Homilía en la celebración del Te Deum Catedral de Los Ángeles

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Los Ángeles, 18 septiembre 2017


Normalmente este espacio del “Vistazo de la Semana” se consagra al análisis
de los hechos recientes y destacados de la vida nacional, vistos desde la
perspectiva del magisterio tradicional de la Iglesia y del sentido común.
Habiendo leído la homilía pronunciada por el Sr. Obispo de los Ángeles, el
pasado 18 de septiembre, nos pareció de tal modo interpretar nuestras
inquietudes, que la damos a conocer en sus trechos más destacados:

Señor Gobernador…
Queridos hermanos sacerdotes y diáconos

Queridos hermanos y hermanas en el Señor.
(…)
Nos duele la patria
– No podemos ocultar, sin embargo, que este año, por primera vez,
venimos a celebrar el aniversario patrio con dolor en el alma por la
patria. Nos duele la patria, porque vemos que ella ha decidido
sacudirse de sus hombros el suave yugo de la ley de Dios y ha
preferido adoptar el pesado yugo de la ley humana. Por primera vez
se ha adoptado en nuestro sistema legal una ley contraria a la ley de
Dios.
(…)
– Hoy la patria no quiere a Dios en sus leyes. No queremos su
mandamiento: «No matarás»; no matarás a un inocente. Hemos
aprobado una ley que permitirá matar en nuestros hospitales a
seres humanos inocentes, creados por Dios para que comiencen su
existencia, que vean la luz y aporten a nuestro mundo con los dones
que Dios les ha dado.
– Querríamos borrar de nuestro calendario y de la historia de nuestra
patria el día en que esa ley fue promulgada. El día 14 de septiembre
de 2017 es un día nefasto, en que nuestra patria firmó su
disociación respecto de Dios: No queremos que tú nos gobiernes;
no queremos tus leyes. Firmamos lo contrario que decía el canto: «A
Dios no lo queremos en nuestras leyes». Queremos, en cambio, una
ley que permita quitar la vida a seres humanos inocentes, cuando
ellos incomodan, cuando a la madre significa un sacrificio llevar
adelante la vida de su hijo.

Nuestro pueblo ya no es cristiano

– ¿En qué momento dejó nuestro pueblo de ser cristiano? ¿Quién
quitó del corazón de los chilenos el amor a Dios? Todos tenemos
culpa y tenemos que pedir perdón. Bien puede quejarse Dios de
estos hijos suyos, como hacía con su pueblo de Israel: «Oigan,
cielos, escucha, tierra, que habla el Señor; "Hijos crié y saqué
adelante, y ellos se rebelaron contra mí. Conoce el buey a su dueño,
y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no
discierne… Han dejado al Señor, han despreciado al Santo de Israel,
se han vuelto de espaldas"» (Is 1,2-3.4).
– En la historia tendrá que escribirse que el día en que Chile
oficialmente renunció a su condición de cristiano fue el día en que
firmó la ley de aborto, que permite en tres casos matar a seres
humanos inocentes. Ese día, como dijimos, es el 14 de septiembre
de 2017. Por eso, decíamos al comienzo que celebramos este Te
Deum con dolor en el corazón.

No estamos rendidos

– Pero no estamos rendidos. Los cristianos estamos acostumbrados a
vivir en situaciones contrarias a la enseñanza de Cristo, incluso de
persecución. Debemos seguir luchando para que todos los chilenos
volvamos a unirnos en el respeto al carácter inviolable de la vida
humana, en cuanto su sujeto ha sido creado por Dios a su imagen y
semejanza. Debemos considerar que vivimos en un país que ya no
es mayoritariamente cristiano. Nuestro país es hoy como los de
Oriente medio, de Asia o Africa en que los cristianos no son
mayoría. También allí, como en Chile, los cristianos tenemos que
cumplir el mandato misionero de Cristo resucitado: «Vayan y hagan
discípulos de todos los pueblos». Chile es entonces una tarea.
– Tres aspectos principales tiene esa lucha que debemos emprender
desde ahora mismo.

