La Araucanía, ¿una guerra interna en formación?

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¿Cómo cree Ud. que se han formado las guerras internas o las guerras civiles en los países donde ellas existen?

Curiosamente, las circunstancias son similares para todas las situaciones bélicas de ese género, por más que cambien las realidades concretas y las motivaciones que se alegan para declararlas.

¿La fórmula?

Primero surge un pequeño foco de agitación violento y decidido a imponerse, frente a éste las autoridades constituidas son lentas en reprimirlo y en algunas ocasiones concuerdan con sus reivindicaciones; el Poder Judicial también muestra poco empeño en sancionar con todo el rigor de la ley a los hechores de actos criminales; de las victimas pocos se preocupan, pues se piensa que exageran sus perjuicios; la población mira con distancia los hechos pues sólo afecta a una parte del País.

Súmense  todos estos ingredientes y se tendrán los elementos para el crecimiento de una verdadera guerra interna dentro de cualquier nación.

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Sí, de cualquier nación; de Chile, por ejemplo.

Apliquemos los ingredientes a nuestra realidad nacional.

Las reivindicaciones territoriales “de los pueblos originarios” van creciendo, a través del tiempo, en violencia y en frecuencia. La Presidente de la República ignora los hechos y no acude al sector amenazado. Por su parte, el Ministro del Interior parte con un despliegue mediático, pero sin ningún contenido concreto.

Por su parte, el Presidente de la Corte Suprema declara en una reunión con líderes “mapuches” que los jueces deberían estudiar el origen de las reivindicaciones y la legislación propia de esos pueblos. Similar declaración formula otro juez de la zona, los fallos son muchas veces influenciados por este singular modo de entender la igualdad de los chilenos ante la ley y la soberanía nacional.

Y, para terminar, los atentados se van tornando de tal modo repetitivos que ya no escandalizan a nadie. Chile se acostumbró a convivir con un sector del país fuera “del Estado de Derecho”.

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No fue de otra manera que “Sendero Luminoso” se apoderó de sectores enteros del territorio peruano y llegó asolar hasta la propia capital, dejando un fatídico reguero de muertes. De acuerdo a la Comisión Verdad y Reconciliación de ese país “La organización criminal asesinó a 11.021 personas y fue la responsable de 1.543 desapariciones, lo que da una cantidad de 12.564 víctimas de su accionar”.

No es muy diferente la génesis de la guerrilla colombiana que se arrastra por más de 50 años. De acuerdo con estimaciones fidedignas, en medio siglo de guerrilla habrían muerto una cantidad aproximada de 8 millones de personas. La mitad de la población de Chile.

Ni tampoco la introducción del “Terror Islámico” de nuestros días, ¡en la civilizada Europa…!

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Pero, volvamos a lo nuestro.

La visita de esta semana pasada del Ministro Burgos fue casi infantil. Fue a oír, pero no llevó un plan de acción; escuchó a algunos y no a otros; se hizo fotografiar en un radiopatrullas blindado que deja la impresión más de acorralamiento que de ofensiva por parte del Estado y no habló de bloquear las fuentes del financiamiento de la guerrilla ni de cortar sus vínculos con ONGs externas.

¿Analizar las causas del problema? ¿Distinguir los violentistas de los otros? ¿Reprimir a los primeros con toda la fuerza de la ley y proponer proyectos de desarrollo para los segundos? ¿Reparación efectiva para las víctimas?

Nada. Sólo un posible seguro para los camioneros y unas cámaras más en la ruta y una vaga alusión a la impunidad. Estas medidas más que las de un Ministro del Interior en medio de un conflicto que escala peligrosamente, parecen las de una sub autoridad local intimidada.

Fue con medidas así que crecieron los movimientos terroristas ya nombrados. De continuar esta política de Estado, llena de vacilaciones, de concesiones y de ceguera ante lo evidente, las perspectivas en Chile no pueden ser muy diferentes de lo que hoy lloran colombianos y peruanos.

©Credo Chile

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