El alcoholismo y el populismo tienen cura

0 481

El alcoholismo es un vicio en el cual se puede caer fácilmente y del que se sale con mucha dificultad.

Se comienza con una primera embriaguez en la que se sienten los efectos del alcohol sobre la cabeza y se quiere repetir la dosis. Después, de dosis en dosis, se termina esclavizado a la botella.

En general, es lo que ocurre con todos los vicios morales, pues lo mismo se puede decir de la droga, de la mentira, del robo, de la fornicación, etc. etc.

El populismo es también un vicio moral, sólo que éste no es practicado por una persona, sino por una sociedad entera. Se comienza por darle crédito a un demagogo, gustando de los primeros bonos del Estado que se reciben sin trabajar y, finalmente, se acostumbra a vivir del Fisco. Así, el Estado hace el papel de la botella para el alcohólico.

Sin embargo, tanto el populismo como el alcoholismo tienen cura. Muchas veces el tratamiento consiste en una dosis de consumo tan grande que sature al adicto y éste consiga así salir de la dependencia.

Sólo que, para no reincidir, él debe dejar para siempre el alcohol, pues de lo contrario su voluntad, que se encuentra debilitada, no conseguirá dejar de reincidir en el vicio.

La semana pasada este tratamiento de shock pareció funcionar bien, en contra del vicio populista en Argentina, Venezuela, Brasil y Bolivia.

La embriaguez populista de la gran nación vecina duró 12 años y terminó con el país más pobre, (28,7% de la población quedó en 2014 bajo la línea de pobreza; la indigencia alcanza al 6,4%) y la Presidenta más rica (su patrimonio creció 16%).

La borrachera venezolana duró 16 años y terminó con una inflación que, de acuerdo con el FMI, “es la más alta del mundo”, del 200%, y el país se encuentra en la miseria.

La embriaguez de Brasil producida por el Partido de los Trabajadores, ha llevado a la quiebra a una de las economías que hasta hace poco parecía de las más prósperas del mundo. Por su parte la familia del ex Presidente Lula multiplicó su fortuna con una rapidez comparable a la del empobrecimiento general. Al final de ocho años del mandato de Lula padre, sus hijos Lulinha y Luís Cláudio figuran como socios en seis empresas, con capitales y ganancias que no consiguen justificar.

En Bolivia, a pesar de los buenos precios que tuvo la venta de gas, parece que ya no quieren a Evo para un 4° mandato.

Como se ve, todas estas naciones que creyeron encontrar una fórmula fácil de vivir sin trabajar, terminaron después en un tratamiento de saturación que a menudo proporcionan los populistas que se toman el poder, reaccionando contra el vicio.

Estos hechos nos dan una buena lección a los chilenos.

Hasta aquí, el Gobierno de la Nueva Mayoría nos está ofreciendo la botella del populismo:  educación gratuita, universidad gratuita, reforma laboral contra los ricos, reforma tributaria, aborto, matrimonio “igualitario”, etc. etc.

El problema es que todavía no hemos tenido el saludable shock de los países nombrados.

Sin embargo hay síntomas de buenas reacciones: el Fallo del Tribunal Constitucional que estableció la improcedencia de la glosa de la gratuidad, las reacciones de los afectados por la violencia en la Araucanía, el rechazo creciente al proyecto de aborto, la amenaza de los camioneros de ir a paro por la inseguridad de las carreteras, etc.

¿Será necesario caer en los peores excesos del vicio populista para salir de él?

Esperamos que no, pues Chile ya vivió, no hace tanto tiempo atrás, una fuerte borrachera populista que duró 1000 días y de la cual nos fue muy difícil salir. No recaigamos en el vicio, pues esta vez puede ser fatal.    ©Credo Chile

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.