El Sename y la moral de la Nueva Mayoría

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Escándalo nacional produjo el conocimiento de las más de 800 víctimas infantiles ocurridas en dependencias del  Servicio Nacional del Menor, (Sename).

En realidad, la cifra impresiona enormemente. Pero lo que llama la atención es que pocas personas reparan que la propia existencia del Sename es -en sí misma-  la manifestación de una crisis.

En efecto, naturalmente los hijos deben nacer en el seno de una familia, y es allí, rodeados del cariño y del amparo de los padres, donde ellos deben crecer y ser educados. Lo que salga de esta regla común de la existencia humana, es producto de una anomalía.

Y esa grave anomalía es que haya tantos progenitores que no se encarguen de la educación de sus propios retoños y que el 73% de los niños nazcan fuera del matrimonio.

Por lo anterior, más que limitarse a inyectar 16 mil quinientos millones de pesos adicionales al presupuesto de Sename, la Presidente debería preguntarse cómo fortalecer la institución de la familia. Sin embargo, lo que vemos en las iniciativas promovidas por la Nueva Mayoría es precisamente lo contrario.

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Hace pocos días atrás, la Alcaldesa de Santiago publicó un libro de 100 preguntas y respuestas sobre sexualidad, dirigido a niños adolescentes.  La publicación en cuestión no contenía ni una palabra sobre afectividad,  fidelidad, menos aún sobre matrimonio. Todo se reducía  a resolver dudas sobre el resultado de comportamientos completamente anormales.

¿Qué se puede esperar de un libro de este tipo de “educación”, sino el de aumentar la destrucción de  las virtudes morales sobre las cuales reposa la institución de la familia? Y, ¿cómo entonces sorprenderse de que tantos niños vayan a parar al Sename por maltrato de sus progenitores?

Hay un claro fariseísmo en las declaraciones  de las autoridades públicas.

El proyecto de aborto que se tramita en el Senado aumentará todavía más las consecuencias de estas políticas de “derechos sexuales”, pues terminará, como en todos los países en que se legaliza, como un sistema más del control de la natalidad. Y ese asesinato rutinero endurecerá aún más el corazón de quienes deberían recibir los hijos como un don de Dios.

Desde 1990 hasta la fecha, los sucesivos gobiernos concertacionistas y el actual de la NM, han venido implantando una nueva moral, con sus correlativos preceptos y prohibiciones que obedecen a una filosofía igualitaria.

Veamos algunos de estos preceptos:

La NM prohíbe fumar un cigarrillo por considerarlo gravemente perjudicial para la salud pública, pero quiere permitir el consumo de drogas, o al menos de marihuana, como si ésta fuese perfectamente inocua.

La NM quiere prohibir el uso de la sal en las marraquetas de pan, pero se promueve el sexo libre. Exige el etiquetado de todos los productos alimenticios altos en grasas, azúcares y sodio, pero permite el uso intenso de pornografía en programas de TV, kioscos y propaganda comercial.

Los menores de edad no pueden comprar una cerveza en el supermercado ni elegir un concejal, pero podrán solicitar un cambio registral de su identidad y una operación de transexualidad en virtud del proyecto que impulsa el Gobierno, todo esto incluso sin el consentimiento de sus padres.

Los menores pueden “hacer lo que quieran, con quienes quieran y cuando quieran”, pero los padres de familia no pueden seleccionar los colegios donde ellos sean educados, ni tampoco contribuir con un copago para mejorar su nivel educativo.

Los propietarios de automóviles del 2012 – ¡incluso los eléctricos! – deberán dejarlos estacionados un día a la semana, pero, al mismo tiempo, se incentiva aceleradamente el uso de un trasporte público deficitario, mal concebido y peor organizado, con el cual todos nos debemos dar por perfectamente satisfechos, por ser obra de la NM.

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La filosofía que inspira todas estos permisivismos  y estas prohibiciones es una mezcla de marxismo colectivista con hedonismo individualista.

De acuerdo a los postulados marxistas, todos somos partículas de una misma masa, el proletariado. Como partículas de esta masa, debemos vivir, gozar y morir perfectamente iguales y completamente libres.  Los placeres que puedan ser practicados en cuanto “masa proletaria” son legítimos y buenos. Aquellos que nos separan a los unos de los otros, son malos.

De ahí que, por ejemplo, el uso de un vehículo más nuevo, se considere profundamente atentatorio contra la “masa” que se transporta en el Transantiago. Así, del mismo modo que “hay que quitarle los patines a los niños”, hay que bajar del auto a aquellos que lo tienen.

Por su parte, el hedonismo individualista, consiste en que el goce de estos “derechos de masa” no tiene por qué cumplir ningún rol social ni preocuparse por el bien común. Basta que tú estés satisfecho y feliz, para que él sea considerado bueno.

De ahí también que todo tipo de promiscuidad sea estimulada, sin cuidarse de las malas consecuencias que pueda tener.

La mezcla de estos dos absurdos morales produce el “hombre nuevo” de la Nueva Mayoría. Las 865 víctimas del Sename no son sino una de las macabras consecuencias de esta experiencia moral.

©Credo Chile

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