Desconcertante impunidad eclesiástico-política a la violencia mapuche

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La semana pasada terminó mal para la mantención del estado de derecho en Chile.

En efecto, después de unos días de huelga de hambre y de toma de la Catedral de Concepción, las autoridades religiosas y políticas “dieron el brazo a torcer”.

El Sr. Arzobispo, Monseñor Fernando Chomalí, declaró inmediatamente después de la toma de la Catedral de su arquidiócesis: “Creo que el pueblo mapuche necesita más reconocimiento constitucional, necesita que se le respete más su cultura, hay un tema de tierras no resuelto y creo que llegó el momento de abordarlo con mayor seriedad”.

Es decir, en vez de protestar por la grave ofensa a la dignidad del Templo Catedral, en donde se encuentra la presencia de Dios bajo las especies eucarísticas, el principal custodio de ese templo y de la dignidad de su Divino huesped, sólo se manifestó para hacer eco de las reivindicaciones más extremas de los invasores.

Procediendo así, no sólo descuidó gravemente su cargo en la Arquidiócesis, sino que abonó el discurso de los grupos terroristas, que atentan contra la integridad nacional. Procediendo así, el Arzobispo concedió a los invasores de su Catedral, un reconocimiento de la legitimidad de su “causa”.

Para los invasores de la Catedral esta actitud no podría haber sido más favorable. Prueba de ello es que los invasores se mantuvieron, por casi dos semanas, dentro de la iglesia, mientras quien debería defender a la víctima reclamaba a favor del victimario.

Su actitud, hizo recordar la del Cardenal Silva Henríquez cuando, hace medio siglo atrás, la “Iglesia Joven” se tomó la catedral de Santiago. La omisión cardenalicia de entonces, animó la formación de los llamados “cristianos para el socialismo”, de lamentable memoria y peores consecuencias.

Coincidiendo con esa misma actitud proclive a la impunidad de los violentistas, el Gobierno, por su parte, terminó quitando la acusación por atentado terrorista, cediendo frente a las presiones de los detenidos.  

***

Hasta aquí los hechos. Corresponde ahora formular una pregunta. Estas actitudes de las autoridades eclesiástica y civil, ¿contribuyen a la pacificación de la Araucanía?

Obviamente que no.

Cuando se tiene por un lado a un agresor que no repara en medios para producir el terror, y, por otro lado, autoridades religiosas y civiles omisas, los agresores tienen el campo libre para continuar sus fechorías.

Así es precisamente que crecen los tumores malignos. Cuando el organismo social, en especial aquellos que son más responsables del bien común, cruzan sus brazos ante los virus que lo amenaza en su integridad, naturalmente éstos no se detienen sino con el fin de la vida de la víctima.

Fue de este modo que crecieron las FARC en Colombia, los Montoneros en Argentina, los Tupamaros en Uruguay, Sendero Luminoso en Perú, etc., etc.

¿Nos espera un futuro igualmente trágico?

Hacemos votos para que esto no suceda en Chile. Sin embargo, no podemos dejar de manifestar nuestra perplejidad y aprensión cuando vemos estas inexplicables omisiones.

La última pregunta que se impone es, ¿qué hacer delante de los hechos aquí comentados?

Dado que están concernidas dos tipos de autoridad –religiosa y política- la actitud a tomar difiere de acuerdo a la propia naturaleza de cada una de ellas.

Con relación a la autoridad eclesiástica, corresponde que los fieles católicos de la Arquidiócesis de Concepción manifiesten a Monseñor Chomalí, con todo el respeto y la firmeza que las circunstancias ameritan, que su actitud de omisión produjo desconcierto a los católicos. Al final, la iglesia somos todos los bautizados, y como tales,  a todos nos corresponde su cuidado.

Con relación a la autoridad pública, no existe otra solución que cambiar de gobernantes. Éstos ya han dado suficientes muestras de parcialidad a favor de los agresores del estado de derecho para que podamos alimentar la mínima esperanza en que vayan a enmendar la plana.

Tendremos la oportunidad y el deber de hacerlo en las próximas elecciones.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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