, porque sólo oyó “prohibido prohibir”.

Y, así, decaen inexorablemente las naciones: es a eso que nos quieren llevar esos eternos reformadores “sesentaiochanos”… y autoridades indolentes que persisten en ese camino.

©Credo Chile

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