La lucha contra el aborto está recién empezando

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Como es de conocimiento público el Tribunal Constitucional, por seis votos contra cuatro decidió sumarse a la campaña contra la vida, rechazando el recurso de inconstitucionalidad presentado por parlamentarios y senadores de la oposición. Sólo se mantendrá la opción de objeción de conciencia.

De este modo, la cultura de la muerte da otro zarpazo, esta vez contra todos los que están por nacer.

Sí, como fue claramente demostrado en los alegatos delante del referido Tribunal, esta ley no contempla excepciones, ella instala un “derecho” al aborto directo y lo establece como una prestación del servicio de salud pública.

Así, el rechazo al requerimiento de inconstitucionalidad deja como letra muerta las garantías que la ley fundamental de la República establecía para los no nacidos.

A partir de ahora, ninguno de ellos gozará de la protección del Estado. Están condenados a muerte a priori, salvo un gracioso consentimiento de la madre para que nazcan.

No puede haber, en la perspectiva de esos niños, hipótesis más horrible.

Sin embargo, hay algo peor, es el efecto destructivo de las conciencias delante del homicidio.

En efecto, la ley “educa”, y una pésima ley como esta, educará pésimamente a los chilenos. Les enseñará que matar a un inocente no nacido no es un crimen, que lo que vale únicamente es la autonomía de la mujer, y que –al fin de cuentas- lo que hizo Caín con su hermano Abel, no fue tan malo.

Así, el bien y el mal, pasarán a ser asuntos relativos y dependerán del prisma individual. Todo lo cual hará que el cinismo sea la regla general de las conductas entre los chilenos.

Más aún, si hoy no se garantiza el derecho de nacer, ¿por qué entonces se prohibirán las experiencias con embriones fecundados, la clonación y todas las experiencias “científicas” que ignoran el derecho del ser ya concebido?

Por todas estas razones el fallo nos parece más que lamentable. Él constituye una verdadera tragedia para todos los chilenos; los no nacidos y los nacidos.

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Pero no por esto nos damos por vencidos. La enorme reacción habida durante toda la tramitación de este proyecto de aborto demostró el aprecio que la gran mayoría de los chilenos tenemos por el derecho de nacer.

Debemos transformar ese aprecio en una fuerza política que se haga sentir en las próximas elecciones presidenciales y legislativas.

Una ley se puede deshacer con otra ley. Elijamos a los candidatos que nos aseguren su posición contra el aborto y que nos den garantías de que propondrán y apoyarán una ley que restablezca el imperio del derecho para los que están por nacer.

Sí, una batalla perdida, no es una guerra perdida.

En materia de enfrentamientos, ya lo decía el gran estratega alemán Clausewits, lo mejor es quitar las ganas de resistir al adversario.

Nuestro deseo de resistir debe, por lo tanto, aumentar con este fallo. Debemos aprovechar las elecciones de noviembre para castigar, con nuestro voto, a todos aquellos que apoyaron la ley en el Congreso y que se presenten para ser reelegidos. Y premiar a los que nos den verdaderas garantías de su posición pro vida.

Las próximas elecciones deberá ser un plebiscito nacional de repudio al aborto y de afirmación del derecho de nacer.

Por último, felicitamos a los cuatro jueces del Tribunal Constitucional que supieron resistir a la presión mediático-gubernamental en el voto favorable al recurso de incostitucionalidad.

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Concluimos estas consideraciones, que nos vienen del fondo del alma, ofreciendo una oración de reparación a la Virgen del Carmen, Reina y Patrona de Chile por este verdadero pecado nacional. Y le pedimos a Ella que nos de su misma Fe y coraje para decir SI al derecho de nacer y NO al aborto.

 

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

 

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