La DC en el sartén

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No hay duda que el Partido que sintió más fuerte los malos resultados electorales del pasado 23 de Octubre fue la Democracia Cristiana.

De ahí que sus dirigentes hayan venido estudiando distintas estrategias para intentar revertir esta tendencia permanente a la baja en el respaldo popular. En las elecciones municipales, según Mariana Aylwin, “bajamos de un 15% a un 11,8%, (y) un 25% menos de votación”.

La preocupación es real. Obviamente, un organismo que pierde el cuarto de su sangre, está condenado a morir de anemia en poco tiempo.

A pesar de que  las posiciones dentro de la DC distan mucho de ser unánimes en su diagnóstico,  al menos  hay un punto en que todos parecen coincidir; es en la necesidad de retomar su “propia identidad”.

De acuerdo con el análisis realizado por los DC agrupados en la declaración “Progresismo sin progreso”: “La DC confundida y desperfilada en medio de la Nueva Mayoría, ha pagado altos costos perdiendo votación y alcaldías”.  De ahí entonces la necesidad de buscar su propia identidad y re-perfilarse dentro de la izquierda, reposicionando su centro histórico.

Hasta ahí las cosas parecen claras. Pero, ¿qué quiere decir para la DC identidad y perfil? ¿Es verdad que ha sido por culpa de la NM, y en especial del PC, que la DC se ha “desperfilado”?

Aquí está el principal problema de la DC. Consiste en saber qué quiere decir para ella “identidad” y “perfil”, pues, en principio, perfil son los contornos que separan una cosa de otra e identidad es lo que hace que una cosa sea ella misma y no la otra.

¿Cuáles son entonces el perfil y la identidad DC?, o en otros términos, ¿Qué separa a la DC del resto de la izquierda de la NM, PC incluido?

Históricamente la DC se ha “definido” por su “indefinición”.  Su identidad ha consistido en no tenerla. El propio ex presidente de la DC, Senador Ignacio Walker, sintetizó este miedo a la identidad, afirmando que la DC “aborrece de las certezas” y, naturalmente que cuando nada es cierto, no pueden existir ni perfil ni identidad.

De ahí que parezca contradictorio querer pasarle la cuenta al Gobierno por los malos resultados de la DC, siendo que ellos mismos aprobaron todos y cada uno de los proyectos presentados por el Gobierno al cual culpan. Lo único que la DC se aventuró a decir, en su afán de “perfilarse”, fue que ellos representaban los “matices” dentro del plan gubernamental.

Pero como tal plan no es sino una demolición, bien llamada por sus propios artífices de “retroexcavadora”, los “matices” no pasan de un flatus vocis, pues es sabido que en ninguna demolición caben matices. Ellos pueden marcar la diferencia para una pintura, para una obra, para una construcción. No existen matices para retroescavar. La esencia de la retroescavadora es de destruir todo, para partir de cero.

Ahora bien, resta saber para el futuro próximo, en especial para las próximas elecciones presidenciales y legislativas, ¿cuáles serán los principios no transables de la identidad DC?

Veamos algunas hipótesis.

¿Será el derecho a la vida? No, sus parlamentarios han aprobado casi unánimemente el aborto. ¿Será el respeto al derecho de propiedad privada y de libre iniciativa? No, todas las reformas lo vulneran: la tributaria, la educacional, la del código de aguas, han sido aprobadas sin excepción ni matices por la DC. ¿Será entonces el rechazo a la revolución cultural y a la destrucción de la familia? Tampoco, el proyecto de “matrimonio homosexual” fue presentado  por el vicepresidente de la DC y el proyecto de “Protección de identidad de género” fue apoyado por todos sus parlamentarios. ¿Será quizá el rechazo al Partido Comunista y a su ideología estatista? Menos aún, ya Eduardo Frei Montalva decía que “peor que el comunismo es el anticomunismo”, y fue gracias a la DC que los comunistas están en el Parlamento.

Como se ve, la identidad DC y su perfil, es más difícil de encontrar que una aguja en un pajar. Peor aún, su identidad consiste precisamente en no tenerla. Si la DC se define, ella pierde su esencia y deja de existir.

De ahí que el “ser o no ser” de la DC no tenga salida. Para ser, ella tiene que perfilarse, y si se perfila deja de ser ella misma.

¿Le encuentra Ud., estimado lector, alguna salida a esta encrucijada?

Por mi parte no le veo ninguna. Y le confieso que me alegro mucho de que no exista, pues nada más dañino para la vida política nacional, y en especial para los intereses de la civilización cristiana, que esta ameba en permanente metamorfosis llamada “democracia cristiana”. Ella sólo ha servido como puente, (o de Kerenski) para ayudar a los socialistas y comunistas de turno.

Realmente, como comentó un lector de internet,  la DC está en el sartén.

©Credo Chile

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