El mercado y la política de “futuros”

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Quienes se manejan en el mundo financiero saben operar  lo que se llama “mercados de futuros”. Estos negocios, en pocas palabras, consisten en la realización de contratos de compra o venta de ciertas materias en una fecha futura, pactando en el presente el precio, la cantidad y la fecha de vencimiento.

Es claro que hay siempre una incógnita y un riesgo del inversionista. En éste, como en todos los negocios, las personas se pueden hacer muy ricas o quedar muy pobres.

Oyendo el Mensaje presidencial de la semana pasada, éste nos hizo recordar los “mercados de futuro”, sólo que en este caso, no es un tema de negocios particulares, sino de “políticas de futuro” implementadas por el Gobierno de Chile.

La Mandataria le quiso explicar al País que, si bien puede ser que hoy no estemos tan contentos, esto se debe a que todavía no sabemos el buen negocio “a futuro” que hizo el Gobierno estatizando tanto cuanto pudo y dificultando, en la misma medida, a la iniciativa privada.

Para ella, el mal negocio consiste en permitir la iniciativa privada, pues, de acuerdo a su ideología socialista, los particulares están siempre ávidos del lucro y por eso oprimen a los más débiles. De ahí que mientras más Estado, mejor futuro.

En dos palabras, esta fue la idea central del Mensaje Presidencial: “estamos construyendo bases nuevas y sólidas para que el mañana supere al presente”

En consecuencia de lo anterior, lógicamente debemos mantener el “negocio a futuro” con otros “inversionistas” del Estado, que aumenten su papel controlador y disminuya aún más lo que queda de iniciativa privada.

Así, en poco tiempo llegaremos a darnos cuenta de la enorme ganancia que todos obtuvimos gracias a esta política “de futuro”.

Hasta ahí todo parece bien, pues pocos discuten lo que ocurrirá en el futuro.

Sin embargo hay un pequeño detalle que la Presidenta olvida poner en conocimiento del público, pero los medios de comunicación no dejan de informarnos a diario.

Es el pésimo resultado obtenido por todos los gobiernos bolivarianos que aplicaron esta misma política de “futuro” en las economías de sus naciones.

Comenzando por Venezuela, que despilfarró todas sus inmensas reservas  acumuladas durante décadas gracias al altísimo precio del petróleo, y hoy se debate en medio del hambre, acosada por la persecución de una dictadura declarada, que no repara en asesinar a los opositores.

Nuestra vecina Argentina, que siguió los mismos pasos de Venezuela, no tuvo resultados muy diferentes. Y, si no llegó al fondo del pozo, fue gracias a que se consiguió salir del mismo espiral de fracasos y persecución a que la sometieron los sucesivos gobiernos de los Kirchner.

Brasil, la más grande de las economías del Continente, no está muy lejos de este panorama, en virtud de 14 años de Gobierno del Partido de los Trabajadores, cuya política consistió en una espuria asociación del macro capitalismo privado con el capitalismo de Estado para robar, coimear e intentar expandir este mismo “modelo” a países de América Central, América del Sur y África.

Y para qué decir el decano de este tipo de negocios – Cuba– que desde casi hace 60 años está a la espera de que las “inversiones estatistas a futuro” la saquen de la miseria económica y del presidio en que se encuentra toda su infeliz población.

Así, cuando en Chile la Mandataria nos asegura que se llegará a la gratuidad total en la enseñanza superior, que las pensiones subirán en un 50%, que las cotizaciones aumentarán en un 5% que deberán pagar los empleadores (siempre los malos), que los colegios serán de calidad y gratuitos, que los hospitales acogerán sin distingos a todos los enfermos, que el aborto estará garantizado (por ahora sólo en las 3 causales), que los homosexuales se podrán casar y adoptar hijos, etc., ¡desconfíe!

Abra el diario y lea lo que pasó en Venezuela, en Brasil, en la Argentina, en Bolivia y en todos los países que invirtieron “a futuro”, aumentando el poder del Estado todo lo posible para facilitar su conocida voracidad.

Lo que  obcecadamente quieren negar los socialistas “bolivarianos”, de todas las cepas y velocidades, es un principio elemental, formulado hace muchos siglos por el gran Doctor de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino: “lo que pertenece en común es descuidado por todos”.

En conclusión, el negocio “a futuro” implementado por el Estado es siempre catastrófico. No se necesita ser adivino  para saber cuál será el resultado de  esa utopía (del griego: “lugar que no existe”) bacheteliana: hambre, miseria y opresión.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

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