El primero consiste en la instrucción. Tenemos culpa los cristianos
de Chile en la aprobación de la ley de aborto, porque no nos hemos
instruido y nos hemos dejado engañar. (…) No nos hemos
preocupado de instruirnos en la doctrina de la Iglesia sobre el
aborto. La Iglesia enseña sin vacilación: «La vida humana debe ser
respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la
concepción. (…)» (Catecismo, N. 2270; 2271).
El segundo aspecto es la participación activa en la formulación de
las leyes que rigen nuestra convivencia, es decir, en la participación
política. Tenemos que informarnos sobre lo que piensan y creen los
candidatos al Parlamento y, sobre todo, los candidatos a la
Presidencia de la República. Los cristianos no debemos votar nunca
más por candidatos ateos o agnósticos que arrastren a todo el país
en la negación de Dios. Ningún cristiano debería dar su voto a
personas que no creen en Dios, (…) Dentro de dos meses exactos
tendremos ocasión de ejercer ese derecho y elegir nuestras
autoridades. El principal criterio para decidir por quién votar debe
ser que el candidato crea en Dios y respete la ley de Dios.

Ley de matrimonio homosexual

– No podemos celebrar con alegría estas fiestas patrias, porque
estamos agobiados por lo que se ha llamado un «frenesí
legislativo».

– No basta con haber introducido una ley que acaba con el respeto al
valor inviolable de la vida humana; ahora se quiere acabar con el
matrimonio como unión de hombre y mujer, como ha sido
establecido por Dios desde la creación: «Creó Dios al ser humano a
imagen suya, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó. Y
los bendijo Dios, y les díjo Dios: "Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra» (Gen 1,27-28).

– Jesucristo sancionó también él esta unión cuando dijo: «¿No han
leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo hombre y mujer, y
que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se
unirá a su mujer, y los dos se harán una sola  carne?» (Mt 19,4-5).
No se encuentra en toda la Escritura Santa un sólo texto que
contemple la unión de dos personas del mismo sexo. Y, si lo
menciona, es para reprobarlo.

– La Iglesia afirma con energía que las personas homosexuales tienen
idéntica dignidad que toda otra persona y deben ser respetadas y
amadas. Pero con la misma energía enseña que las relaciones
homosexuales son contrarias a la voluntad de Dios.

– Enseña el Catecismo: «Apoyándose en la Sagrada Escritura que
presenta "los actos homosexuales" como depravaciones graves (cf
Gen 19, 1-29; Rom 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10), la Tradición ha
declarado siempre que "los actos homosexuales son
intrínsecamente desordenados". Son contrarios a la ley natural.
Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una
verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir
aprobación en ningún caso» (Catecismo N. 2357). Esta es la
enseñanza que la Iglesia recibe de la Palabra de Dios y en la cual los
cristianos debemos instruirnos. Dijimos que la instrucción es uno de
los aspectos por medio de los cuales debemos volver a evangelizar
nuestra patria.
(…)

La ideología de género

– La última insidia, no sólo contra el cristianismo, sino contra la
humanidad en general es la imposición de la «ideología del género».

Se nos quiere hacer creer que el género masculino o femenino
puede ser elegido por cada uno independientemente del sexo
biológico que cada uno tiene. Que los roles masculino y femenino
son una creación cultural que bien puede cambiar.

– Ya hemos recordado que según nos instruye la Palabra de Dios, y
también la evidencia, Dios creó al ser humano hombre y mujer y
que la distinción sexual es clara y se ordena a la complementariedad
y a la procreación. Los seres vivos que se reproducen por
generación tienen sexo que distingue al macho de la hembra. (…)

– ¿Qué hay detrás de estos intentos? Se trata de la destrucción de los
valores cristianos tradicionales de los cuales el mundo quiere
liberarse. Como decíamos más arriba, se trata de sacudirse el suave
yugo de Cristo. No queremos oír su voz que nos invita: «Tomen
sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí… mi yugo es suave».

La misericordia cristiana

– El tercer aspecto en nuestra tarea de hacer discípulos de Cristo, que
he dejado para el final pero es el más importante, es ejercicio de la
misericordia. (…) El ejercicio de la misericordia depende, sin
embargo, de nuestra estrecha unión con Cristo en la oración, en la
Eucaristía dominical, en la lectura de la Palabra de Dios. Sin estos
medios no podemos hacer nada, porque separados de Cristo somos
como el sarmiento que se seca y se arroja al fuego. En Cristo hemos
aprendido lo que es el amor.

– (…)

– Encomendamos, finalmente, nuestra patria a la Virgen del Carmen,
bajo cuyo manto protector está puesta nuestra patria desde sus
orígenes. Así lo quisieron los padres de la Patria, que no la imaginaban sino como un país cristiano y a todos sus habitantes
como hijos de María. En este día de la Patria oramos para que
recupere esa identidad que los padres de la patria le dieron.

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