El Centenario de la revolución bolchevique y el panorama nacional.

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Están complicados los comunistas del mundo entero con el centenario de la revolución bolchevique, que se conmemora el 7 de noviembre próximo, de acuerdo al calendario gregoriano.

“No tenemos nada que celebrar” declaró Putin al respecto. Por su parte, el semanario “El Siglo”, siempre fiel a lo que emana de la “madre patria”, tampoco ha formulado ningún panegírico de lo que fue la llegada al poder de los bolcheviques en 1917.

Sin embargo, tanto Putin cuanto “El Siglo” celebran el Festival de las Juventudes, celebrado entre los días 17 al 22 de octubre en el balneario ruso de Sochi y que juntó a cerca de 20.000 jóvenes, de acuerdo a la información proporcionada por los organizadores.

En la declaración final del encuentro de las juventudes, (no llamadas comunistas) se lee: “Unamos nuestras voces con el pueblo de Rusia para conmemorar la Revolución del Gran Octubre de 1917. Un año histórico para toda la humanidad. Los años que siguieron a la Gran Revolución Socialista de Octubre son la prueba firme de que los pueblos tienen la fuerza no sólo para derrotar el imperialismo, sino para asumir el poder en sus manos”. (http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/10/26/rusia-declaracion-final-del-19no-festival-mundial-de-la-juventud-y-los-estudiantes/)

Cuesta pensar que este evento habría tenido lugar sin la completa anuencia de Putin, y la entera colaboración de las JJCC del mundo entero. Sin embargo, la estrategia manda –por ahora- esconder  la marca registrada en 1917.

Mientras los propios herederos de la Revolución de Octubre prefieren esconder sus “hazañas”, en Occidente, por el contrario,  se han realizado exposiciones, libros, conferencias, eruditos artículos y, en general, comentarios de todo tipo sobre el infausto acontecimiento.

Dos cosas llaman la atención en las conmemoraciones occidentales del evento.

En primer lugar la completa omisión del papel fundamental de los “compañeros de ruta” y de los “kerenskis” en la ascensión al poder de Lenín y sus secuaces.

En efecto, Lenin no era sino un desconocido personaje, recién llegado del exilio en Suiza y que se aprovechó hábilmente de la revolución realizada previamente por un grupo de burgueses, más o menos socialistas, entre los cuales el propio Alexander  Kerensky. En realidad, sin los “kerenskis” nunca podrían existir los “lenines”.

Cumplía, que en la conmemoración de este centenario, se diera la debida importancia al papel de estos infaltables preparadores del camino a los comunistas, tanto los del campo civil, cuanto de la esfera eclesiástica, con la llamada “teología de la liberación”.

En segundo lugar, también llama poderosamente la atención otra omisión en las conmemoraciones del Centenario.

Hoy todos reconocen los malos frutos y los crímenes perpetrados por el comunismo en el mundo, sin embargo, no se ha formulado ninguna ponderación ni reconocimiento hacia aquellos que se consagraron a impedir la subida del comunismo en sus respectivas patrias.

Cayó un pesado olvido hacia todo lo que fuera anticomunismo. Desde los “rusos blancos”,  que combatieron la revolución bolchevique, pasando por los mártires de la “Iglesia del Silencio”, hasta los que en nombre de la tradición, de la familia y del derecho de propiedad, se opusieron en sus respectivos países a la subida del comunismo. Hoy todos los anticomunistas son puestos al margen de la historia.

Curioso olvido. Si el comunismo fue tan malo, y sus frutos tan dañinos en todo orden de cosas, al punto que sus propios continuadores lo esconden, ¿por qué entonces no felicitar a quienes –de modo adecuado y legal- supieron enfrentarlo e impedir su imposición?

Por último, –en el caso nacional- otras omisiones llaman la atención.

En primer lugar, las candidaturas presidenciales de izquierda, sin excepción, cuentan con respaldo y apoyos comunistas; desde Juan Andrés Lagos para Guillier, pasando por la periodista Baeza del Frente Amplio, hasta Eduardo Artés, que elogia a Corea del Norte. Todos ellos deberían realizar un juicio público, de frente al electorado, respecto al centenario de la revolución bolchevique.

No es honesto aceptar la colaboración de los comunistas, pedir sus votos y omitirse sobre el acto fundacional de ese partido en Rusia.

Por otra parte, también la candidata DC debería aclarar su posición sobre el papel de los kerenskys,  en particular sobre el papel que le cupo al ex presidente Frei Montalva en la subida de la UP al poder. ¿Piensa ella, por ejemplo, lo mismo que afirmaba el ex presidente el año 48’ “que hay algo peor que el comunismo, que es el anticomunismo”?

Y, para concluir, ¿corresponde citar al ex presidente Aylwin, en apoyo de una candidatura que se quiere de “centro derecha”, en circunstancias que el ex presidente fue, en cuanto senador DC, uno de los más activos propulsores del proceso agro reformista, la principal arma de la lucha de clases comunista en su momento?

Todas estas “omisiones” nos dejan pensativos al conmemorarse los cien años de la fatídica revolución. Sí, de una revolución que  ya antes de su realización, fuera condenada por la Santísima Virgen en Fátima: “Rusia esparcirá sus errores por el mundo entero”.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

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