En busca de un “estado de Gracia” para Chile

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Esta semana que pasó se dio a conocer el libro “Una mirada al alma de Chile 2006-2015”,  basado en los resultados de la Encuesta Bicentenario UC-GfK Adimark durante ese período, es decir, en base a una década de encuestas.

Si bien es cierto que el título de la publicación, “una mirada al alma de Chile”, resulta un poco pretencioso toda vez que el alma de un país no es “cuantificable”, no es menos cierto que el trabajo de investigación da importantes sintomatologías del estado de nuestra sociedad.

Antes de pasar al análisis de los resultados que más interesan desde el punto de vista de la vigencia de los principios cristianos en nuestra sociedad, es importante señalar que “el alma de Chile”, no se circunscribe a “lo que piensan los chilenos”. En primer lugar, porque el “alma de Chile”  es la parte espiritual de la nación, y ella consiste principalmente en la vocación que la Divina Providencia le concedió a nuestra nación.

De igual modo, cuando nos referimos al alma de una persona, estamos señalando aquello que le es más íntimo, propio,  exclusivo y de carácter espiritual. Por eso, cuando se dice  “que su alma descanse en paz”, nos referimos a esa parte espiritual que no deja de existir  después del fallecimiento.

Diferente es el “estado del alma”. Ella puede estar en estado de gracia, cuando se conforma con el plan que Dios le concedió, o en estado de falta o pecado, cuando se distancia de la voluntad de su Creador.

¿En qué estado está el “alma de Chile”?

Un alma  trizada.

Pasemos entonces a los resultados concretos de la investigación en algunos de sus aspectos más importantes: la familia, la Iglesia y la confianza en las instituciones en general.

Comenzamos por la familia, no porque ella sea la más importante, sino porque nos muestra más claramente la trizadura que afecta al “alma de Chile”.

En primer lugar, el libro señala que “el reporte de felicidad conyugal favorece a las parejas casadas”. El 85% de los casados dice “ser feliz o bastante feliz”, contra el 73% de los casados por segunda vez, que responde de esa forma. Lo que en sana lógica debería llevar a concluir que el matrimonio concede mayor felicidad que las otras uniones.

Sin embargo, a reglón seguido, de los mismos entrevistados, sólo el 51% considera que “el matrimonio es un compromiso para toda la vida”, contra el 77% que lo consideraba así hace 10 años.

Es decir, los casados están contentos, pero su satisfacción no se basa en el mantenimiento de un principio moral, la indisolubilidad conyugal, sino en un estado anímico favorable.

Lo mismo se repite para el aborto y las uniones homosexuales.

Hace 10 años, el  48 % estaba contra las uniones homosexuales, ahora sólo el 36% de los encuestados se manifiesta en el mismo sentido.

A la pregunta: ¿Ud. cree que la mujer debería tener derecho a hacerse un aborto? Hace 10 años el 42% decía que sí. En la última encuesta el 59% responde por la afirmativa. Es decir, los abortistas aumentaron en un 17%.

Es verdad que si la pregunta fuera formulada de otro modo las respuestas variarían sustancialmente. Por ejemplo si se preguntara: ¿Cree Ud. que todas las personas tienen derecho a nacer, independiente de su estado de salud?, quizá la mayoría respondería que sí.  O ¿cree Ud. que se puede matar un niño porque tiene un defecto o porque su mamá no lo quiere? ciertamente la respuesta seria negativa.

Sin embargo, no es menos cierto que existe un denominador común en todas las respuestas y él es que las personas pueden hacer lo que ellas consideran mejor para sí mismas, independiente de si esas conductas son buenas o malas desde el punto de vista moral.

Lo que es lo mismo que decir que lo bueno es aquello que me satisface y lo malo lo que me incomoda, es decir, la definición del relativismo moral y del egoísmo.

Ese relativismo se hace sentir también en las respuestas en relación a la Iglesia Católica. La confianza en ella disminuyó en 10 años del 44  % al  24 %, siendo la institución que tuvo la mayor caída de credibilidad pública.

No se puede decir que esta disminución de la confianza se deba sólo a los escándalos producidos por algunos de sus sacerdotes. Ciertamente esto influyó y mucho. Sin embargo, la entrevista incluye otras preguntas que son indicativas de esta trizadura moral.

La opción “si se debe dar la comunión a las personas (divorciadas y) vueltas a casar”, alcanza un 71% de respuesta positivas en los católicos observantes y sólo un 27% de los mismos se manifiestan a favor de la encíclica Humane Vitae que prohíbe los métodos artificiales de control de la natalidad.

Es decir, el relativismo moral se hace sentir también dentro de las propias filas de los católicos que se denominan “observantes”.

¿Quiénes suscitan confianza?

Si bien es cierto de que todas las instituciones han sido afectadas por la desconfianza pública, las que se mantienen con mayor credibilidad son aquellas que dan muestras de mayor sacrificio individual y consecuencia con su profesión: los carabineros y las Fuerzas Armadas.

Incluso entre los políticos, que en conjunto sólo poseen un 1% de confianza, el que inspira mayor credibilidad es el diputado Jackson de acuerdo con otra encuesta. Y este apoyo no lo obtiene por lo que él piensa, pues muy pocos saben siquiera el nombre de su partido, sino porque parece creer en lo que dice.

Y aquí tocamos un punto de la verdadera “alma de Chile”. Es la admiración por la sublimidad en el servicio a los nobles ideales y  llevada hasta el sacrificio de sí mismo. Nuestros héroes nacionales, son precisamente los que dieron la vida por un ideal. Ahí está la primera santa canonizada, Santa Teresa de los Andes,  los Héroes de la Concepción, Arturo Prat, el Teniente Merino y tantos otros que no se borran de la memoria nacional.

La conclusión a la que llegamos es que el común de las personas parece querer dejarse llevar por lo que le parece más cómodo, pero admiran a quienes no proceden como ellos.

Lo que indica un camino para que nuestra Patria se recupere del lamentable “estado de alma” en que se encuentra: necesitamos líderes que se quieran sacrificar por el ideal al cual fuimos llamados por la Divina Providencia. Que estos líderes sean coherentes y sean capaces del sacrificio hasta el abandono de sí mismos. Es ciertamente un camino arduo, pero es el único verdadero.

©Credo Chile

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