¿Es lógico que el Gobierno celebre el NO?

0 188

Este viernes 5 de octubre se cumplen 30 años del plebiscito de 1988,  oportunidad en que el Sr. Sebastián Piñera votó por el “No”.

Pasadas tres décadas de este evento y ocupando la Primera Magistratura de la Nación pareciera lógico que él lo pueda celebrar.

Sin embargo, hay una profunda diferencia entre el 5 de octubre  de 1988 y el de esta semana. La diferencia es obvia. En 1988, lo que ocurriría después de la victoria del “No” era una incógnita pues representaba el futuro. Hoy es una historia ya vivida y conocida.

Por lo tanto celebrar el resultado del plebiscito en el 2018, es celebrar lo ocurrido en los 30 años que han pasado desde esa fecha hasta ahora.

¿Y qué ha ocurrido? ¿Se cumplieron los vaticinios de “la alegría ya viene”? ¿Vino el “caos” predicho si ganaba el “No”?

Celebrar el “No” del 5 de Octubre sin responder a esta pregunta es cerrar los ojos a lo que la historia nos muestra.

Digamos en primer lugar que como es patente para todos los chilenos, ni vino la alegría del “No”, ni se produjo el tipo de “caos” predicho por el “Sí”.

¿Quiere decir entonces que el resultado del Plebiscito no produjo nada más que el regreso de los partidos políticos y las elecciones abiertas?

Si se mira sólo la superficie de los hechos se diría que no hubo ninguna transformación decisiva para la sociedad chilena. Si se analiza con más profundidad, se constata que en realidad se produjo una profunda revolución que la ha trasformado, sin que ella lo perciba.

Recuerdo que en el mismo momento en que las posiciones entre el “Si” y el “No” se peleaban los espacios publicitarios,  la Sociedad de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP), publicaba un manifiesto advirtiendo de que la campaña del “No” traería los frutos del socialismo impuesto por el Partido Socialista Español (PSOE). Y que éste consistía en producir una transformación cultural que, según las propias palabras del socialista Alfonso Guerra, a su pátria “no la reconocería ni la madre que la parió”.

En efecto, los sucesivos gobiernos de la Concertación, desde 1990 hasta hace pocos meses, con el intervalo del primer gobierno del actual Presidente, han transformado al País de tal modo que bien se le puede aplicar la famosa frase de Guerra.

Las transformaciones han sido lentas pero inexorables y ellas se han centrado en el desmontaje de la familia y de todas las instituciones que hicieron a nuestra nación, grande, cristiana y fuerte.

Para no sobreabundar, en un artículo de comentario de la semana, tomemos la desarticulación de la familia.

A nadie de buen criterio, ni siquiera a los del “No” de 1988, se les habría pasado por la cabeza de que se llegaría a aprobar una ley dando “protección a la identidad de género” a los trans, bi, homo, y a un largo etcétera de diferentes opciones, que ya incluye a más de 50 (algunos hablan de 100) tipos de identidades diferentes.

Más aún, quien dijese en  1988 que una ley de esa naturaleza no sólo sería aprobada por la izquierda sino propuesta y defendida por un Gobierno de “derecha”, con el apoyo de parlamentarios de Chile Vamos, se diría que la capacidad de la imaginación habría superado los límites.

¿Cómo entonces se produjeron estos cambios sin casi notarlo?

Sin querer agotar el tema, digamos que uno de los factores principales fue precisamente el vaciamiento de cualquier convicción seria, objetiva y fundamentada por parte de la mayoría representantes de los partidos de “centro derecha”.

Las consignas de estos negros años han sido los acuerdos, el “consenso”, el “diálogo”, no a las polémicas, no al “fundamentalismo”. Así se conseguiría una transición pacífica y sin traumas… ¿a qué? A lo que estamos viendo.

Apenas transcurridos 25 años del plebiscito, el Partido Comunista volvió en “pompa y majestad” a gobernar Chile, sin que a nadie le pareciera un absurdo; y los militares que salvaron al País, mueren en la cárcel, sin derecho a una justicia equitativa.

En realidad el “caos” previsto por los del “Sí” no vino como ellos lo preveían. Pero sí vino un caos manso, tranquilo, sedante, que nos tiene hoy a pasos de perder nuestra propia identidad de nación cristiana y orgullosa de sus tradiciones.

¿Es lógico entonces que el Presidente Piñera celebre el “No”?

Credo, por un Chile auténtico, cristiano y fuerte.

 

 

 

 

Déjanos tu opinión

Leave A Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.