El Partido socialista en Chillán 1967… la “nueva” izquierda del 2017

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En pocos días más se conmemoran 50 años de la famosa declaración del Partido Socialista en la ciudad de Chillán.
El evento tuvo lugar los días 24,25 y 26 de noviembre de 1967. Como no podía dejar de ser, participaron, además de los militantes nacionales, “un número similar de delegados fraternales con derecho a voz. Se hicieron representar con dos delegados los gobiernos comunistas de la URSS, Alemania Oriental, Rumania y Yugoslavia (…).”
En el texto final de dicho Congreso, se aprobó por la unanimidad de sus integrantes, el siguiente acuerdo:

“’1.El PS, como organización marxista-leninista, plantea la toma del poder como objetivo estratégico a cumplir por esta generación, para instaurar un Estado Revolucionario que libere a Chile de la dependencia y del retraso económico y cultural e inicie la construcción del Socialismo.
“2. La violencia revolucionaria es inevitable y legítima. Resulta necesariamente del carácter represivo y armado del estado de clase. Constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico y, a su ulterior defensa y fortalecimiento. Sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista”.

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Muchos pensaban que este lenguaje, característico del expansionismo soviético, había quedado en la historia, y que nunca más Chile se encaminaría por esa senda de violencia y marxismo.
Sin embargo, las declaraciones de los tres candidatos presidenciales de la “nueva” izquierda de esta semana pasada, muestran que están lejos de haber aprendido la lección. Al contrario, se están repitiendo.

Pasemos a las declaraciones.

El Frente Amplio dio a conocer una declaración titulada “La recta final. Consideraciones y lineamientos para la fase final de la campaña de Beatriz Sánchez”. En él, se establece que: “nuestro verdadero adversario (…) no son los hipotéticos cuatro años de gobierno de Piñera, sino que los últimos 30 años de un modelo político, económico y social que beneficia a unos pocos (…) necesitamos dejar en claro que nuestro proyecto político aspira a constituirse como una alternativa de cambio frente a la connivencia político-empresarial”.

Ahora, como lo que ha caracterizado estos “30 años de modelo político” ha sido -grosso modo- el respeto de las reformas económicas de privatización, se debe concluir que, al hablar de los “30 años”, en realidad lo que se pretende es revivir el período de los años 67-73.

O sea, a la misma época en que se desarrollaba la lucha de clases más radical y del cual el acuerdo del Partido Socialista en el congreso de Chillán de 1967, no fue sino su expresión más aguda.

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Haciendo par a las declaraciones del Frente Amplio, en esta misma semana el candidato Eduardo Artés, comunista militante de larga data, y hoy creador de un referente, también extrema izquierda, denominado Unión Patriótica (UPA), pretendió rivalizar en radicalidad con la candidata del FA.

Así, este candidato no tuvo ningún reparo en afirmar que: “El paso de una sociedad a otra no es algo que sea en forma pacífica (…) Va a depender de cómo sea la reacción de los sectores dominantes”.

Quizá para indicar hacia dónde nos conducirá su anunciada violencia, Arlés no esconde sus simpatías por Corea del Norte, como ejemplo de sociedad digna y democrática.

De Guillier no hablamos, pues su candidatura es una pantalla de algo que nadie sabe a ciencia cierta qué significa, pero de la cual se puede esperar todo. Sí, todo. Menos que será él quien conducirá las riendas del poder, caso lo asuma. Las riendas ya están, desde ahora, en manos de su equipo dirigido por el dirigente comunista Juan Andrés Lagos…

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¿Ud. ve, estimado lector, alguna diferencia entre estas tres formas de la izquierda 2017, (Guillier, Baeza y Arlés), con la del PS en el Congreso de Chillán de 1967?

Quizá la única diferencia esté en que en 1967 la izquierda aún no contaba con el apoyo del “nuevo proletariado”, o sea el formado por todos aquellos que a algún título se sienten “discriminados por la sociedad burguesa”: los llamados pueblos originarios, homosexuales, trans, feministas y ecologistas radicales de toda laya y especie.

El cuadro, por lo tanto, no es para nada tranquilizante.
©Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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