El Incendio y el “pago de Chile”

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Mientras se apagan los últimos focos del llamado “incendio del siglo”, se hace ver un defecto moral que es conocido como “el pago de Chile”, o sea, el vicio de la ingratitud por los favores recibidos.

La semana pasada la Sra. Lucy Avilés de Walton, quien tuvo la iniciativa de promover la venida del avión Super Tanker para combatir los incendios y de pagar el costo de la operación, desde su casa en Denver, declaró a la prensa:

“Estoy más tranquila. (…) Yo me aferré al llamado que hizo el Gobierno de pedir ayuda internacional. Con gobierno o sin gobierno, lo hubiera hecho igual. Quiero dejar en claro que no es un tema político. (…). Voy a seguir ayudando igual, porque sigue la reconstrucción, pese a lo ingrata que ha sido la gente (…) Esto ha tenido un costo familiar y emocional muy alto. Me han tratado mal a través de las redes sociales. Ya no sé qué hacer, estoy realmente aburrida”.

Lo que quizá la Sra. Avilés de Walton ignore es que este “maltrato en las redes sociales” y el poco caso que le hicieron las autoridades nacionales a su generoso gesto, se explica por un defecto moral propio de los hombres que no quieren admirar ni servir, lo que está en la raíz de la mentalidad socialista.

¿Cuál es ese vicio moral?

Para comprender mejor el mecanismo de la ingratitud, veamos primero lo que caracteriza a la persona que es grata en relación a aquella de quien recibió un beneficio.

En primer lugar, ella valora el bien recibido –sea cual fuera su naturaleza– pues lo propio del agradecido es apreciar lo que recibe. En segundo lugar, ella considera la buena actitud de quien lo otorga, pues siempre que alguien realiza un acto generoso en relación a su prójimo, está posponiendo sus propios intereses. En tercer lugar ella manifiesta esa gratitud por gestos de reconocimiento, proporcionados al don recibido, y, por último, ella mantiene esa relación de gratitud.

Esta disposición genera relaciones de dependencia entre unos y otros, y esa dependencia es el reflejo de las desigualdades armónicas y naturales entre los que dan y los que reciben.

Nada más opuesto a la mentalidad de los socialistas.

Como ellos no quieren reconocer superioridad en nadie, no quieren tampoco que nadie le deba nada a nadie. Todos perfectamente autónomos en un mundo de seres absolutamente iguales y ajenos es el paraíso utópico y desquiciado de Marx.

Anhelando un mundo así, los socialistas hacen imposible el ejercicio de la caridad entre las personas. Pues, si todos somos enteramente iguales, entonces nadie puede ayudar en nada a su prójimo. Y un mundo sin caridad es un mundo inhumano, peor aún, es un mundo no cristiano.

Conociendo este vicio moral, el gran San Vicente de Paul, fundador de la Congregación de las Hijas de la Caridad, – así como de innumerables hospitales y asilos – y apóstol incansable en pro de la ayuda a los más necesitados de su época, en pleno siglo XVII, le decía a sus hijas espirituales: “Uds. deben hacerse perdonar del bien que conceden”.

O sea, él santo francés sabía que muchas veces quienes reciben un bien, quedan resentidos contra quien se los otorgó. De ahí al odio de clases no hay más que un paso.

Más aún, quienes tienen el vicio de la ingratitud, fruto de este anhelo igualitario, lógicamente tienden al ateísmo. El ateo es aquel que, no pudiendo decir que él es dios, cae en el absurdo de decir que Dios no existe y termina odiando la misma idea de un Dios.

Por eso, para el marxista francés Roger Garaudy, no era necesario predicar el ateísmo para hacer ateos, bastaba establecer la igualdad.

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Las reacciones y “el hostigamiento” que recibió la Sra. Avilés de Walton, por parte de muchos chilenos y de las propias autoridades nacionales, – y de las cuales, con justa razón, ella se queja – están motivadas, en gran medida, por este vicio moral que se encuentra en la raíz de la mentalidad socialista.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

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