Hipotecando el futuro

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Una de las principales diferencias entre los adeptos del socialismo y los de la libre iniciativa es que los primeros pretenden organizar la felicidad de la sociedad a través del Estado. Los segundos, consideramos que la felicidad debe ser alcanzada por el esfuerzo de las personas que componen la sociedad.

Los socialistas chilenos no son una excepción a esta regla. Menos todavía el Gobierno de la Nueva Mayoría, de la cual hace parte el Partido Comunista. Ahora, como lo propio del Estado Moderno es la planificación de todo, la felicidad también debe ser planificada a largo plazo.

La Presidente Bachelet consideró que para que los chilenos alcanzáramos la felicidad, la enseñanza (básica, media y superior) debe ser universalmente gratuita y que, para poder hacer realidad este sueño, se deben subir los impuestos de todos los chilenos.  (Ésta es otra característica socialista, hacer la beneficencia pública con los recursos de los privados).

Después de dos años de discusiones, aprobación de la Reforma Tributaria, reforma de la misma y un largo etcétera, se terminó llegando a la conclusión de que la gratuidad general prometida es completamente imposible de obtener en la actualidad, tal como objetaron desde un principio los expertos en la materia.

Sin embargo, la realidad nunca ha sido un obstáculo para las utopías socialistas. Esta semana el Gobierno despachó un proyecto de ley que establece la gratuidad de modo gradual, es decir, hipoteca el futuro de la economía nacional, para llegar hasta el cumplimiento de esta nueva utopía.

El objetivo del Gobierno es claro; conseguir instalar su agenda más allá de la duración de su mandato, obligando a los futuros gobiernos a cumplir los temas “pendientes” iniciados por él. Muy “democrático” el sistema de maniatar la voluntad popular en el futuro de acuerdo a la utopía socialista de hoy.

A lo anterior se suma que el Proyecto está redactado para no contentar a nadie y para no resolver nada. El número de alumnos que podrá acceder a la gratuidad con la aprobación del proyecto no será mucho mayor que el que alcanzaban los mismos segmentos por el sistema anterior de becas. Los “fundamentalistas” de la gratuidad tendrán así pretexto para continuar su agitación, elemento esencial para que la “retroexcavadora” continúe funcionando en los gobiernos sucesivos: ¡bonita herencia nos dejará la Sra. Bachelet!

Y, lo que es aún peor, la vida universitaria pasará a depender de la intervención permanente del Estado.  De acuerdo con declaraciones del rector de la Universidad del Desarrollo, Federico Valdés, el Estado fiscalizará “cuántos alumnos debe tener cada universidad, qué carreras nuevas puede abrir, cuál es el arancel que pagarán los alumnos”, además de aplicar sanciones económicas millonarias a las que no cumplan las reglas que se les impongan.

Y todo esto sucede precisamente cuando, según el estudio internacional de “QS University Ranking” de Inglaterra, Chile alcanzó a colocar dos universidades (una privada, la U. Católica y otra pública, la U. de Chile) en la lista de las 10 mejores universidades de América Latina.

Pero nada de esto impresiona a la Nueva Mayoría. Lo que ella pretende es hipotecar el futuro nacional no sólo respecto a la enseñanza, sino a también respecto a la vida económica a través de la reforma laboral. Todo lo cual terminará promoviendo la agitación al interior de las empresas por medio de poderosos sindicatos politizados y en manos de los comunistas.

Así, lo más probable es que la “obra gruesa”, de la que se felicita la Presidente Bachelet, termine quedando “gruesa”  permanentemente, como esas casas sin terminar, cuyas paredes sin revoque y fierros no cortados, terminan sirviendo para sostener la antena de la TV, o  el alambre del cual se cuelga la ropa mojada.

Multiplique ese feo panorama a lo largo de todo Chile y tendrá una vista anticipada de lo que será la obra del Gobierno de la Nueva Mayoría.

Por supuesto ellos dirán que alcanzamos la igualdad – igualdad estilo y nivel de las antiguas “poblaciones callampa” – y pensarán que todavía es poco para parecernos a la Cuba y Venezuela tan admiradas, pero sobre todo tan torturadas y destrozadas por socialistas y comunistas…

©Credo Chile

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