“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”

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Desde hace ya algunos meses, incluso antes de que se comenzaran a sentir las consecuencias económicas de la cuarentena, algunos países como Argentina, Venezuela y anteriormente el Brasil de Lula, comenzaron a regalar comida.

En el país trasandino la campaña se llama “Argentina contra el Hambre”. El Gobierno de Fernández ya distribuyó más de 600.000 tarjetas alimentarias para dar ayuda económica a sectores de bajos ingresos.

Por su parte, el gobierno de Venezuela, como ya no le queda plata como para entregar alimentos gratuitamente, anuncia “la ocupación temporal al consorcio oleaginoso Portuguesa, Coposa, por 180 días prorrogables” y el control de precios de las empresas alimentarias privadas que aún resisten.

Por su parte, el ex Presidente Lula, actualmente condenado por la Justicia, desarrolló en sus dos mandatos dos programas, denominados “Hambre zero” y “Bolsa familia”, los que subsidiaban la mayor parte de los gastos de varios millones de brasileños que no querían trabajar.

Los chilenos no podíamos quedar atrás de estas regalías estatales de alimentación. El programa “Alimentos para Chile”, inaugurado el pasado 22 de mayo, reportó la entrega de un total de 750.000 canastas de ayuda en todo el país y espera llegar a más de un millón y medio.

Según se informa, “El beneficio considera al 80% de las familias más vulnerables y de clase media, que en la Región Metropolitana corresponden a 1.671.472 hogares, según el Registro Social de Hogares”.

No dudamos que existan situaciones desesperadas en las que la única solución sea entregar alimentos. Es como un enfermo que se desangra y al cual se le debe inyectar de inmediato sangre en la vena.

Sin embargo, los tratamientos extremos sólo son aconsejables en situaciones extremas, diría el consejero Acacio, y no para la “clase media” como reza el anuncio estatal.

En efecto, existe en el hombre -en todo hombre- una necesidad de poder sacar de sí los esfuerzos necesarios para su propia sustentación y la de su familia. La condenación que recibieron nuestros primeros Padres, “con el sudor de tu frente te ganarás el pan de todos los días” (Génesis 3:19), constituye, al mismo tiempo que un castigo, una necesidad, por así decir ontológica.

Quien no es capaz de proveer a su propio sustento, se siente disminuido en su dignidad de persona humana. Quizá por eso mismo, el hombre bien constituido no gusta de que le “regalen” la comida. Y cuando, por las circunstancias de la vida, ella se le entrega gratuitamente, pocos la aprecian y muchos se quejan.

Lo vimos ya en el éxodo del pueblo judío, que se quejó a Moisés de que el maná tenía siempre el mismo gusto, y que ya estaba cansado del “menú” que le caía diariamente del cielo.

La campaña gubernamental “Alimentos para Chile”, no se ha quedado atrás por críticas. Ya sea porque no llegan, ya sea porque las pagan los gobiernos locales y no el central, ya sea porque no vienen completas o porque son escasas. Nunca faltarán motivos de quejas, pero en el fondo la principal razón será que ciertos beneficiarios se sienten degradados de su dignidad.

Quizá por eso mismo, lo gobiernos socialistas gustan de mantener a las poblaciones de sus países como a niños menores de edad, incapaces de alimentarse y de vestirse por sí mismos.

El Gobierno chileno, que fue electo precisamente por no ser socialista, debería marcar la diferencia. En vez de poner el énfasis en estudiar el contenido y la dirección de canastas de alimentos, lo que debería promover con prioridad es un programa de incentivo al empleo, una rebaja de los impuestos para fomentar la inversión y una facilidad para el crédito, de modo a fomentar el consumo.

Es lo que está realizando en estas semanas el Gobierno del presidente Macron en Francia. Su plan de reactivación fue pronunciado desde el interior de la fábrica de autos Renault para invitar a los franceses a comprar autos nuevos a precios bajos. El presidente galo anunció una ayuda masiva al sector del automóvil, por un valor total de 8.000 millones de euros.

Bien distinta ha sido la actitud del Gobierno Piñera con Lan Chile y otras empresas de gran tamaño y por eso mismo, especialmente necesitadas de subsidios estatales. Ayudarlos, pareciera al Gobierno, como darle una mano “a los ricos de siempre” e indisponerse con sus contertulios de la oposición.

Sin embargo, no será con canastas alimenticias, ni “perdonazos” a los créditos CAE, o a otros deudores del Estado, que se conseguirá salir de las grandes crisis.

Es curioso que el Presidente Piñera, que en esta materia es “magister”, esté dando pasos de aprendiz, sin que esté claro todavía si ello no se debe a su deseo de congraciarse con la oposición.

Credo: Pasado, presente y futuro de Chile

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