Diálogos e Intendentes; la CAM y Dominga.

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Seguramente que Ud., al igual que todos los chilenos, se sorprendió con las declaraciones del Intendente de la Araucanía, José Miguel Hernández, en respuesta al atentado con resultado de 17 camiones quemados en una sola noche, el mayor ocurrido contra camiones desde 1997.

En efecto, la autoridad regional declaró que ofrecía un diálogo “sin condiciones” a la CAM, entidad que se jactó del el crimen: “Estoy disponible a ir, para conversar, porque la violencia solo trae violencia (…) En el proceso de diálogo, mi objetivo es que la vía violenta sea descartada”.

Sectores productivos de la zona consideraron, con razón, que las declaraciones formuladas por el representante del Ejecutivo en la IX región “son un portazo” al comprensible petitorio entregado por ellos en Temuco.

Por su parte, el presidente de la Confederación Nacional de Transporte de Carga (CNTC), Sergio Pérez, señaló que la presencia del Ministro del Interior, Mario Fernández, ya no era necesaria en la zona.

“Estimado ministro Fernández, ya no es necesaria para nosotros su presencia, pero puede venir a pasear cuando quiera”, manifestó el dirigente: Al mismo tiempo, el representante de los afectados, no descartó iniciar, junto a los demás gremios productivos, una movilización nacional.

Estas reacciones indignadas, por parte de las víctimas, a la propuesta de “diálogo sin condiciones”, tienen una razón de ser muy fácil de entender. No existen los diálogos “sin condiciones”. Además, cuando se dan, habitualmente conducen a una claudicación.

 

En efecto, nada es más evidente que para entablar un “diálogo” se necesita, como condición previa indispensable, que ambas partes deseen “dialogar”. De lo contrario se llama “monólogo” o “diálogo de sordos”, y éstos son completamente inconsecuentes.

Ahora, ¿se puede honestamente esperar que exista intención de “diálogo” por parte de un grupo que ejecuta la violencia por sistema, y que acaba de quemar 17 camiones en una noche?

Obviamente no, pues violencia y diálogo son actitudes diametralmente opuestas.

Sin embargo, hay algo peor. Ofrecerle “diálogo” a quienes acaban de perpetrar un acto criminal, es un modo de señalar que ese acto no fue criminal, o que no tuvo la gravedad necesaria para cortar las relaciones de entendimiento.

Resulta preocupante que el encargado de velar por el orden público de una Región convulsionada por atentados permanentes, considere, después de protagonizado uno de los más graves, que sus autores –al menos ideológicos- no representan un peligro para la sociedad.

Al formular estas declaraciones, el Intendente se adjudicó un papel de juez que no le corresponde, y emitió un veredicto de inocencia que es injusto por ser contrario a la realidad.

Para justificar su posición, el Intendente afirmó que: “La paz solo se puede construir a través del diálogo”.

En sentido opuesto a esta sentencia del Intendente, el Profeta Isaías enseñó que: “el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.”

Por lo tanto, al impedir que la justicia actúe de modo equitativo para todas las parte, lo que esta política gubernamental asegura es la intranquilidad e inseguridad “para siempre”.

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En los mismos días, en sentido enteramente opuesto, procedió el intendente de la IV Región delante del proyecto de inversión minera en la zona, conocido como Dominga.

Como es de público conocimiento, el Intendente de la Región de Coquimbo, Claudio Ibáñez, decidió con su voto, el rechazo del proyecto minero-portuario Dominga, alegando “la afectación a recursos naturales” y el “derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación, la protección del medio ambiente, la preservación de la naturaleza y la conservación del patrimonio ambiental”, entre los cuales se encuentran “decenas de especies desde chungungos, pingüinos, delfines y hasta ballenas, que son patrimonio de la humanidad (…) que todos deberíamos proteger”.

Resulta, al menos, igualmente sorprendente que el Intendente de una Región que se encuentra entre las más afectadas por el desempleo y la falta de inversiones, les dé un portazo, sin ningún tipo de “diálogo”, a quienes pretendían realizar una inversión de US$2.500 millones, permitiendo la ocupación de 9.800 personas.

¿Cómo explicar ambas posiciones, el “diálogo sin condiciones” con los de la CAM y el “portazo” a los inversionistas?

Es que para la NM, el movimiento indigenista, es digno de consideración, pues, según su visión, el sector ha sido explotado y, sobre todo, su forma de vivir es comunitaria y sin propiedad privada. Mientras que los “inversionistas”, mueven grandes capitales y buscan la ganancia.

Supremo mal para un gobierno que decretó, como leyes refundacionales, el fin del lucro individual, la omnipresencia del Estado y la protección de todas las especies, -también ellas consideradas “explotadas” por el hombre- menos para los seres humanos que están por nacer.

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