¿Dos madres y ningún padre?

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Esta semana se conoció el fallo de una jueza de familia que otorgó a dos lesbianas el registro del hijo de una de ellas, inseminada artificialmente, como teniendo dos madres y ningún padre.

La resolución, como no podía dejar de ser, suscitó una polémica por los medios. El abogado y profesor de la Universidad de Los Andes, Sr. Hernán Corral, argumentó que el referido fallo era nulo y que “el Registro Civil debiera negarse a practicar esta inscripción, ya que, de hacerlo incurriría en una ilegalidad manifiesta.”

Como no podía dejar de ser el lobby homosexual celebró el chocante hecho y el diario “El Mercurio” le abrió sus páginas para elogiar el fallo.

Antes de escribir estas líneas fui al portal Iglesia.cl, pues me parecía insólito que dada la notoriedad pública del hecho y las consecuencias evidentes de la destrucción, no sólo de la institución de la familia, sino de la propia naturaleza tal como Dios la creó, los Sres. Obispos se mantuvieran al margen, como si nada sucediera.

Recorriendo los títulos pude percibir que realmente no existía ni una mención al fallo ni a sus consecuencias. Todo no era sino noticias y comentarios relacionados con el coronavirus, como si la muerte espiritual no fuera mucho más dañina que la temporal y que el virus de la “homoherejía” no fuera mucho más mortal que el de Covid 19.

Me pregunté cómo podía entenderse que el Sr. Arzobispo de Santiago, que tan rápidamente se manifestó a favor de una nueva Constitución en medio de la violencia desatada por los agitadores, se mantuviera ahora completamente silencioso y que ese mutismo fuera compartido por sus Obispos Auxiliares.

Quizá algún lector nos objete que el Arzobispo de Santiago no puede estar opinando sobre una noticia de los diarios. Que tiene cosas más serias y trascendentes de que preocuparse.

A este supuesto lector objetante le respondemos que existen dos tipos de noticias, aquellas que son pioneras de transformaciones sociales y aquellas que son meramente episódicas. La noticia en cuestión, obviamente pertenece al primer tipo, pues ella es una muestra de lo que la Revolución anticristiana está pretendiendo en el mundo entero. Omitirse delante de ella, es darle la pasada a esa Revolución.

Precisamente esta semana, el Obispo de la diócesis italiana de Ventimiglia- San Remo, Monseñor Antonio Suetta, se manifestó contra un proyecto de ley que va en la misma dirección de perseguir la posición de la Iglesia relativa a las conductas homosexuales, bajo el nombre de “homofobia”.

Consultado sobre cuál es el consejo que le da a sus hermanos en el Episcopado, el referido Obispo declaró: “El llamamiento que (les) hago es estar atentos para ayudar a los fieles y a todas las personas dispuestas a razonar honestamente para asegurarse de que el engaño cultural subyacente a esta ley esté expuesto. Y luego es nuestro deber como pastores apoyar y también llamar a los políticos que se profesan católicos a ser coherentes”.

Nada, absolutamente nada se oyó de nuestros Pastores en este sentido. ¿Cómo entonces lamentarse de los triunfos del lobby homosexual si aquellos que deberían ser los primeros a señalar que ahí se esconde la destrucción de la familia y de la propia naturaleza humana, se callan?

No nos extrañemos entonces que después de haber “dos madres” para un niño, haya también “dos padres” para otro niño, y que para satisfacer al capricho de esos “padres” se alquile el vientre de una mujer pobre.

Comenzará entonces la comercialización del cuerpo humano, la desnaturalización de la filiación, el uso de las técnicas de reproducción asistida, la maternidad subrogada y, en definitiva, la supresión de la verdad biológica, o sea de la naturaleza humana conforme Dios la creó.

Es eso lo que está detrás de esta noticia de “dos madres” que se inscriben como tales en el Registro Civil.

Fallo del Tribunal Constitucional

En sentido opuesto, el Tribunal Constitucional denegó el requerimiento de otras dos lesbianas que se decían discriminadas porque su unión contraída en España no era reconocida en Chile. El Tribunal falló negando a las demandantes su pretensión, estableciendo que: “el estatuto constitucional reconoce a la familia como unión que hombre y mujer ligados en matrimonio forman con sus hijos; que la existencia de diversas configuraciones familiares no permite alterar el significado del precepto constitucional; que aunque el matrimonio no tenga consagración constitucional, existe un orden público familiar basado en el matrimonio y este es entre un hombre y una mujer.”

Al menos pareciera que en el Tribunal Constitucional aún queda sentido común, ¿será por eso que quieren acabar con él?

Dos actitudes bien diferentes, el silencio Episcopal y el fallo del Tribunal Constitucional.

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3 Comments
  1. Macarena says

    Cuál es el problema? Sinceramente me alegro de que ese pequeño tenga dos personas que estén dispuestas a luchar por ser sus cuidadores, incluso contra gente prejuiciosa. Tendrá dos mamás que lo aman de verdad, y es lo que importa. Preocúpense de los niños que tienen “papá y mamá” drogadictos, maltratadores, que no quieren a sus pequeños….

  2. Julio Basoalto Vergara says

    Mientras no se reforme desde sus raíces el Poder Judicial actual, que perdió su objetividad y está dominado políticamente por ideologías progresistas de la izquierda, que nada tiene que ver con la obligación a la neutralidad y el apego a las leyes, no tendremos el Estado de Derecho en Chile.

  3. Verónica Correa says

    Totalmente de acuerdo con su reflexión a propósito del fallo de una jueza a favor de inscribir a un niño con 2 madres y sin un padre. Se hace muy difícil asimilar una razón sin verdad, que afirma como un bien para un niño, el permanecer y desarrollarse bajo el cuidado de personas que viven en un ambiente que distorsiona y quiebra la ley natural, que siempre ha estado orientada al bien, como es la de aspirar a que los hijos logren el goce de pertenecer a una familia con un orden moral establecido que existe desde que el mundo es mundo. Que nuestra ley apruebe algo que sin duda el sentido común de una mayoría de nuestra sociedad lo desaprueba, como lo es un matrimonio entre personas de un mismo sexo, y que una irreverente minoría tan livianamente trate de imponer y legitimar disfrazando esto como bueno y verdadero, es intolerable. Defender la ley natural de Dios, es una obligación moral en primer lugar de nuestra Iglesia Católica, como también de los medios y de todos los hombres de buena voluntad orientados al bien y la verdad, para no llevar a los seres humanos a una degeneración así inminente.

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