El “affaire” Arturo Vidal: ¿una radiografía social?

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El choque protagonizado por el jugador Arturo Vidal en los días de la copa  de América conmovió al País y repercutió en las secciones deportivas de muchas otras naciones.
Resumamos los componentes del “caso”: un violador grave de la ley; una víctima inocente y desconocida; un sargento de Carabineros. Una opinión pública que “juzga” el evento.
Cada uno de estos componentes fueron proyectados en las TVs y ocuparon los principales titulares de la semana que pasó. Ellos son, en cierto sentido y sin que lo pretendiesen, símbolos de la situación que vive el País y en cuanto tal merecen un análisis.
Comencemos por el primero, el “violador de la ley”. Es un personaje famoso, amigo de la Presidenta y rico –que manejaba su Ferrari desde el casino Monticello- conduciendo ebrio por la Panamericana.
El segundo personaje de la trama es “la víctima”, un desconocido, de situación modesta, que anda en su trabajo y es embestido desde atrás, sale volando y por milagro no termina muerto.
El tercer personaje es “la ley”, representada por el Sargento Pezoa. Detiene al infractor sin vacilaciones y de modo perentorio.
El último personaje, “la opinión nacional”, se manifiesta de inmediato a favor del violador de la ley, considera con desagrado al Sargento, sin que le importe la víctima. El comentario presidencial sobre el tema no es muy diferente del que expresaron los hinchas.
En definitiva, el culpable casi pasa por víctima, y es admitido sin sanciones y con el beneplácito general para continuar formando parte de la representación de Chile en el campeonato de futbol.

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Todo este cuadro ¿no le recuerda a Ud.,  estimado lector, otras situaciones análogas?

Creemos que ella se repite de modo casi calcado en la actitud de muchos ante el aborto. El violador pasa inadvertido en el análisis del Proyecto. La víctima (el niño por nacer) no suscita ninguna simpatía, pues es desconocido, pobre e indefenso. La ley que establece una pena para el delito es vista con antipatía y como una represora de los instintos humanos. Y la opinión de muchos se vuelca a favor de la matanza de los inocentes.

Pero esto no sólo se aplica al aborto. En cada uno de los problemas por los cuales pasa actualmente Chile, siempre se nota, por parte de muchos, la misma actitud de simpatía ante los violadores de la ley, sean ellos profesores, alumnos, sindicalistas, pueblos originarios, etc., etc.

Las víctimas, es decir, los trabajadores no sindicalizados, los alumnos que quieren estudiar, los profesores que no participan del paro, los empresarios que aspiran a trabajar honradamente, los enfermos que deben esperar la atención en hospitales públicos mal atendidos, todos ellos no son tomados en cuenta. La ley, o sea, las fuerzas de orden llamadas a impedir y reprimir los desmanes, son consideradas con antipatía, y cualquier exceso es objeto de prontuarios, investigaciones acuciosas y a veces expulsiones.

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El caso Arturo Vidal nos mostró una verdadera radiografía social de la actitud de muchos ante el error y el vicio. Parte importante de la opinión nacional ve con simpatía a los victimarios y con desprecio hacia las víctimas.

Y su explicación está en que, como lo dicen las Sagradas Escrituras, “el número de los idiotas es infinito”. (“stultorum infinitus est numerus”, Eclesiastés, 1, 15) Y los “idiotas” siempre miran con simpatía al que practica el mal y con antipatía al que actúa rectamente; les parece que los primeros pueden ser sus cómplices y que los rectos los censuran por su sola existencia.

Estamos lejos de afirmar que quienes tienen esta simpatía a priori a favor del victimario,  sean la mayoría del País. Las encuestas recientes indican precisamente lo contrario, están a la “baja” y no llegan al 29%. Sin embargo, el fenómeno interesa pues es la substancia de la cual ellos se alimentan.

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Algún lector podrá quizá objetarnos que, si se hubiese aplicado una sanción disciplinaria al jugador Vidal, arriesgábamos perder el campeonato internacional, lo que sería un bochorno para el País, que es el anfitrión del torneo.

A nuestro objetante le respondemos con toda franqueza, que preferíamos ver perder el campeonato antes de entregar a la juventud de Chile este pésimo precedente para su formación: “Si eres famoso, rico, amigo de la Presidenta, tus crímenes serán impunes”.

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Hay un aspecto colateral, pero no menos decidor del caso. Es que Arturo Vidal proviene de un hogar modesto y representa al que salió de abajo. El hijo del Senador Larraín, quien protagonizó un hecho análogo, con resultado de muerte de la víctima, no sólo fue mal visto por su acción reprobable, sino también por provenir de un hogar acomodado y tradicional.

En las circunstancias recién pasadas, nadie se acordó de reformar la ley Emilia para que no sólo sean sancionados los que causen un mal gravísimo, sino todos aquellos que produzcan un accidente por causa de su estado de ebriedad.

Hay en todo esto un factor no disimulado de lucha de clases que le agrega un tufo desagradable al “caso” de la semana.

©Credo Chile

 

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Frase de la semana:

“Yo no soy un héroe, hice mi trabajo, cumplí con mi deber de carabinero no más”.

Cuando la práctica del deber parece heroísmo es que ella está siendo cada vez menos común.

 

 

 

 

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