¿Indulto, perdón o humillación para los militares presos?

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Después de casi medio siglo de ocurridos los hechos, crece la sensación entre la población civil que se está cometiendo una injusticia con los presos militares que se encuentran en la cárcel y sufren enfermedades terminales.   

Tal sensación ha generado pronunciamientos de personas de destaque de la vida nacional, manifestando el deseo de que se ponga fin a esta situación mediante un indulto que favorezca a quienes se encuentren en esta situación.

La semana pasada, el propio Ministro de Justicia, Sr. Jaime Campos se refirió al tema diciendo que “faltaba coraje” para enfrentar el problema.

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal y Obispo Castrense, Monseñor Santiago Silva, manifestó: “El arrepentimiento por el mal realizado tiene que ser un signo claro de que el privado de libertad quiere insertarse en la sociedad y, sobre todo, un gesto necesario para implorar el perdón de sus víctimas y familiares. “

A respecto de estas declaraciones episcopales cumple hacer una precisión importante. Cuando se habla de indulto, se está afirmando que se trata de una persona que ha sido condenada por la Justicia, no se entiende por qué razón ella deba auto culparse nuevamente ante la sociedad.

Por otra parte, de acuerdo al derecho natural, nadie está obligado a culparse a sí mismo. Tal obligación recuerda las sesiones a que el partido Comunista Chino somete a quienes quiere condenar.

Es necesario ponderar también que mucho de los condenados pueden considerarse honestamente inocentes, y que no les corresponden las penas que les han sido aplicadas, muchas veces en virtud de figuras jurídicas absurdas como “el secuestro permanente”.

A lo anterior se debe agregar que las acciones de quienes hoy sufren condenas a perpetuidad, se realizaron en la defensa del orden institucional del país, amenazado por la acción comunista que no reparó en leyes, autoridades ni medios violentos para imponer su ideología al País.

Estos últimos –los ex terroristas y agitadores de izquierda- nunca pidieron perdón, gozan de plena libertad y, muchos de ellos, ocupan cargos políticos y gubernamentales. El actual presidente del PC, diputado Teillier, no tuvo vergüenza en reconocer que fue él quien “autorizó” el magnicidio contra el ex Presidente Pinochet con resultado de muerte de seis de sus escoltas.

Todo este cuadro de circunstancias deja en evidencia que existen dos pesos y dos medidas con relación a los delitos cometidos dentro del enfrentamiento que tuvo lugar en el Chile de los años 60 y 70. Para quienes alimentaron la lucha de clases a través de tomas, marchas, y asaltos a la propiedad privada, no hubo sino indulto o amnistía. Para quienes defendieron al País en cumplimiento de su deber constitucional, se aplicó la máxima de, “ni olvido ni perdón”.

Para concluir, no queremos decir que no haya habido excesos condenables por parte de algunos eventuales personeros que tuvieron la misión de reprimir la guerrilla y el terrorismo. Lo que sostenemos es que no se puede hablar de justicia, cuando los primeros sufren todo el rigor de ella, y los primeros causantes de la subversión reciben amnistía general.

Tampoco se puede hacer abstracción del cuadro histórico de guerra fría en que el mundo entero se debatía en ese entonces. Chile no fue un caso aislado. Los dos bloques en pugna, Occidente y la Unión Soviética, se disputaban país por país para anexarlo al área de su influencia o control. Se trataba de librarse de esa influencia o de ser arrastrado por ella en un camino “sin retorno”.

Recuérdese, por ejemplo, que el tan llorado y admirado Fidel, asesino en sus tierras y difusor de la revolución armada en otros, pasó largo tiempo en Chile, pregonando las “bondades” de la Cuba comunista y mandó una división de militares para “ayudar” al “compañero Allende” a seguir su senda.

Así, por detrás de la dificultad del actual Gobierno de la NM en promover los indultos a los ex militares, se esconde un ánimo de revancha y de venganza que se anida en el alma de quienes intentaron conquistar a Chile para ser un “hermano menor de la URSS.”

Duele constatar que la declaración del Presidente de la Conferencia Episcopal haga tabla rasa de todas estas circunstancias y se sume a quienes quieren colocar una condición aberrante, como es la de autoculparse para poder recibir el indulto, o que “colaboren con información de toda la verdad”, como si ya no hubieran sufrido un proceso judicial.

Mientras persista ese ánimo vengativo por parte de las izquierdas, y una indiferencia olvidadiza por parte de una parte ponderable de los chilenos que no pertenecen a la izquierda, difícilmente se llegará a la tan invocada reconciliación nacional.

Llama la atención que los mismos personeros que hoy niegan un indulto para los militares chilenos probablemente, en su mayoría están de acuerdo en otorgar a los guerrilleros de las FARCS -con cientos de miles de víctimas- todos los beneficios de amnistía, beneficios económicos y privilegios políticos.

Es el modo en que las izquierdas siempre entendieron los Derechos Humanos. Cualquier represión contra ellas, constituye de por sí un crimen de lesa humanidad. Así las cosas será muy difícil alcanzar que se llegue a un indulto por parte del actual Gobierno.

©Credo Chile

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